VII Época - 16

Editorial

Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.

Rafael Amor

En las homicidas fronteras de los estados, la Ley de la desigualdad económica y la opresión social, mata a centenares de personas cada día. Recientemente (noviembre 2023) un nuevo Informe de Médicos SinFronteras alertaba de las “prácticas fronterizas violentas” y la “inacción deliberada” de países europeos, como España, donde este año han muerto unas 2200 personas, la cifra más alta desde 2017. “En menos de una década, el mar del Mediterráneo central se tragó a más de 28.000” de estos desafortunados migrantes.

En la frontera entre España y Marruecos, el pasado 29 de noviembre, cuatro migrantes de origen marroquí han muerto tras ser obligados a arrojarse al mar desde una embarcación frente a las costas de Cádiz, entre San Fernando y Chiclana. Fueron otros tantos asesinatos, que sumar a las decenas, a los cientos, que se llevan ejecutado en la misma zona a lo largo de este año y los anteriores.

“Se suele decir que mueren, aunque en realidad muchas veces se les deja morir” de un modo u otro, señala el Informe de Médicos SinFronteras. “Otras, lo que debiera ser un rescate seguro se convierte en la devolución del punto de partida, a condiciones de violencia descarnada”, lo que no ignoran los que se decidan intentar pese a todo ese salto. Lo que verdaderamente ocurre es que el hambre, la enfermedad, la miseria o las guerras que los poderosos empresarios y gobernantes occidentales llevaron, por ejemplo, a África, valiéndose de sus agentes locales (gobiernos y castas poderosos de cada país), expulsa a sus desesperados habitantes hacia los lugares en que se hallan acumuladas las riquezas que les están robando.

Pero no son los toponímicos – Europa, España, África …- los meros responsables de esta estadística criminal, pues en ellos cabe tanto el explotador como el explotado, el opresor como el oprimido, el verdugo como la víctima.  Allí donde el dinero y el poder entran en juego, este resultará siempre macabro para las sociedades que lo sufren, sobre las que no tardarán en hacerse patentes el infortunio y la violencia más extremas. Por ello, tanto el régimen capitalista (en la que el dinero y la codicia de plusvalía son Ley y Rey) como el régimen autoritario-estatal (bajo el que imperan el privilegio y la opresión), cada uno por si mismo o ambos abrazados, están condenados a ser desafiados y, finalmente, con toda certeza, abolidos, por más que no sepamos cuándo ni cómo esto sucederá.

Tan cierto es esto, como el hecho de que la desigualdad, el poder del dinero, la explotación laboral y social, los muros fronterizos y sus hijuelos, el racismo y la xenofobia, el militarismo y la guerra, o la agresión contaminante del hábitat planetario por la codicia capitalista, etc, engendran con sus acciones y entre sus víctimas a los rebeldes y revolucionarios que han de combatirlos.

Los sucesos de este 29 de noviembre, ilustran con claridad, la naturaleza de esta frontera homicida, al tiempo que señala la responsabilidad de sus autores inmediatos (los pilotos de la embarcación) y mediatos (las políticas españolas y europeas en relación a la inmigración, fríamente ejecutados por sus gobiernos respectivos)

Ese día, en medio de un temporal de lluvia y viento, que no impedía la visibilidad de la dramática escena que se iba a producir, navegaba en las inmediaciones de la playa de Camposoto, en la localidad gaditana de San Fernando, una embarcación semirrígida, del tipo utilizado habitualmente por las contrabandistas narcotraficantes de la zona, con tres potentes motores fuera-borda. Llevaba 35 personas a bordo, todos ellos varones de origen marroquí, en su mayoría jóvenes de en torno a los 18 años, que habían pagado hasta 5.000 euros por el viaje. La narcolancha estaba pilotada y dirigida por tres hombres y una mujer “que era la que mandaba”, “dos de ellos árabes y otros dos españoles”, según los testigos.

Una vez en ese lugar, en una primera tanda, los tripulantes obligaron a 27 de sus ocupantes a arrojarse al mar, amenazándoles de muerte a bordo, a cuchillo o a tiros. 23 de los náufragos han podido ser rescatados con vida, pero cuatro de ellos han resultado muertos, al no resistir el oleaje y las fuertes corrientes de la zona, que los empujaba mar-afuera. A continuación, la embarcación continuó navegando en ruta hacia el caño de Sancti Petri. En ese segundo viaje, los tripulantes obligaron a arrojarse al mar a otros ocho ocupantes, que posteriormente fueron rescatados, auxiliados por los vecinos del lugar, testigos atónitos de los hechos.

Posteriormente, los pilotos de la nave pudieron huir a gran velocidad mar adentro, gracias a la potencia de sus tres motores fuera borda y al descuido en la zona de los medios institucionales de salvamento y auxilio.

Contra esta realidad, solo nos cabe en La Campana y desde nuestras organizaciones anarcosindicalistas, desafiarla y combatirla. Por más que cada naufragio, cada confinamiento en un CIE, cada deportación y fraude de la esperanza representen otras tantas dramáticas batallas perdidas. La movilización sindical y social solidaria es tan urgente como desesperada la condición de los inmigrantes a los pies o bajo los muros de Europa.

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