Editorial

A medio bombo y un cuarto de platillo la fanfarria político-mediática de este país acaba de anunciar que el pasado 8 de abril, el Congreso de los Diputados español ha aprobado, por abrumadora mayoría contando con la abstención del PP, la Ley del Cambio Climático y Transición Energética. Unos partidos la han votado con la boca grande (“Con esta ley caminamos a paso firme para resolver la amenaza que se cierne sobre el planeta y sus habitantes”), otros con la boca pequeña (“Con esta Ley caminamos a paso lento pero en la buena dirección para evitar el desastre a corto plazo anunciado”).

Y así todos hablan y hablan, del mismo modo que tanto unos como otros callan, sobre la verdadera naturaleza de la Ley que acaban de aprobar.

Ya pocas personas ignoran lo que pasa, por más que ese saber todavía no se vertebre en una movilización consciente y acción directa local e internacional: están el planeta, la naturaleza y los seres que la habitamos en inminente peligro, a consecuencia de la emisión por la industria de cantidades ingentes de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático y el calentamiento de la biosfera.

Ante esta evidencia, la CGT de Pontevedra se preguntaba el año pasado (La Campana, VI Época, nº 13):

“¿Quiénes son los responsables de esta situación? ¿Cómo podremos atajarla primero y, enseguida, revertirla, pues la magnitud del desastre es de tal envergadura que ambas intervenciones son ya inaplazables?”.

La respuesta a la primera de estas preguntas es clara y palmaria, pues la responsabilidad del cambio climático y, en consecuencia, del inmenso daño que ya se está infringiendo sobre la biosfera y la totalidad de los seres vivos, “recae directamente en la actividad industrial y productiva, tal y como está diseñada y ejecutada a la par y en mutuo acuerdo por el régimen capitalista y las organizaciones políticas nacionales (los Estados) y supranacionales (ONU, G7, G8, Unión Europea, etc) es, en términos planetarios, suicida.”.

Todo muestra que ese deliberado acuerdo entre los entramados políticos estatales (y supranacionales) que ejercen la ‘gobernanza’ mundial y las grandes corporaciones capitalistas, se materializa y formaliza en cada ámbito, en Leyes del Cambio Climático, similares a la que el Estado español acaba de aprobar en este mes de abril a iniciativa del gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos, pero con el apoyo, no gratuito claro está, de prácticamente todo el arco parlamentario.

La aprobación de este tipo de Leyes del Cambio Climático -no destinadas a preservar la biosfera, sino a salvaguardar el mismo orden social y económico que provoca las dificultades que sobrevendrán- ya tiene larga historia en varios países (p.ej, Reino Unido, en 2008), por supuesto, con el fracaso palmario de su objetivo retórico: intentar reducir la emisión de gases de efecto invernadero en proporciones eficaces.

De hecho, en el mismo día en que comenzaba en el Congreso español el ‘debate’ sobre la Ley de Cambio climático, se dio a conocer el dato obtenido apenas cuatro días antes por el Observatorio de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EE UU en Mauna Loa (Hawai). Los responsables científicos de este Centro, confirmaron que la concentración en la atmósfera del gas de efecto invernadero, CO2 ha marcado un nuevo récord histórico: 421,21 partes por millón (ppm).

Para intuir lo que esta cifra significa, baste señalar que hasta finales del siglo XX, en los últimos 800.000 años, nunca se habían sobrepasado las 300 ppm y que el consenso científico internacional desde 2007 señala que “por encima de 350 ppm el planeta habría superado el ‘límite de seguridad’ para que no tenga lugar un punto de inflexión, con el resultado de un equilibrio climático azaroso, impredecible y diferente” al que venimos disfrutando el conjunto de los seres vivos y la humanidad desde hace miles de años.

¿Qué respuesta cabe dar por la clase trabajadora y el movimiento sindical, frente al ilusionismo retórico de la clase política y la evidencia de su pacto con los grandes consorcios del capitalismo mundial, responsables de la permanente agresión al medio ambiente y la devastación planetaria? En este sentido, la CGT de Pontevedra ha venido redactando una guía y una tabla reivindicativa para la acción sindical, que ya ha sido expuesta en otros editoriales y páginas de su portavoz: La Campana.

En esa guía, destaca su punto primero: “Combatir, mediante la desobediencia civil, el boicot y la conciencia pública, el régimen económico-político del capitalismo y el autoritarismo estatal, verdaderos cánceres que minan y destruyen el cuerpo social y nos abocan al desastre planetario actual. Todo ello en aras de una sociedad justa, en la que la riqueza socialmente producida sea colectiva y universalmente disfrutada”.

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