EL ANARQUISMO OBRERO EN LAS ALTURAS DE LOS ANDES / 2
Construcción del ramal ferroviario entre Salta (Argentina) y Antofagasta (Chile)
La pequeña y todavía apenas industrializada ciudad Salta había recibido en el último tercio del siglo XIX y primeros años del XX a gran número de inmigrantes, muchos de ellos de origen europeo. Con su parco equipaje material, sin embargo, traían en su mente y personalidad un inmenso tesoro filosófico y social: el ideal de transformación social y lucha contra las injusticias del presente traídos de Europa con las prédicas del sindicalismo, el socialismo y el anarquismo. Fue así cómo en la Salta de entonces, casi una aldea todavía, llegó a fundarse en 1901 un club de futbol anarquista, el Club Atlético Libertad, cuya aventura describimos en el suelto genofontiano de la semana anterior [La Campana, VII Ép. Nº 46].
En aquél tiempo inaugural, en 1905, la construcción del tramo ferroviario Huaytiquina de casi 1000 kilómetros de longitud que uniese la ciudad norteña argentina de Salta con el puerto chileno de Antofagasta, exigía cruzar la cordillera de los Andes, entre picos, brechas y vías a miles de metros de altura.
Cientos y enseguida miles de trabajadores serían necesarios para acometer semejante obra. Las empresas asociadas al Ferrocarril andino, se vieron en la necesidad de reclutar la mano de obra entre la población autóctona, los menos, pero, sobre todo, entre el gran numero de obreros y campesinos europeos que atravesaban el océano atlántico con la esperanza puesta en dejar atrás la miseria y opresión de sus países de origen y confiados en las promesas económicas y de trato que ofrecían los reclutadores de la Compañía.
Según el ensayo “El anarquismo en las alturas. Esbozo sobre las luchas obreras en la construcción del ferrocarril transandino Salta-Antofagasta”, por Edgardo Diz / Ácratas de Salto [Edit. Reconstruir, Federación Libertaria Argentina, 2023], distintas crónicas de la prensa obrera y afín de la época, principalmente anarquistas, describen las duras condiciones climáticas, de vida y explotación laboral, que tuvieron que afrontar varios miles de trabajadores, “con puntos del ramal a más de 4000 metros sobre el nivel del mar en una geografía hostil, entre el desierto y la montaña, con temperaturas que en invierno llegaban a los 20 º bajo cero”.
Nada más iniciarse las obras, en 1905 y en los años inmediatos, las ideas sociales y de acción reivindicativa de los obreros, sobre todo anarquistas se manifestarán en un enérgico movimiento de resistencia sindical contra unas poderosas empresas que no solo disponían a su servicio de las corruptas fuerzas gubernamentales -policía, ejército y jueces- sino que también de cuerpos privados para-policiales, siempre impunes pese a la violencia y atrocidad de sus crímenes, nunca disimulada.
El movimiento sindical entre los obreros del ferrocarril, empezó a florecerse y hacerse notar de un modo claro a partir de 1910, sobre todo debido a la influencia ejercida por el anarquista Centro de Estudios Sociales “Luz y Vida”, por el cual desfilarán casi todos los dirigentes y nuevos militantes de la lucha social. Desde ese año, la ciudad y la provincia de Salta, irá contando cada vez con un mayor y más nutrido número de gremios y sectores obreros, que se declaran en su constitución e ideario, anarquistas.
“Solo en la ciudad de Salta contabilizamos a los obreros municipales, pintores, tipógrafos, plomeros, cloaquistas y anexos, mozos, panaderos, albañiles, chóferes, sastres y la ‘Sociedad de Resistencia de la Aguja’. Pero, por fuera de la capital salteña también se constituyeron organizaciones obreras anarquistas muy potentes, que pronto se federarían entre si, en la Federación Obrera Provincial Salteña. “Localidades como Embarcación, Orán, Güemes, Campo Santo, Pichanal, Mertán, Tartagal y Rosario de la Frontera contaron con su Sociedad de Oficios Varios”, que agrupaban a todos los obreros asalariados de una misma localidad, mayoritariamente campesina.
La actividad reivindicativa y social de estos gremios se verá animada y enriquecida por la labor de las publicaciones anarquistas, como El Ariete (1914), La Voz del Pueblo (1914), El Trueno (1915), El Verbo Libre (1919 – 1928), ¡Verdad! (1920), El Despertar (1920-1921), Revolución (1924) o El Coya (1924-1930), y también de las Agrupaciones de afinidad, Anarquistas, como “Despertar”, “Verdad”, “Delante” (Rosario de la Frontera), “Voluntad” (Campo Quijano). Esta última, quizá la más influyente en las huelgas que, en los años siguientes, tendrán lugar en el Ramal ferroviario Huaytiquina. Pero esto será materia de la próxima hojita memorial de Genofonte. (continuará)

Hermoso, esbozo de las luchas primigenias, me recuerda al libro de Edgardo Diz, «anarquismo en las alturas», dejo mi mail para intercambiar libros y algunos sonidos de los antiguos acratas del noroeste argentino, aimeaudiovisual@gmail.com
Salud y libertad