Editorial

Ni el mar ni el viento ni la tierra son homicidas, como si lo son las fronteras, las leyes de extranjería, los quiebros y acuerdos entre gobiernos, el hambre, la guerra y el saqueo por las potencias económicas del mundo -entre ellas, los países de la Unión Europea- de vastas regiones de África. Como ilustra la crónica de este editorial, solo en este mes de abril, cientos de personas africanas migrantes murieron cuando intentaban llegar en fágiles embarcaciones a las costas españolas de Canarias o el Levante.

Entre tanto, el presidente español, Pedro Sánchez, acudía a Senegal el pasado 9 de abril, para pactar con el presidente de aquel país, la “recuperación de los vuelos de repatriación forzada desde España” de senegaleses que, habiendo logrado sobrevivir a la travesía en condiciones dramáticas, han podido llegar irregularmente a España. De la conversación y el pacto, claro está, quedaban excluidas palabras tales como: Derecho de asilo y refugio para los oprimidos y humillados de la tierra, solidaridad con las víctimas del saqueo por los poderosos de sus bienes y raíces … respeto y solidaridad.

A continuación, la crónica de este infortunio provocado en los últimos 15 días.

27 marzo: Una patera en la que viajaban 14 migrantes y que volcó el pasado 27 de marzo frente a la playa de Percheles, en Mazarrón (Murcia), fue atendida ese día por Salvamento Marítimo, logrando rescatar a tres supervivientes y recuperar los cuerpos de otras dos personas. En los días siguientes fueron encontrándose los cadáveres de más náufragos -unos flotando sobre el mar y otros arrojados por las corrientes y la marea a las playas- pero ninguna otra persona con vida, por lo que se sospecha con todo fundamento que en este naufragio han muerto, al menos, 11 personas.

4 abril: El mar arroja a una playa de Ceuta, fronteriza con Marruecos, el cuerpo sin vida de un migrante marroquí. Las circunstancias del hallazgo del cadáver, hacen sospechar que falleció mientras intentaba alcanzar la costa española a nado.

6 abril: Aparece el cadáver de una mujer africana con salvavidas flotando en el océano al sur de Fuerteventura. Todo indica que era una migrante que iba a bordo de una balsa neumática que salió de Tarfaya con 50 personas, de la que no hay noticias desde el 24 de marzo, cuando sus ocupantes pidieron auxilio por teléfono porque se hundían. Dadas como desaparecidas por las autoridades españolas, se tiene la casi total certidumbre que todas ellas han muerto tras el naufragio.

7 abril: Este día, el cadáver de un varón joven fue arrastrado por la corriente marítima a la playa de la ciudad de Melilla. El joven fue identificado como M.S., que, con anterioridad, había logrado llegar a España desde Marruecos siendo menor, pasó nueve meses tutelado y acogido en el centro de menores de La Purísima, desde donde había sido expulsado al cumplir los 18 años y devuelto a Marruecos el pasado mes de junio. Llevaba meses intentando llegar a la Península, incluso como polizón en un ferri. Se trata del séptimo emigrante ahogado que aparece en Melilla en apenas mes y medio.

9 abril: Se da a conocer que nueve personas integrantes de la patera que había arribado a Arneguín (Gran Canaria) el pasado 16 de marzo, habían muerto de deshidratación. El drama vivido por los tripulantes durante la travesía, acumula si cabe todos los horrores de esta situación. Varios testigos afirman que uno de los patrones, inquieto por el llanto de un bebé, le cubrió la cabeza con un cubo y, cuando dejaron de oírse los gemidos, lo arrancó de los brazos de la madre -aún vivo, según el testimonio de la mujer- para arrojarlo por la borda. Cuando la patera arribó a Arneguín, los responsables sanitarios destacaron el alto grado de deshidratación y agotamiento que presentaban los migrantes para una travesía de cuatro días, una duración supuestamente “normal” para un viaje marítimo desde el Sahara Occidental, a 450 kilómetros. También les llamó la atención que varios niños relataran que algunas personas habían muerto a bordo de la patera y habían sido arrojadas al mar, algo que no mencionó ningún adulto. En cualquier caso, los supervivientes sí relataron que el agua y la comida se les terminaron al tercer día de travesía y muchos comenzaron a beber agua del mar. Las penurias venían de antes: el grupo había sido llevado días atrás por los responsables del flete a un punto de la costa africana donde los tuvieron escondidos cerca de una semana antes de embarcar en el cayuco, sin apenas agua o alimentos. Al menos dos personas se suicidaron saltando al océano, desesperadas. 

11 abril: Salvamento Marítimo avistó e interceptó este domingo a unos 220 kilómetros al sur de la isla canaria de El Hierro a un cayuco en el que viajaban en el momento de la interceptación 23 varones subsaharianos y en el que permanecían cuatro cadáveres. Los sobrevivientes estaban desfallecidos y apenas se movían en el momento del rescate. Por el momento se desconoce el número de migrantes que comenzaron el viaje. Los cuatro migrantes fallecidos este domingo elevan a 47 el recuento de víctimas de la Ruta Canaria desde que comenzó 2021, a los que habría que sumar las 50 personas dadas por desaparecidas tras el naufragio de la balsa procedente de la ciudad marroquí de Tarfaya.

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