VII Época - 70

GUILLERMINA ROJAS, EXPERIENCIA Y ACCIÓN DE UNA OBRERA INTERNACIONALISTA / 1

De la militancia republicana a la acción social y sindical autónomas

Guillermina Rojas nació en 1848, en el antiguo Puerto de la Orotava de Tenerife, en el seno de una familia trabajadora y emigrante. Su padre, Pedro Rojas, nacido en El Ferrol, zapatero de oficio, estaba casado con Dolores Orgis, de un pueblecito cercano a la costa de Güimar, en Tenerife, trabajadora costurera. Tenían tres hijos, todos nacidos en Canarias, siendo Guillermina, la segunda en edad.

En 1854, cuando Guillermina contaba seis años de edad, los padres decidieron emigrar a la Península, afincándose en Cádiz. Por aquél entonces, la sociedad gaditana albergaba numerosos grupos con inquietudes políticas republicanas muy activos, pero también con clubs y colectivos afectos al socialismo y primeros albores del asociacionismo y sindicalismo revolucionarios, No en vano, el cambio de residencia de la familia coincide con la revuelta insurreccional de 1854 y el protagonismo en el gobierno de España del llamado “Bienio Progresista” (1854-1856) del general Espartero y Leopoldo O’Donell y la tímida instauración en el país de algunas reformas liberales, que muy pronto chocarían con la creciente conflictividad obrera, que en 1855 llegó a declarar la primera gran huelga general en España.

Durante su infancia, Guillermina pudo asistir a alguna desconocida escuela, lo que era muy poco frecuente en aquella época para una familia obrera. Cuando Guillermina contaba 16 años, sigue los pasos maternos empleándose como costurera, pero gracias a los conocimientos adquiridos en la escuela, con el apoyo de sus padres, logró ingresar en la Escuela Normal de Magisterio, compaginando los estudios con su oficio de costurera. Finalmente, obtuvo en 1868 el título de maestra elemental, más el curso adicional seguido para la obtención del grado superior. En ese año, la joven costurera, consigue una plaza de profesora ayudanta en una escuela pública de niñas de la localidad.

Sin embargo, una decisión de Guillermina pondrá término a esta recién estrenada situación laboral. En el mismo año que Guillermina había conseguido su título y obtenido la ansiada plaza de maestra en una escuela, la ciudad de Cádiz protagoniza en septiembre de 1868 el alzamiento que acabaría con la monarquía de Isabel II y traería a España la I República, el sufragio universal (limitado a los varones), la tolerancia religiosa, la libertad de opinión, el derecho de reunión y de asociación, recogidas en un nuevo texto constitucional elaborado en 1869.

La inestabilidad política de la recién instaurada I República, aunque contó con el apoyo de la naciente clase obrera que intervino activamente en el alzamiento armado, alineada con el partido republicano federal (del que no tardaría en separarse, defraudada con su actitud una vez en el poder político central y municipal), favoreció la expansión del internacionalismo obrero socialista, impulsado por la recién organizada Federación de la Región Española, adscrita a la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT).

Tras apenas un año como maestra en la escuela municipal, Guillermina se incorpora a la efervescencia cívica y militante propiciada por los republicanos. Se enfrenta a la autoridad gubernamental en los días de barricadas y desórdenes públicos del mes de diciembre, asiste asiduamente a los clubes y círculos republicanos, en los que, en principio, se desarrolla una incipiente democracia directa (pronto desmentida) que permite a los simpatizantes de la causa republicana elegir a sus representantes en el Comité local.

En este contexto, ya en 1869, Guillermina Rojas, junto a otras compañeras da el paso decisivo al fundar un club republicano femenino, al que pondrán el nombre de la mítica heroína republicana Mariana Pineda, convertida en símbolo de la libertad tras su inmolación por la causa. Solicita entonces un breve permiso para restablecer su salud, que será definitivo, no volviendo al puesto que ocupaba, para dedicarse por entero a la actividad, en principio en filas del partido republicano federal, pero muy pronto, en los núcleos obreros de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) y, cuando estalle la ruptura en la AIT entre sus dos facciones principales, -la autoritaria y centralista, ligada a los partidarios de Carlos Marx, y anti-autoritaria, federalista y anarquista, representada por Bakunin- Guillermina se inclinará por los libertarios, defensores de la lucha y la revolución social en todos los órdenes, también en el de la reivindicación femenina, frente a los marxistas y sus proclamas en favor de participar en la lucha política y afianzar la autoridad de un nuevo “estado obrero”.

El liderazgo de Guillermina en el grupo parece indiscutible. Pese a su juventud, tan sólo tiene 21 años, es elegida por sus compañeras presidenta del club. Es el momento de estrenarse como oradora, de forjar su imagen pública en el compromiso con la causa que defiende, señalando lo que pueden aportar las mujeres a la misma.

Pero lo que sigue, ya será cuestión de otra hojita genofontiana, la próxima semana.

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