VII Época - 74

“MONTE VERITÁ”: EL DIFÍCIL COMIENZO / 2

Salud, arte, naturismo y armonía frente a todo Estado y autoridad

Recordábamos en la anterior hojita genofontiana, como en octubre 1900, seis personas, tres mujeres alemanas, dos de ellas hermanas, Ida y Jenny Hofman y Lotte Hattemer y tres hombres, el joven belga, Henri Oedenkoven y los hermanos austríacos, Karl y Gustav Gräser, decidieron abandonar, física y emocionalmente, el odioso (des)orden económico, político y social que regía en sus países, poniéndose en marcha hacia algún lugar todavía desconocido, en el que poder disfrutar de una vida propia, sin ataduras ni servidumbres dolientes a la catástrofe del industrialismo burgués.  en libertad y coherencia feliz con la naturaleza.

En el otoño-invierno de 1900, a caballo entre los siglos XIX, que terminaba, y X, que se iniciaba, cinco miembros del grupo -Gustav Gräser, se incorporaría una vez iniciado el viaje- renunciando a la civilización y vínculos burgueses en los que hasta el momento habían vivido, se pusieron en marcha hacia el Sur en post de la utopía que anhelaban, aunque cada uno de ellos la intuyese y plantease de modo muy diferente. Lo que no tardarán en comprobar, por más que las controversias no empañarán nunca la amistad, el afecto y aprecio que a todos unía.

El comienzo del viaje al Sur, que les condujo en primer lugar al lago Como, en la Lombardía italiana, lo describe Ida Hofmann en su libro Monte Verità-Warhreit ohne Dichtung: “Nuestra sencilla y vaporosa ropa, nuestras cabezas sin cubrir, nuestros pies descalzos o solamente cubiertas con sandalias, despertaban en todas partes gran sensación”. Llegados a la orilla del famoso lago, decidieron volver a ponerse en marcha, pero ahora dividiéndose en dos grupos. Dos de las mujeres, Ida Hofmann y Lotte Hattemer, si dirigieron en dirección a Ponte Tresa, en el cantón suizo del Tesino, en el distrito de Lugano. “Lotte y yo -escribirá Ida- vagamos soportando el frío … tiritando de frío y con frecuencia empapadas por la lluvia que caía de modo incesante … con un montón de gente que, en cuanto llegábamos a una localidad habitada, nos seguía los pasos alarmada por nuestro aspecto e insuficiente ropaje … “. Ya en lago Maggiore se encontraron con los hermanos Gräser y Henri Oedenkoven, decidiendo continuar viaje andando hacia Locarno y la cercana ciudad de Ascona.

En la comuna de Ascona, Ida Hofmann, Henri Oedenkoven y Karl Gräser se decidieron por la compra de una parcela de tierra virgen de unas cinco hectáreas, situada en una colina cercana, entre bosques de castaños y formaciones rocosas con vistas al lago Mayor.  Con aquella decisión, nació para la historia uno de los proyectos de vida colectiva, naturista, ajeno a toda autoridad, renegando de todo Estado e imposición jerárquica, conocido como “Monte Veritá”.

Inmediatamente comenzaron a hacer planes para levantar el futuro sanatorio que tenían en mente, pero antes debían trabajar la tierra, roturar el bosque, plantar árboles frutales y labrar el huerto del que poder alimentarse, según la estricta dieta vegetariana a la que se habían comprometido, construir los iniciales chabolos de refugio y primeras cabañas de madera.

En estas circunstancias, comenzaron los primeros problemas y desavenencias entre los fundadores. Henri e Ida, conviviendo ya en pareja, aspiraban a levantar el ‘sanatorio natural’, un lugar en el que los visitantes pudiesen resolver los conflictos y el desasosiego de propio las ciudades capitalistas, en un ambiente natural, incontaminado y sano. Sin embargo, Karl Gräser, renegando de cualquier proyecto comercial o clientelar dinerario, pugnaba por mantener el lugar como una colonia-comuna, en la que la vida común se rigiese por el principio de la economía autárquica, el apoyo mutuo y el esfuerzo y trabajo necesario colectivamente compartidos y colectivamente decididos. Por su parte, Gustav Gräser, enseguida iniciaría su vida errante … “vestido con una larga túnica sobre unos pantalones a la altura de la rodilla … el pelo largo … sujeto por una diadema en la frente … con un cayado en la mano … vagaba descalzo o con sandalias …”, allá donde le llevase el albedrío. De vez en cuando, reaparecerá en la colina, acogido siempre con gran cariño y alegría por sus amigos.

Pese a estas animadas discusiones y discrepantes planteamientos entre los fundadores, poco a poco, Monte Veritá irá, poco a poco, construyéndose, definiéndose y consolidándose, al tiempo que extendiendo su fama como lugar alternativo a la sinrazón del orden estatal y económico capitalista. Pero esto ya será materia de la próxima entrega …

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