VII Época - 23

Editorial

Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.

Rafael Amor

Ante la magnitud de la infamia y el impulso ofrecido por democracias occidentales al genocidio del pueblo palestino y limpieza étnica perpetrados por Israel, ya no basta -aunque siga siendo necesario, con mayor intensidad si cabe- con manifestar nuestra solidaridad con el pueblo palestino y clamar contra su sufrimiento. Es también necesario y urgente usar todos los medios e instrumentos de que dispongamos la sociedad civil y el movimiento social para, en la medida de lo posible, articular organizativamente la solidaridad internacional.

Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Italia, Países Bajos, Finlandia, Suiza, Canadá y Australia -la hez más poderosa del capitalismo democrático mundial-, en una decisión cruel, despiadada y basada en insultantes mentiras, han resuelto “retirar su aportación a la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos” (UNRWA, por sus siglas en inglés).

De la UNRWA, depende ahora mismo la subsistencia de dos millones y medio de palestinos de Gaza, así como el reconocimiento internacional de más de seis millones de refugiados palestinos, dispersos por todos los países de Oriente Medio tras ser expulsados por el ejército y los colonos de Israel de sus aldeas, pueblos y ciudades originarias, pero que, según la legislación internacional, mantienen el derecho al retorno de los hogares en la Palestina histórica.

Este es y no otro el motivo real y los objetivos que están detrás de la criminal decisión de los gobiernos y administraciones políticas citadas: condenar en lo inmediato a la hambruna y a muerte a dos millones y medio de personas indefensas en Gaza y, en lo mediato, borrar del mapa a más de seis millones de refugiados palestinos, condenándolos a no ser nadie en cualquier parte, sin hogar, ni tierras, ni esperanza alguna, muertos en vida, sin el derecho al retorno reconocido en la Carta magna de la ONU, ya convertida en papel de deshecho.

La excusa elegida por estos Estados democráticos para aparentar la ‘justificación’ de tan oprobiosa decisión debiera llenar de vergüenza al mundo entero, si es que todavía cabe vergüenza alguna en alguna parte.

En la misma semana en que se producía el ambiguo pronunciamiento de la Corte Internacional de Justicia, también dependiente de la ONU, “considerando plausible que Israel estuviese cometiendo un genocidio”, aunque no imponiendo la medida cautelar reclamada del cese de la matanza, el ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, acusó -sin prueba alguna y ningún asomo de veracidad- a una docena de trabajadores de la UNRWA de haber participado en la ruptura del cerco de Gaza por un grupo armado de Hamás el pasado 7 de octubre. Por supuesto, el gobierno israelí no informó de ninguna acción concreta que estas personas pudieran haber cometido, aunque bastó la acusación, para que la propia ONU y la UNRWA, abriesen una investigación -aún sin concluir, por falta de pruebas- y cesasen de inmediato a los doce acusados (de los más de 17.000 empleados que tiene la ONU en Palestina).

Pese a las declaraciones del propio Secretario general de la ONU, Antonio Guterres, y del responsable de la UNRWA, Tom White, los países citados, en brevísimas horas, primero Estados Unidos, y enseguida los ocho sicarios, usaron el ‘pretexto’ para suspender las aportaciones dinerarias que venían realizando hasta hoy y, con ello, intentar asfixiar a la UNRWA en un momento crucial, cuando más de dos millones de personas están sufriendo lo indecible, siempre a manos del estado sionista y cómplices necesarios.

La pretendida asfixia económica a la UNRWA -seguramente lograda, sino hay una reacción inmediata de otros países incrementado sus aportaciones- se suma a los ataques que el ejército israelí viene llevando a cabo con total impunidad desde hace meses contra la oficina de la ONU y sus trabajadores en Gaza, como antes en la Cisjordania ocupada. Más de 50 locales de la UNRWA han sido atacados en Gaza en las últimas semanas -bombardeados en su mayoría, pero también ametrallados por francotiradores israelíes- con el resultado de decenas de trabajadores de la ONU asesinados en su lugar de trabajo desde el mes de noviembre pasado.

Es por ello, urgente movilizarse y situarse en un apoyo decidido y abierto a la resistencia palestina, usando de todos los medios e instrumentos que dispongamos para, en la medida de lo posible, articular organizativamente la solidaridad internacional y poder protagonizar nuevas y más intensas acciones de boicot, desobediencia civil, bloqueo e insumisión política, hasta lograr el fin del genocidio del pueblo palestino. En lo que ahora y aquí nos toca, se impone la exigencia de ruptura inmediata de todo tipo de relaciones -económicas, políticas, comerciales, o diplomáticas- con el Estado de Israel, al menos hasta el cese de la matanza, de la política de apartheid y de la expansión colonial en Jerusalén y la Cisjordania ocupada.

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