ILHAN BERK
(n. 1918, Manisa – Turquía)
El gran poeta turco Ilhan Berk recorrió muchos caminos poéticos, sin importarle encontrar sus versos en todas las escuelas e ismos que cabían en la lengua turca. Para él se trata de “escribir con el sentido primero de las palabras, es decir, con su infancia: con palabras fugitivas, pícaras, ociosas, rebeldes. Y con la juventud de las palabras viejas … Esto es la sabiduría de la poesía”. Las viejas palabras de los marineros recorriendo su juventud marina, de naufragios y cormoranes avisadores de la muerte, nos lega la sabiduría de los pueblos que -como el de aquí, en Galicia- se asoma ocioso en todos los muelles y abarca en su mirada cada día la mar.
VIEJOS MARINEROS
Con la mañana
vienen a ponerse en su sitio cada día,
miran el agua.
Sus voces son casi voces de otro mundo:
-Recuerdas,
el barco hacía agua.
Tantas veces con el timón habíamos rozado
la muerte y regresado.
El mar se tragó un cormorán
que había chocado con la popa,
a ese cormorán no lo olvidaré nunca.
Mi entierro entró en mi mirada,
yo cruzaba el mercado
a hombros de mis compañeros.
– Oigo a Atesoglu decir aún:
-”¡Nos vamos a pique!”
Así hablan todo el día,
un cigarrillo apagado entre los dedos.
Miran el agua.
El agua muerta.
En el espejo de la tasca, va y viene
un cielo que habían visto
en otra parte.
MURALLAS
Sois de estirpe real
Yo nada sé de imperios.
Un día nos daremos cuenta de que estamos en los bazares
En los bazares Constantino VI,
la mano de San León, las sandalias de Cristo
esa cara suya de no sé qué en los bazares
Delante de las casas el obelisco godo,
los soles del Monasterio de Balikli delante de las casas
Estambul no había caído
aún se freía muy buen pescado
No había modo de que Estambul cayera.
Retiramos de la circulación todas las monedas
acuñadas con nuestro nombre
no acuñamos monedas nunca más
No aceptamos ni los medallones de Beato Majano
ni los de Paolo Bellini, los rechazamos todos
No necesitamos para nada las murallas nadie las necesita
Miren eso sí que es cierto nadie necesita una cosa así
Vuestros antepasados no se quedaron cortos
a la hora de levantar murallas
No bastaba nuestra infelicidad.
Estambul no volverá a verme nunca más.