VII Época - 60

¡LIBERTAD O MUERTE!

Huída de seis sindicalistas prisioneros en la isla de Más Afuera (Chile, 1928)

El 10 de febrero de 1928 se produjo una de las evasiones más dramáticas en la historia de las prisiones chilenas. Ese día, seis sindicalistas revolucionarios, cinco de ellos anarquistas y el sexto comunista, utilizando una pequeña embarcación, se fugaron desde el presidio de la isla de Más Afuera, en el archipiélago de Juan Fernández, rumbo al mar y a su aciago destino.

Más Afuera es una pequeña y montañosa isla de origen volcánico, de apenas 50 km2, que forma parte del archipiélago Juan Fernández. Situada en el Pacífico a más de 600 km de la costa chilena más cercana, la mayor parte de su litoral muestra altos acantilados y escarpes, sin que se encuentre en toda la isla una bahía o puerto de abrigo natural, sirviendo como casi único punto para el anclaje la angosta desembocadura de Quebrada Las Casas.

A principios del siglo XIX, Más Afuera se convirtió en un concurrido fondeadero de buques estadounidense dedicados a la caza del lobo marino. La codicia de las empresas loberas era tan brutal que no dudaban en secuestrar a nativos de otras islas del Pacífico, con el fin de obligarlos a trabajar como esclavos en la caza. Así, en 1802 la goleta de bandera USA, Nancy, llegó a secuestrar 22 personas nativas de la Isla de Pascua, pero los hombres prefirieron lanzarse al agua en alta mar y morir, mientras que el destino último de las 10 mujeres secuestradas se desconoce.

A comienzos del siglo XX, en 1909, se estableció en la isla una “colonia penal” agrícola, con la llegada inicial de 60 prisioneros, acusados y condenados por distintos delitos. A raíz del naufragio de la goleta que llevaba prisioneros y avituallamiento al penal, ante la dificultad de cultivar en la isla y de desórdenes internos, este penal fue disuelto en 1913.

En 1927, nada más iniciarse la dictadura militar de Carlos Ibáñez Del Campo (1927 – 1931), el 23 de febrero, el coronel declaró: “No habrá en Chile más perturbadores del orden social … no existiría más el anarquismo y el comunismo … ni agitación obrera o sindical …”. Ese mismo día la policía allanó y clausuró los edificios, entre otros, de la Federación Obrera Regional Chilena, de la internacional “Trabajadores Industriales del Mundo” (IWW, por sus siglas en inglés), Unión Sindical de Panificadores, Federación Obrera de Chile, Federación de Obreros de Imprenta de Chile, Unión Industrial del Cuero.

Las armas del dictador para intentar acabar con la movilización obrera revolucionaria, fueron la cárcel, la tortura, la censura, el juicio punitivo amañado, el asesinato, la desaparición forzada, la fosa común. Uno de los ignominiosos eslabones de esa cadena represiva, lo representó el envío de centenares de presos a la isla Más Afuera, cuya lejanía del continente y fuertes corrientes costeras impedirían escapar a los más osados, desprovistos de toda embarcación o materiales de navegación que se lo permitiese.

En enero de 1928, cuando una embarcación de transporte desembarcaba prisioneros, la marejada dio vuelta a uno de los botes, ocasionando la muerte de cinco tripulantes. Seis prisioneros, cada uno de ellos con una intensa trayectoria sindical y revolucionaria, vieron entonces la oportunidad de lograr la libertad o morir en el intento. Improvisaron clandestinamente una vela, aprovecharon los restos del naufragio, se hicieron con recipientes vegetales para el agua, reservaron víveres de su escasa dieta … y se lanzaron al mar.

Eran: Juan Segundo Leyton Rayo, Valparaíso, obrero marítimo, anarquista, miembro de IWW; Pedro Saez Moraga, zapatero y actor aficionado, anarquista, miembro de la IWW; Víctor Zavala Hidalgo, Santiago, panadero, anarquista, miembro de la Unión Sindical de Panificadores; Gerónimo Quezada, Santiago, mecánico, anarquista, miembro de la Confederación Ferroviaria de Chile; Miguel León Ravanales, Puerto Natales, empleado y periodista popular, anarquista, director del periódico El Esfuerzo y miembro de la Federación Obrera Local de Natales y Cástor Vilarín Marín, Santiago, electricista, miembro del Partido Comunista.

Nunca más se supo de ellos, por lo que se estima que murieron en el intento. Sin embargo, la noticia de su esforzada y desesperada lucha por la libertad llegó pronto al continente y animó a la rebelión de los propios prisioneros, alentando la esperanza en miles de trabajadores chilenos hacia un mundo mejor, sin presidios, ni torturas, ni humillaciones, ni explotación. Así, pocos meses después de la huida, la guarnición de la colonia penitenciaria asesinó al prisionero, Manuel Arraño Cerda, por negarse a comer carne de cabro tuberculoso y agusanada.

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