VII Época - 24

Editorial

Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.

Rafael Amor

No nos quedan palabras dignas para calificar como se merecen las últimas ocurrencias del secretario general de la CGT, Miguel Fadrique, por lo que, a partir de este momento, habrán de hablar por nosotros los hechos. El primero, constatar que esta persona se ha situado por voluntad propia, por enésima vez, pero ahora sin posibilidad de retorno, al margen de la organización que le nombró en el último Congreso como su más alto cargo, simbólico y jurídico, pero sin atribuciones de poder alguno. El segundo, reiterar el llamamiento a toda la organización para la convocatoria de un Congreso Extraordinario, que restaure el funcionamiento anarcosindicalista de la organización. El de una federación de sindicatos, vinculados entre sí por el pacto federal estatutario suscrito entre ellos, libre y autónomamente, en cada Congreso, con funcionamiento permanente de abajo arriba, en democracia directa, sin jefes ni autoridades.

El pasado 29 de enero, el secretario general de la CGT, distribuyó una circular interna a toda la organización en la que comunica su decisión de expulsar de la CGT a Rufino Álvarez, actual secretario general de la Federación de Transportes y Comunicaciones (FETyC) de CGT y, por tanto, miembro nato del Comité confederal.

Firmando una vez más como Secretario general, pero “en nombre del Secretariado Permanente (SP) del Comité confederal” -lo que es absolutamente contradictorio con lo establecido en los estatutos de la CGT, pues el SP es un mero órgano auxiliar del Comité confederal y no un sombrío sanedrín, con capacidad para delegar su firma en un Secretario general claudicante-, escribe: “nos vemos en la obligación de adoptar la siguiente resolución: proceder a la inhabilitación cautelar de militancia a cualquier nivel y ámbito confederal y cese inmediato en cualquier cargo de gestión o representación que pudiera ostentar el secretario general de la FETyC de CGT”.

Estamos pues ante una obscena ‘inhabilitación’ y ‘cese’ en su cargo de un compañero merecedor de todo nuestro respeto, urdidos por unos personajes -el Secretario general y el SP en su conjunto-, que carecen tanto de legitimidad orgánica y estatutaria como de poder fáctico alguno para llevar a cabo semejante atropello, respecto de un compañero que, además, fue elegido para el cargo que ostenta por el correspondiente Pleno de su federación sectorial.

Nada autoriza en la CGT semejante comportamiento del Secretario general, más propio de otro tipo de organizaciones e instituciones que nos son por completo ajenas y que para nada apreciamos los anarcosindicalistas. Tampoco puede haber excusas que lo blanqueen, y mucho menos, que traten de garantizar su impunidad y disimular su responsabilidad. Alegue lo que alegue el Secretario general en su Circular interna sobre Rufino -y lo que alega es otro ejemplo de la ceguera autoritaria que le domina y la marrullería leguleya que le infesta-, lo decisivo es que no puede hacer lo que hizo, ‘decretar una expulsión y el cese de un cargo’. Del mismo modo que tampoco los sindicatos y entes coordinadores de la CGT pueden consentirlo, sin abdicar de su compromiso con la organización construida: federal, antiautoritaria, solidaria … anarcosindicalista.

Cada vez con mayor fundamento, cabe concluir que la constante vulneración de los estatutos … los atropellos sistemáticos a la razón libertaria de nuestra organización … las decenas de inhabilitaciones … la fraudulenta desfederación de un sindicato con miles de afiliados … el desprecio a más de un tercio de los miembros del Comité confederal… llevadas a cabo últimamente en CGT con la complicidad necesaria de su Secretario general tienen su razón de ser y causa en algo más que un azaroso rosario de ocurrencias y ocasionales confluencias sin otro fundamento que la mediocridad y la mala praxis de unos pocos incompetentes, ocupando cargos de relevancia orgánica.

La propia reiteración de estos hechos recusables y, sobre todo, la fractura consciente en la organización que se está llevando a cabo, apuntan siempre en una misma dirección, hacia un proyecto de organización sindical distinto del que ahora representa CGT.

Semejante propósito reclama necesariamente, en primer lugar, dinamitar el carácter anarcosindicalista de la CGT, tanto en su funcionamiento y estructura orgánica, federal y libertaria, como en su filosofía y acción sindical y social, finalista y transformadora, autónoma y antiautoritaria y, en el camino, instituir en la CGT un Secretariado Permanente, con el Secretario general a la cabeza, como un órgano de poder decisorio y superior jerárquico, entronizado como cúpula autoritaria en la CGT. Todo ello supone, de entrada y final, romper el pacto federal entre los sindicatos que estructura y vertebra a toda la CGT y dinamitar el funcionamiento y filosofía anarcosindicalista que la definen, según acuerdos de Congreso, que solo un Congreso podrá modificar. No lo consentiremos. Y, desde ya, no reconocemos ni aceptamos la inhabilitación y cese de Rufino Álvarez, siendo únicamente el propio Pleno de la FETyC quien podrá decidir que compañero/a la representa.

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