VII Época - 42

PAULINO Y AMADEO HERNÁNDEZ

Defendían lo justo, pero no les gustaba la Justicia… y ésta los asesinó

Era el año 1933. En el salón de actos del cine La Paz de Sta. Cruz de Tenerife se celebraba el primer Congreso Regional del Trabajo de Canarias de la CNT. La voz del joven Paulino Hernández, uno de los tres delegados del Sindicato de Oficios Varios de la Confederación anarcosindicalista, representando a 580 afiliados, llegó nítida a todos los presentes, entre ellos, a su hermano mayor, Amadeo, también delegado cenetista.

Se debatía el dictamen de la Ponencia “Reivindicaciones económicas. Paro forzoso y jornada de trabajo”, firmada entre otros por Paulino, que reclamaba “la implantación de la jornada de 6 horas y la unificación de salarios, así como la obligación de la burguesía de colocar a todos los sin trabajo”. Sin embargo -añadirá la ponencia- esos “problemas no tienen solución en la sociedad presente”, por lo que hay que “hacer labor de capacitación revolucionaria”. Finalmente, la ponencia es aprobada por unanimidad de todos los presentes.

Pocas semanas después del Congreso estalló en Sta. Cruz la llamada Huelga de Inquilinos, cuyo extraordinario alcance hizo temblar a la burguesía local, que exigió la intervención del gobierno para atajar la influencia anarquista y sindicalista en las islas. La policía, de acuerdo con los propietarios, organizó un complot contra los dirigentes obreros.

Muchos obreros fueron acusados de oponerse con violencia a los desahucios que arrojaban a las familias obreras en paro a la calle. Los hermanos Amadeo y Paulino Hernández fueron acusados de ser los autores del incendio de la Fábrica de salazón del industrial Naveiras, “según lo afirma el guardián de la fábrica Juan el Canario”. Pero el guardián negó en absoluto que hubiera acusado a los dos hermanos, aunque le presionaron en “la comisaría de vigilancia que si no acusaba a los dos hermanos sería procesado como cómplice”.

La policía y la militarada cumplieron la amenaza, de modo que Juan fue procesado con los hermanos Hernández como cómplice y, posteriormente, represaliado.

Tras salir de la cárcel Amadeo optó por marcharse de Sta Cruz, embarcándose como marinero en la flota de bajura canaria, con base en Las Palmas. Allí continuó su labor sindical y revolucionaria anarquista. Paulino, por su parte, quedó en Sta. Cruz encontrando trabajo en la casa Olsen, como conductor para el reparto de gaseosas. Gracias a su trabajo recorría muy a menudo la isla de punta a punta, por lo que era muy conocido entre los trabajadores de toda la isla.

Paulino, dirigente del Sindicato de Transporte, tenía un corazón grande, que no toleraba la injusticia social ni el sufrimiento provocado por el desorden social. Solía andar descalzo, sencillamente porque otros lo hacían por necesidad.

“Si él podía salvar con lo suyo las penas de cualquiera, él se convertía en víctima”. “Y es que a Paulino le gustaba lo justo, no la Justicia, porque la Justicia …”. Cuando lo asesinaron, los fascistas entregaron a su familia el traje que llevaba puesto, pero no las sandalias que tenía puestas en el momento del arresto

… “La sandalias, parece que había un chico que le dijo «Paulino, déjame las sandalias» Y se las dio”. “Paulino no comió carne jamás porque era de animales. Él era vegetariano, naturista; él no hubiera matado nunca”.

El 18 de julio de 1936 estalló la sublevación militar de Franco y sus compinches. En las islas Canarias comenzó ese mismo día una represión salvaje contra los obreros y los militantes republicanos. Más de 1500 personas fueron asesinadas de vil modo y ni si sabe cuantas torturadas o mutiladas. Imposible la cuenta, ya que los fascistas hicieron desaparecer los más de los cadáveres, arrojándolos al mar, enterrándolos en escondidas fosas comunes o tirándolos a profundos pozos, que después cegaban.

Paulino, en Sta. Cruz, y Amadeo, en Las Palmas, fueron detenidos en los días inmediatos. Ni uno ni otro eran escondidizos. Paulino morirá gritando ¡Viva la Anarquía! ¡Viva Ferrer!. A Amadeo ni gritar le dejarán. Pero la muerte homicida no es la historia de la vida. La próxima semana hablaremos de ella.

1 comentario

  • Lindsay

    Soy sobrina bisa nieta de Amadeo y Paulino Hernández, Muchísimas gracias por tan valiosa aportación sobre nuestra memoria histórica.

    «el que olvida la historia está condenado a repetirla»

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