VII Época - 56

1962. HUELGA EN EL BAIX LLOBREGAT

Una huelga cuando las huelgas estaban prohibidas y los huelguistas perseguidos

A diferencia de otras zonas de Cataluña la comarca barcelonesa del Baix Lobregat era a principios de la década de los años 60 del siglo XX, todavía España bajo la dictadura franquista, una zona netamente agrícola. Sin embargo, a partir de 1960, la comarca sufrirá una fuerte reactivación industrial, a la que acudirán decenas de miles de trabajadores inmigrantes procedentes de todos los puntos de la geografía española. Entre las empresas que ven fuertemente incrementada su plantilla en ese periodo, estaba el taller de material eléctrico Siemens, en Cornellà de Llobregat.

En esas fechas, la población trabajadora en toda la comarca era ya marcadamente diferente a la de 1936, tanto por su volumen como por su origen y estructura. Siete de cada diez trabajadores no habían conocido la guerra civil o eran de corta edad durante la misma y no poseían experiencia sindical alguna, ante la falta de libertad implantada por la dictadura.

En este momento, las organizaciones en el exilio de UGT y CNT no llegaron a comprender que, con esa nueva clase trabajadora pugnaba por abrirse paso y nacer un nuevo movimiento obrero. Huérfana de la experiencia del sindicalismo previo a la guerra civil, protagonizado por CNT o UGT, la clase obrera empezaba a organizarse con nuevas formas de lucha, como las que habían aparecido de forma espontánea, al margen de la legalidad franquista, en abril mayo de 1962, durante las grandes huelgas mineras de Asturias.

El 13 de septiembre de 1962, la plantilla de Siemens de Cornellà de Llobregat inició la huelga y la ocupación de la fábrica.

La huelga se inició en los talleres. El personal de fundición parecía titubear en secundar la acción emprendida por sus compañeros, ante lo cual los de los talleres iniciaron una marcha colectiva de unos 200 obreros, en su mayoría mujeres, hacia la fundición, En cuanto el grupo llegó, los compañeros de la fundición paralizaron el trabajo, solidarizándose. Lo mismo ocurrió en el taller de los transformadores.

Ya durante la mañana, la empresa anunció el despido inmediato de 30 trabajadores, lo que no intimidó a los huelguistas, quienes se negaron a abandonar la ocupación de la empresa, manteniéndose en brazos caídos y en asamblea, hasta cumplirse el turno. Al final de la jornada, ya eran más de 100 los despedidos.

Al día siguiente, se presentó en la fábrica todo el personal, pero el edificio estaba bloqueado por la Guardia Civil. Los obreros, a la puerta, levantaron una pancarta hecha con papel de estraza y tinte de zapatos, que decía: “Estamos despedidos porque pedimos más pan. Este es nuestro delito”.

Pronto llegó una caravana de coches de policía, ordenando el inmediato desalojo de la zona, a los que los trabajadores respondieron marchando en manifestación por las calles del pueblo, hasta llegar a las puertas de la iglesia de St. Miquel. En este punto, la policía cargó con violencia contra los huelguistas, realizando detenciones, e iniciándose una dura refriega entre los obreros, que lanzaban piedras y lo que tenían a mano, y los agentes policiales.

Al día siguiente, sábado 15 de septiembre, los trabajadores acudieron a la empresa para cobrar sus nóminas, siéndoles abonados los salarios íntegros (incluidos los tres días de huelga) a condición de que firmasen un papel en el que aceptaban renunciar a su antigüedad. Los trabajadores, puestos de acuerdo, firmaban el papel y, nada más salir, rompían públicamente la hoja arrojándola al suelo, manifestando de este modo que ni se rebajaban ni cedían en sus reivindicaciones. La huelga se prolongó a lo largo de la semana siguiente, hasta el 21 de septiembre

Entre tanto, la represión se recrudeció. 12 trabajadores fueron sometidos a un procedimiento sumarísimo de Consejo de guerra por desórdenes públicos y la empresa procedió al despido de 42 huelguistas destacados. Con todo, dos meses después, la empresa procedió a incrementar los salarios de manera considerable. De este modo, la huelga de 1962 en Siemens representó otro punto de referencia para el nuevo movimiento obrero en la comarca, donde rápidamente fue organizándose y logrando cada día nuevas reivindicaciones y condiciones laborales, hasta ese momento negadas.

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