OMAR DENGO GUERRERO

Anarquismo y sindicalismo en Costa Rica / 2

La semana pasada (La Campana, VI Época, nº 48, del 14.09.2021) realizamos una breve incursión en la memoria histórica anarquista y del movimiento obrero y social de Costa Rica, recordando la creación del “Centro De Estudios Sociales “Germinal” y su papel fundamental en la organización de la Federación General del Trabajo costarricense. Continuamos hoy esta serie, dedicándola ahora a la memoria del intelectual anarquista, Omar Dengo Guerrero, uno de los fundadores del centro “Germinal”, considerado también como una de las figuras más importantes de la cultura de su país, cuyo nombre lleva todavía hoy el campus de la Universidad Nacional de Costa Rica.

Nació en la capital de Costa Rica, San José, en 1888 y murió todavía joven, en la ciudad de Heredia, en 1928. A los veinte años, se matriculó en la Escuela de Derecho, al mismo tiempo que, aún estudiante, inicia sus actividades en el campo social.

En 1908, su primera experiencia como periodista se saldará con un decreto eclesiástico de excomunión, bajo la acusación de haber incluido en el periódico Sanción -surgido como resultado del club político que Omar había fundado con un grupo de amigos y obreros- una denuncia contra un clérigo enfangado en el chalaneo político más infame.

En este tiempo, venían apareciendo en la capital y otras ciudades de Costa Rica, un grupo de intelectuales, cuyas concepciones ideológicas calificaban indistintamente de “ácratas”, “anarquistas” o “libertarias”. Los más de ellos se apartarán tanto del “liberalismo” oligárquico como del socialismo político y rechazarán la democracia regida por el poder económico tradicional, al mismo tiempo que se comprometían con las aspiraciones de justicia social y renovación política que encarnaban los grupos “obreros” y “proletarios”. Entre estos intelectuales están, además de Omar Dengo, sus amigos Joaquín García Monge, Roberto Brenes Mesén o Billo Zeledón. El arraigo del anarquismo en estos jóvenes estuvo inicialmente ligado a la influencia de dos gigantes de la literatura, Emilio Zola y León Tolstoi, en cuyas obras destacaba la fuerte presencia de un anarquismo fuertemente teñido de pacifismo, antimilitarismo y humanismo solidario.

En 1869 había llegado a Costa Rica, el krausista español, Valeriano Fernández Ferraz. Con él vinieron dos de sus hermanos, Juan y Juana, cuya novela “El espíritu del río”, aunque imaginariamente situada en Brasil, presenta una comunidad tolstoyana, de un anarquismo realizado, con personajes sacados del campesinado costarricense”. Varios historiadores y biógrafos de Omar, consideran esta obra y a su autora como la probable impulsadora emotiva del anarquismo pacifista que, juntamente con la ejemplaridad del anarquista individualista, Elías Jiménez Rojas, arraigarían en el inquieto joven.

Bajo estas influencias y después de observar  la particular ineficacia de las propuestas político-reformistas para dar solución a los problemas de la clase trabajadora y las necesidades regeneradoras de la sociedad costarricense, en 1912, Omar, junto al círculo de amigos y afines que venimos señalando, fundó el Centro Germinal, una escuela para la difusión de la cultura sociológica entre los obreros del país con el objetivo de combatir los prejuicios sociales, religiosos y políticos que retardaban la evolución del proletariado. En Germinal, Omar abandona de hecho el ejercicio del derecho, para actuar como maestro, ejercer la docencia, dictar conferencias sobre temas sociales y ofrecer a los trabajadores, futuros líderes del incipiente movimiento obrero, lecciones de Historia de la filosofía y pensamiento social. Este cambio vocacional de jurista por la docencia va aparejado con el cambio de su postura ideológica socialista por la anarquista.

Tres años después de la fundación de Germinal, se abrió en la ciudad de Heredia, la Escuela Normal de Costa Rica. Omar, por su reconocida labor en el centro de Estudios, fue escogido para formar parte del grupo de profesores que trabajarían en el centro, con el encargo de “despertar en los futuros maestros el sentimiento de responsabilidad personal, induciéndolo al autogobierno”.

Sin embargo, en 1917, el general Federico Tinoco Granados perpetró un golpe de Estado, instaurando una dictadura que durará dos años, hasta agosto de 1919. En protesta contra el golpe militar, Omar, juntamente con otros compañeros de la Escuela Normal, renunció a su cargo en el centro, yéndose a trabajar a una escuela privada rural. Tras la caída de la dictadura, se le repuso en su cargo de director y profesor de la Escuela Normal, puesto que ocupará hasta su muerte, en 1928.

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