VII Época - 28

FRANCISCO DE QUEVEDO

(n. 1580, Madrid -m. 1645, Villanueva de los Infantes)

D. Francisco de Quevedo y Villegas fue un extraordinario poeta castellano que logró cristalizar en poemas de enorme rigor y profundidad filosófica, el pesimismo de una sociedad agonizante: la que, a bandazos de crueldad y melancolía regias, sostenía la triste realidad de las Españas del siglo XVII. A menudo, expresó ese radical pesimismo en sátiras mordaces que describían la corrupción reinante, en versos y sentencias que dolían como latigazos a toda la caterva de sometidos al poderoso caballero, Don Dinero. Basten como ilustración estos sonetos, el primero dedicado a un Juez que nunca -ni en aquella época ni en esta- fue simple ficción literaria.

 

  A UN JUEZ MERCADERÍA

Las leyes con que juzgas, ¡Oh Batino!,

menos bien las estudias que las vendes;

lo que te compran solamente entiendes;

más que Jasón te agrada el Vellocino.

 

El humano derecho y el divino,

cuando los interpretas, los ofendes,

y al compás que la encoges o la extiendes,

tu mano para el fallo se previno.

 

No sabes escuchar ruegos baratos,

y sólo quien te da te quita dudas;

no te gobiernan textos, sino tratos.

 

Pues que de intento y de interés no mudas,

o lávate las manos con Pilatos,
o, con la bolsa, ahórcate con Judas.

 

[ESTROFAS] DE LA ELEGÍA SATÍRICA Y CENSORIA DE LAS COSTUMBRES PRESENTES

No he de callar por más que con el dedo, 
ya tocando la boca o ya la frente, 
silencio avises o amenaces miedo.

¿No ha de haber un espíritu valiente? 
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? 
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

Hoy, sin miedo que, libre, escandalice, 
puede hablar el ingenio, asegurado 
de que mayor poder le atemorice.

En otros siglos pudo ser pecado 
severo estudio y la verdad desnuda, 
y romper el silencio el bien hablado.

Pues sepa quien lo niega, y quien lo duda, 
que es lengua la verdad de dios severo, 
y la lengua de dios nunca fue muda.

….

Y aquella libertad esclarecida, 
que en donde supo hallar honrada muerte, 
nunca quiso tener más larga vida.

Nadie contaba cuánta edad vivía, 
sino de qué manera: ni aun una hora 
lograba sin afán su valentía.

 

Recogemos este soneto y las estrofas de la elegía satírica en el libro: Francisco de Quevedo: Poesía Original Completa, publicado por la editorial Planeta en Barcelona (1981) en edición de José Manuel Blecua, también autor de la introducción y notas que acompañan los textos.

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