GUILLERMINA ROJAS / y 3 CONFRONTACIÓN EN EL SENO DE LA AIT
Decíamos en números precedentes de La Campana que la joven Guillermina Rojas, tras apenas un año como maestra en la escuela municipal, decidió mantenerse en su oficio de costurera e incorporarse a la efervescencia cívica y militante propiciada por los partidos políticos republicanos del momento, fundando un club republicano femenino, al que pondrá el nombre de la mítica heroína republicana Mariana Pineda, convertida en símbolo de la libertad tras su inmolación por la causa.
A esa inicial participación en los grupos locales del republicanismo, siguió en Guillermina un gradual cambio de orientación, ideológico y práctico, que no pasó desapercibido a ninguno de sus amigos y compañeras de militancia, pues cada vez era más intensa la implicación de la muchacha costurera en las organizaciones propiamente obreras de Cádiz.
En 1870 tuvo lugar el Primer Congreso de la AIT en España, celebrado en el mes de junio en Barcelona, del cual surgiría la Federación Regional Española de la AIT. En el Congreso se hicieron presentes y mantuvieron representadas las más poderosas corrientes ideológicas que venían desde 1868 confrontando las agrupaciones obreras europeas e internacionales, entre ellas las que protagonizaban los liderazgos respectivos de Bakunin (anarquistas o socialistas antijerárquicos, federalistas) y Carlos Marx (socialistas autoritarios, centralistas, partidarios de la conquista y ejercicio del poder del Estado).
En correspondencia con estos hechos, también las agrupaciones de la Asociación Internacional del Trabajo (AIT) en Cádiz, día a día se mostraban más y más alejadas de los partidos republicanas, cuyos líderes, una vez lograban acceder al poder político en cualquiera de sus ámbitos, municipal, provincial o estatal, se solían desentender de las más sentidas y urgentes reivindicaciones obreras y campesinas.
La marcha de Guillermina hacia Madrid y su integración en la Federación Local Obrera madrileña de la AIT, aceleraría el cambio ideológico de la muchacha y la ruptura paulatina con su afinidad republicana, con la gravedad de que será precisamente en Madrid, en la Federación local de la AIT, en 1872, donde se producirá la ruptura de la Federación Regional Española de la AIT, entre los bakunistas (la mayoría) y los marxistas (minoría)
Un año antes de la ruptura en Madrid de la AIT, el 22 de octubre de 1871, nuestra protagonista se encuentra subida a la tribuna del Teatro Rossini de los madrileños Campos Elíseos, en un mitin organizado por la Federación Local Madrileña, para poner coto a las intenciones de ilegalización de la Primera Internacional, promovida por el gobierno de Sagasta en el Congreso de los Diputados, alarmado ante los acontecimientos de la Comuna parisina de la primavera de ese año.
En su “razonado y elocuente discurso”, según el conocido dirigente obrero anarquista, Anselmo Lorenzo, Guillermina “censuró la propiedad individual por injusta; la idea de patria por antihumanitaria, y la actual constitución de la familia, por deficiente respecto del cuidado físico y moral de los hijos, y tiránica respecto de la mujer”, por lo que se declaró defensora del amor y contraria al matrimonio, propugnando la libertad de conciencia religiosa en el seno de la Internacional y combatiendo a sus detractores en el Congreso de Diputados.
Guillermina no pudo sustraerse al debate ideológico y a los conflictos en el seno de la Internacional obrera y de la Federación Local madrileña, protagonista en España de esta primera escisión del movimiento obrero organizado.
Según el testimonio de Paul Lafargue, el yerno de Carlos Marx y uno de los personajes más activos en la escisión madrileña de la AIT, Guillermina, mantuvo una postura incierta que primero la inclinó hacia la corriente autoritaria para después desvincularse completamente de ésta y relacionarse definitivamente con las agrupaciones y líderes vinculadas a la corriente libertaria, federalista y anarquista, que serían finalmente expulsados de la Internacional por la iniciativa de Carlos Marx, poco antes de tener que disolverse definitivamente la Primera Internacional, en 1876.
Poco se conoce de la biografía personal y militante de Guillermina, una vez disuelta la gran Asociación Internacional de Trabajadores, en 1876. En 1919 aparece su firma en una columna del periódico anarquista, Rebelión, editado en Cádiz, lo que sugiere la vuelta a la ciudad de origen de una Guillermina en edad madura, alcanzando, finalmente, la vejez con una absoluta coherencia ideológica.
