VII Época - 30

PALESTINA DE NUEVO CRUCIFICADA

¿De dónde esa piedra
que el niño palestino lanza?
¿De dónde la bala que lo mata?

¿De dónde la dignidad
que al rebelde palestino alienta?
¿De dónde la bomba y el hambre que lo matan?

Los fusiles de la muerte y el expolio,
la cárcel, el muro y el apartheid
llevan la bandera de Israel,
pero otros, cómplices necesarios,
organizan y garantizan
la impunidad del crimen y la muerte incesantes

INTERVENCIÓN DEL PORTAVOZ DEL COMITÉ DE HUELGA DE CGT, MIGUEL ÁNGEL CUÑA, EN EL MITIN FINAL DE LA HUELGA Y MANIFESTACIÓN EN PONTEVEDRA EL 14 DE MARZO DE 2024, EN SOLIDARIDAD CON PALESTINA.

Camuflada publicitaria y mentirosamente como si se tratase de una Guerra entre dos desiguales contendientes -Israel y Hamas- asistimos hoy a la brutal matanza de la indefensa población palestina de Gaza y el genocidio calculado y fríamente ejecutado del pueblo palestino a manos e Israel.

En este exhibido holocausto, la Paz que ambiciona el Estado de Israel no es la alternativa a ninguna guerra, sino, por el contrario, su culminación victoriosa frente a la justa rebelión de unas gentes y un pueblo que se niega a desaparecer.

El horror que hoy sufre el pueblo palestino en Gaza, Cisjordania y Jerusalén, desplegado con absoluta obscenidad ante los ojos del mundo, no es más que el anuncio de la Victoria que ansía Israel y que confía en que está a punto de lograr: la expulsión definitiva del pueblo palestino de su ancestral tierra mediterránea. Expulsión, ¿hacia dónde? De momento al matadero.

La decisión, los fusiles, los aviones de la muerte y el expolio, las matanzas, la apropiación de tierras y bienes, el saqueo, el enterrar en vida a miles de personas bajo los escombros de sus casas, el apartheid, el matar de hambre, el genocidio del pueblo palestino… todo ello lleva la bandera del gobierno, el parlamento y la sociedad israelí, pero es el consentimiento interesado o pusilánime de otros (básicamente EE UU y los países miembros de la Unión Europea, entre ellos, el estado español) el que organiza y garantiza la impunidad del crimen incesante que Israel viene cometiendo desde 1948 con el objetivo declarado del genocidio y exterminio del pueblo palestino.

Ahora mismo, Palestina está siendo de nuevo crucificada. A la historia de la infamia humana y a los nombres del Gueto judío de Varsovia, Petersburgo, Guernica, … hemos de añadirle hoy un nuevo nombre: Gaza, como antes lo fueron Sabra y Chatila.

Ya nadie recuerda la siempre falsa excusa esgrimida por sus autores para llevar a cabo aquellas masacres de ayer. Lo mismo ocurrirá con el crimen genocida de hoy, por más que se apele cínicamente “al derecho de Israel a defenderse”. Derecho que, por supuesto, pretende negarse al pueblo palestino, pues a poco que intente ejercerlo será tildado inmediatamente por el despreciable coro mediático de ‘terrorista’.

¿Defenderse Israel de quién? ¿Acaso de los habitantes del gueto gazatí, convertido en la mayor prisión del mundo, cercado de alambrada y muerte, una y diez veces bombardeado?

¿Defenderse Israel de qué? ¿de la rabia y el sufrimiento del apartheid, racista y sangriento, impuesto en Cisjordania?

¿Defenderse Israel de qué? ¿Del árbol de la libertad que pueda prender en el ánimo de cualquier niño palestino?

En esa enloquecida historia, ¿quién puso el primer muerto y quién la primera víctima? Eso no lo sabemos, pues no somos historiadores, pero sí sabemos a ciencia cierta quien perdió́ sus tierras, quien fue expulsado de sus casas, a quien le fueron robados sus huertos, quien fue encarcelado, preso, asesinado en masa, bombardeado, fusilado, vive mayoritariamente en Campos de Refugiados a la orilla del desierto, sufre el apartheid racista o agoniza cercado y asediado. También sabemos quién se queda con las tierras robadas y con las casas saqueadas, quien coloniza y quien encarcela, quien es el rico y quien el pobre, quien tiene el avión y quien la piedra y el arma casera, quien el ejército y quien el hijo terrorista, quien invade y quien es invadido, quien dinamita la casa y quien se queda al raso o en la tienda de campaña prestada.

Pero, si sabemos todo esto ¿Por qué́ estamos tan confundidos con lo que ocurre en Palestina?

A partir de 1948, la historia de la región Palestina es la dramática historia de una doble confrontación todavía inacabada.

A un lado, la instalación en la región del naciente Estado de Israel a expensas del despojo y expulsión violenta de sus habitantes palestinos.

Al otro lado, la dramática resistencia a tan brutal despropósito del pueblo palestino, prácticamente indefenso y pobre, rebelde desde la pobreza y contra la pobreza, valiente y sublevado desde la violencia insumisa contra la violencia inmensa del opresor.

El Estado de Israel fue construido mediante la mentira y la violencia, justificadas a ojos de los verdugos por la ideología nacionalista que los animaba: el sionismo. Una doctrina atroz (en todo similar a la del partido Nacional-Socialista hitleriano, por ello declarada ‘racista’ por la ONU) de la que Israel no acaba ni quiere despojarse.

De modo que desde 1948, hace ya 75 años, y hasta hoy el Estado de Israel ha venido quebrantando todas las leyes de la humanidad. Invadió, atacó, secuestró, torturó, asesinó, expulsó de sus casas y raíces a cientos de miles de personas, y continúa haciéndolo. Se ha apropiado de tierras y bienes sin cuenta. Ha borrado del mapa multitud de aldeas y poblados palestinos, cuyos habitantes -actualmente más de cinco millones- han sido arreados a golpes de fusil y ametralladora a multitud de campos de refugiados insufribles, repartidos por los países vecinos. Ha encarcelado a más de dos millones de personas en Gaza, un pequeño territorio de apenas 350 kilómetros cuadrados, equivalente a la península pontevedresa del Morrazo. Y en la Cisjordania ocupada militarmente, Israel ha impuesto a más de tres millones y medio de personas un régimen de insufrible apartheid, exponiéndolas además permanentemente a la agresividad homicida de los colonos judíos, siempre azuzados o amparados por el poder israelí e impacientes por consumar la apropiación de Palestina.

Esta y no otra cosa es la Paz que ansía afianzar Israel en todo Palestina. Según Israel, todo aquél que alce su voz, su mano, su piedra, su cuchillo, su cohete, su furia o su pecho, contra semejante impostura, será inmediatamente tildado de criminal ‘terrorista’ y, por ello, objeto de justa represalia contra él, contra su familia, contra sus vecinos y, en definitiva, contra el pueblo palestino entero, pues de sus filas salen los resistentes.

El execrable crimen de hoy en Gaza q representa un episodio más -no el único, pero quizá si el más brutal en su siniestro alarde y descaro- de la barbarie que viene ejecutando a lo largo de los últimos 75 años, que le permitieron haberse apropiado de hecho del 78% del territorio de la Palestina histórica, por más que el 22% restante esté sometido a condiciones espantosas de apartheid (Cisjordania ocupada y Jerusalén Este) o de atroz asedio, en el penal más grande y funesto del mundo (Gaza).

Sin embargo, lo que hoy sucede en Gaza parece superar todo lo que cabría imaginar como posible, como en el siglo pasado lo fueron el holocausto nazi, el colonialismo belga en el Congo, el exterminio de los herero en Namibia o las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Y, sin embargo, a diferencia del siglo pasado, todo se hace hoy a plena luz del día y se retransmite en directo, sin que el verdugo tenga que disimular el bombardeo de hospitales, escuelas y refugios repletos de civiles, el asedio por hambre y sed de dos millones de personas … pues ya se encarga la poderosa industria de la Comunicación, el Espectáculo y la Información mediatizada del Occidente democrático e imperial, de blanquear la sangre derramada y calear el entendimiento de sus poblaciones.

Ahora mismo, el sionismo filonazi de Israel pretende celebrar el penúltimo paso para la anexión definitiva de la Palestina histórica, como paso previo a la “Solución final” que ultime el genocidio del pueblo palestino.

Este es, en definitiva, el objetivo de la colosal barbarie que se está cometiendo Israel: lograr la Paz que lleva 75 años ansiando imponer y que no logra, precisamente por la tenaz resistencia y rebeldía del pueblo palestino. Es el sueño infamante de construir una Palestina enteramente israelí y, para ello, de momento, ir avanzando negando la existencia a los 2 millones y medio de gazatíes. ¿Cómo? ¿Cómo lograr la limpieza étnica imprescindible en ese designio? ¿Valiéndose de qué medios?

Como no podrán matar a diez millones de palestinos en Gaza y Cisjordania, lo que mejor se le ocurre a los estrategas israelíes es diezmarlos y empujarlos a ‘huir’, repitiendo lo hecho con éxito en 1948. Pero ahora, ¿hacia dónde deberán ‘huir’?, ¿adónde arrojar a los sobrevivientes? Quizá al desierto de Sinaí egipcio (si Egipto lo consiente) o a cualquier otro país más o menos lejano que los acepte, a cambio de quien sabe qué señuelo. ¿Y, si no? ¿Y si, a pesar de todo el sufrimiento, el pueblo palestino logra resistir en Gaza? Entonces, de nuevo la vuelta al asedio infinito, a la cárcel a cielo abierto de Gaza, pero ahora más pequeña, más hacinados sus habitantes, más míseros, más escarmentados … y así hasta la próxima rebelión, hasta la nueva intifada, hasta el nuevo nombre maldito, hasta la siguiente ruptura de la alambrada, quizá más rugiente, quizá más desesperada, pero no menos lúcida y digna.

Con todo y pese a todo, el pueblo de Palestina, como viene haciéndolo desde hace más de 70 años, lucha ahora mismo por librarse de esa amenaza intolerable.

Y lo hace con un coraje inaudito, cuando los poderosos del mundo -la hez de la sociedad humana- le reclaman que se doblegue, que huya, que aguante y calle en su papel de víctima del genocidio decretado.

Contra esa falsa ‘solución final’ e indigna proposición, la CGT de Pontevedra convocó en el día de hoy la huelga en todos los ámbitos de la administración del Estado y participa en esta manifestación, junto con el grupo de organizaciones y colectivos de Pontevedra con Palestina.

Dispuestos a compartir y difundir la justa lucha del pueblo palestino, en pos de una salida esperanzada, por la libertad y la dignidad humanas. Así hasta el día, lo más cercano posible, en que la humanidad venza a la barbarie.

Aún es tiempo.

La CGT y todos los que aquí estamos proclamamos nuestra solidaridad con Palestina

¡Paremos el genocidio del pueblo palestino!

Del rio al mar, de la montaña al valle, del olivo palestino al carballo gallego, gritemos:

¡Palestina vencerá!

Y cuando eso suceda, ¡que sucederá!, su victoria será la garantía de nuestra propia libertad y dignidad, la libertad y dignidad de todos y de todas las personas que habitamos este planeta, del mismo modo que hoy su sufrimiento es el sufrimiento de todos nosotros.

¡Solidaridad con Palestina!

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