1º DE MAYO EN MONTREAL, 1906 Y 1907
Frente a la represión, voluntad obrera y manifestación
En Montreal, la gran ciudad de la región francófona de Canadá, Quebec, a principios del siglo XX, había diversos grupos anarquistas y libertarios -Groupe anarchiste de Montréal, círculo Alpha Omega, Grupo de Ayuda Mutua entre los más destacados-, que trataban de impulsar la lucha social, cultural y sindical contra el régimen de autoridad política, económica e ideológica, representado por el Estado y su administración, la burguesía propietaria y, sobre todo, la jerarquía eclesiástica católica.
La primera de esas manifestaciones en Montreal, tuvo lugar el 1º de mayo de 1906. Impulsada por una unión circunstancial de los grupos obreros anarquistas y socialistas autoritarios, enarbolando banderas negras y rojas, estuvo a punto de no celebrarse, ya que los trabajadores de origen judío temían que sus compañeros francófonos y anglófonos se echaran atrás en el último momento y les dejaran manifestarse solos por las calles de Montreal. Sin embargo, al final, fue el poeta Jack Dorman quien medió entre los distintos grupos lingüísticos, asegurando a cada uno de ellos contar con el apoyo de los demás.
El cortejo de la manifestación resultó un gran éxito, que despertó tanto el entusiasmo de los organizadores, como el temor de las autoridades y empresarios. Cientos de personas, con presencia de todas las «nacionalidades» residentes en la ciudad (italianos, rumanos, judíos, irlandeses y franco-canadienses) se reunieron en la Salle Empire antes de dirigirse hacia el Champ de Mars acompañados por una banda de música.
Entre los manifestantes había trabajadores de la Bargain Clothing Co. que esa misma mañana se habían declarado en huelga después de que su jefe se negara a darles el Primero de Mayo libre y a reducir su jornada laboral, a las ocho horas reivindicadas.
Al llegar al Campo de Marte, el escritor Jack Dorman tomó la palabra para denunciar el poder de los déspotas, al tiempo que auguraba el triunfo del socialismo en todo el mundo. Animó a los participantes a mostrar su solidaridad con tres miembros de la Western Federation of Miners acusados de atentar mortalmente contra el gobernador de Idaho, organizándose una colecta entre los manifestantes para ayudar a su defensa ante los tribunales que pedían para ellos la pena de muerte. Al final, durante el juicio, se desmontó la farsa y complot antisindical que estaba detrás de la fraudulenta acusación, resultando absueltos de todo cargo los tres sindicalistas mineros.
A partir de esta primera celebración, en cada uno de los años siguientes, cientos o miles, marchaban por las calles de Montreal el 1º de Mayo, a pesar de la represión que poco a poco iba cayendo sobre ellos, cuando la gendarmería, la policía y la jerarquía católica, primero intentando que fuese el ayuntamiento quien prohibiese todas las manifestaciones de ese día y, enseguida, organizaron su boicot, actos de provocación y matonismo anti-obrero.
En una carta pastoral ampliamente difundida en la prensa del 29 de abril de 1907, el obispo, monseñor Bruchési, escribía: “El año pasado, hombres que se proclaman socialistas, no contentos con afirmar principios que subvierten de palabra o de obra el orden establecido, hicieron una manifestación (…).afirmaban doctrinas falsas, peligrosas … En efecto, el derecho de propiedad privada es uno de los fundamentos sobre los que descansa la sociedad. … salir a la calle, siguiendo esa bandera que hoy se reconoce en todas partes como el triste símbolo de las ideas revolucionarias y anárquicas, levantarse contra lo que garantiza el orden público y la paz, declarar la guerra a las augustas decisiones y a las sabias orientaciones de la Iglesia, sembrar la semilla de la discordia y el malestar en el camino o en reuniones tumultuosas, esto no es cristiano, esto no es patriótico, esto no es canadiense, y antes de que el mal sea demasiado grave queremos hacer todo lo posible para evitarlo”.
Estudiantes de la Universidad Laval respondieron a la invitación del clero. Decenas de ellos atacaron a los manifestantes reunidos en el Campo de Marte, antes de que la concentración fuera finalmente dispersada por las repetidas cargas de la policía montada. El mismo escenario se repetiría durante varios años, pero fue inútil para apagar la rebelión de los militantes obreros, que prosiguieron su movilización y presencia en los 1º de Mayo.
