EXILIO ESPAÑOL ANARCOSINDICALISTA EN MONTRÉAL / 1
Durante la II Guerra Mundial y en los años inmediatos siguientes, multitud de personas procedentes de todo Europa llegaron como refugiados al puerto canadiense de Halifax. Entre ellos, había un importante número de anarquistas españoles, exiliados de su país tras la victoria de Franco, primero en Francia y, después, dirigiéndose hacia cualquier país que, al menos en principio y en la propaganda oficiosa, les ofreciese la posibilidad de vivir conforme a sus propios ideales.
Los exiliados a medida que iban llegando a Halifax, eran recibidos por agentes de la emigración y el gobierno canadiense. Tras el recibimiento oficial y obtener el permiso de residencia provisional eran trasladados a la ciudad de Quebec, dirigiendo a cada uno de ellos a un empleador. Aunque algunos optaron por establecerse en Quebec, la mayoría pronto decidieron dirigirse a Montreal.
Tanto en una ciudad, como en la otra, los españoles se dispusieron, en primera instancia, a organizarse en Federaciones Locales de sindicatos de la CNT española, por más que muchos de ellos, una vez conseguido trabajo, también optarán por incorporarse, simultáneamente, a las organizaciones sindicales canadienses, con presencia activa en sus talleres y centros de trabajo.
Algunos trabajaron en la construcción, la industria pesada y la fabricación. Otros se hicieron leñadores, camareros o panaderos. En estos trabajos los anarcosindicalistas españoles se codearon por primera vez con el sindicalismo norteamericano, lo que representó para ellos un abrupto choque que ya nunca podrán resolver. Venían de un país donde el sindicalismo era transformador y revolucionario, de acción directa y solidaridad insoslayables, autónomo y libremente construido por los trabajadores, al margen de toda autoridad y, a menudo, en conflicto abierto con el Estado y su legislación. Sin embargo, en Canadá, debido a la fórmula legal del «taller cerrado», se vieron obligados a afiliarse a un sindicato que no habían elegido, ni habrían aceptado y contra el que habían luchado denodadamente. El movimiento obrero canadiense practicaba un sindicalismo que «se acomodaba» a la patronal, muy lejos de lo que los libertarios habían vivido en su país. En estas circunstancias, muchos de los exiliados se vieron abocados a luchar duramente contra el dirigismo de la burocracia sindical norteamericana o bien, a refugiarse en la lucha contra Franco, en un dramático y vano intento de acabar con el exilio y volver a España.
Fue éste el caso de los compañeros Enrique Castillo y Elvire Hernández, quienes, con sus dos hijos, de 16 y 12 años, se instalaron en Montreal en 1953, donde Castillo encontró trabajo en Canadian National en el mantenimiento de vagones. Castillo había sido secretario de una sección metalúrgica afiliada a la CNT durante los años 30 en Barcelona, y después en un grupo de Montauban (Francia), por lo que sus compañeros le pidieron que asumiera el mismo papel en Montreal. Lo que efectivamente hizo, desempeñando un papel activo en la federación local de la CNT, que contaba en aquella ciudad con unos cuarenta miembros, pero no lo logró en el sindicato canadiense legal en su empresa.
El primer objetivo de los núcleos de la CNT en el exilio canadiense era “mantener viva la llama de la revolución libertaria, disponer de un vínculo orgánico con las actividades de la CNT en el exilio europeo, con sede en Toulouse, y colaborar en la organización y actividades de la “Solidaridad Internacional Antifascista” (SIA)” y, después, “restablecer lazos con otras organizaciones sindicales y políticas españolas antifascistas, para derrocar a Franco”.
Entre el grupo de militantes encargados de impulsar el SIA local estaba Alfredo Monrós, cuyos dibujos utilizaban sus compañeros para ilustrar las octavillas y folletos publicados por los miembros de la CNT. La federación local de Montreal publicó en 1963 una colección de sus obras, bajo el título de “Reflejos de España” que representan “el dolor de la muerte, la angustia de dejarlo todo atrás y la lucha incansable contra la barbarie fascista.” Se trata de una colección de 12 láminas sueltas en carpeta, prologadas por Ramón J. Sender en español, francés e inglés.
No pasará mucho tiempo antes de que el enfrentamiento, primero, y el alejamiento, inmediatamente después, entre los sindicalistas españoles y la burocracia sindical canadiense se radicalice y haga cada día mas notorio. Pero esto ya será materia de otra hojita genofontiana y campanera.

Enrique y Elvira son mis tíos, Elvira era la hermana de mi abuelo. Nosotros seguimos viviendo en Barcelona.
Enrique y elvira eran amigos de mis padres Felix y casimira Colas desde Montauban, ( 1939 )
Los castillos se fueron a Canada mis padres a Brasil ,
Años después fui varias vezes a Montreal ( por trabajo ) y consegui encontrarlos y me vi con los Castillos padres
Y los Hijos también Nardo y Riri
Nunca los olvidaremos
Felix Colas Morea y Elza Colas
Desde Sao Paulo , Brasil