Editorial

Los gobiernos español y europeo, ¡en nuestro nombre!, organizan esta cruel realidad de la Frontera sur de Europa. Lo hacen, consciente y libremente, atendiendo no al interés de las sociedades que aseguran representar, sino a los intereses del capitalismo al que sirven, necesitado tanto del expolio in situ de los recursos naturales de África como de la apropiación del esfuerzo, la angustia y el trabajo de sus gentes.

Sólo el año pasado, el colectivo humanitario Caminando Fronteras dio cuenta de haberse producido al menos 2.170 muertes de migrantes en las rutas marítimas de África hacia España.

Y este nuevo año comienza bajo el mismo signo cruel. Entre el 1 y el 15 de enero, ya habrían perecido ante las costas españolas o llegado muertos por ahogamiento no menos de nueve inmigrantes, incluido un niño de corta edad, al que su madre, enloquecida de dolor, hubo de arrojar por la borda ya cadáver.

3 de enero – El colectivo humanitario Caminando Fronteras hace público el resultado de su estudio, tras haber contrastado las cifras (falsas u opacas) que oficialmente se ofrecen con las informaciones desde los puertos y poblados pesqueros de origen y los datos fehacientes aportados por los propios supervivientes. En 2020 se han producido no menos de 2.170 muertes de migrantes en las rutas hacia España, lo que significa un aumento de las víctimas en frontera de casi un 150 % respecto al año pasado. La ruta canaria es la más mortífera pues acumula el 85% de los fallecidos, en 45 naufragios de embarcaciones salidas desde países como Marruecos, Senegal, Gambia o Mauritania.

Los datos, afirma Caminando sin Fronteras, serán peores con total seguridad, pues la ruta desde África Occidental a las islas Canarias es muy larga y azarosa para las débiles y envejecidas embarcaciones que intentan seguirla. Por ello se contabilizan un gran número de barcas y lanchas desaparecidas en pleno océano, de modo que ese trayecto presenta una tasa de mortalidad del 32,1 %. Es decir, que «tres de cada diez personas que cruza la ruta atlántica muere».

La ruta desde Argelia —con destino Baleares, Murcia y Cartagena— también ha aumentado su flujo considerablemente este año. Y con el alza de salidas, también ha crecido el número de tragedias, con 23 naufragios que se han llevado 231 vidas. La mayoría de rescates en esta ruta no son realizados por Salvamento Marítimo, sino que se trata de interceptaciones de la Guardia Civil, que «aplica un protocolo más de control migratorio que de salvaguarda de la vida en el mar». Las rutas del Estrecho de Gibraltar y el Mar de Alborán ha registrado al menos siete naufragios, con 62 muertos.

5 de enero – Cuatro hombres han fallecido en un cayuco que ha llegado esta madrugada a la playa del Cabezo, en El Médano (al sur de Tenerife). En la embarcación viajaban 47 personas de origen subsahariano. El cayuco alcanzó la costa con tres cadáveres a bordo y 44 supervivientes, uno de los cuales murió en la misma playa mientras los equipos médicos trataban de reanimarlo. El aviso de la tragedia llegó a través de algunas personas que pernoctaban en esa zona de la costa y habían oído los gritos de ayuda de los migrantes.

11 de enero – Hallan el cadáver de un joven migrante marroquí, de entre 20 y 30 años, en la playa del Chorrillo, en la bahía sur de la ciudad de Ceuta. Llevaba puesto un traje de neopreno, por lo que, supuestamente intentó entrar en la ciudad a nado desde el vecino país marroquí y que falleció por ahogamiento.

16 de enero – Mientras su madre permanece en silencio, incapaz de articular palabra en medio de un llanto interminable, una niña de 12 años, procedente de Guinea Conakri, relata a la Cruz Roja que su hermano de nueve no pudo aguantar la travesía de cinco días por el Atlántico, con la barca a la deriva. Su cadáver hubo de ser arrojado al agua pocas horas antes de llegar la nave que los transportaba a la costa canaria. Un avión de Salvamento los avistó cuando estaban a la deriva a unos 160 kilómetros de Las Palmas de Gran Canaria. Al desembarcar, el equipo de auxilio se encontró con una niña agarrada a una mujer que, víctima de una crisis de ansiedad tremenda, lloraba incansable. Era la madre del niñito que había fallecido y su cadáver arrojado al mar.

16 de enero – Este sábado pasado, 16 de enero, mas de 175 personas, la mayoría procedente de Senegal, comenzaban una huelga de hambre para protestar por su retención en Tenerife.  Algunos llevan tres meses en el hotel Tenerife Ving, una solución que las autoridades españolas les habían dicho que era provisoria para darles alojamiento tras su llegada en patera a la isla. Pero las semanas pasan, y aunque muchos tengan sus pasaportes se les impide llegar a la península. Cuando salen a la calle se enfrentan a la posibilidad de ser detenidos, acabar en un CIE y ser deportados. Por todas estas razones, en la mañana del 16 de enero iniciaron una huelga de hambre indefinida. “Aquí nos dan comida, podemos dormir. Las trabajadoras de la Cruz Roja nos tratan bien. No somos animales para estar comiendo y durmiendo, somos seres humanos, queremos trabajar, queremos ser libres para tener una vida mejor”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *