VII Época - 81

DOS MODELOS DE ORGANIZACIÓN SINDICAL OBRERA, FRENTE A FRENTE

De La Haya (septiembre 1872) a Córdoba (1872/1873)

Frente a un modelo autoritario y centralista de la organización obrera, trabajadores españoles, reunidos en Congreso en Córdoba, construyen un modelo federal, antiautoritario y antiburocrático, en el que el pronunciamiento de sus delegados y resoluciones firmadas estarían sometidas al escrutinio y aprobación final de las agrupaciones obreras.

El Congreso Obrero de Córdoba (diciembre 1872 / enero 1873), comenzó bajo el signo de la división obrera. La polémica entre marxistas y anarquistas había enrarecido las relaciones entre las distintas organizaciones obreras que estaban afiliadas a la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT). Los partidarios de las tesis marxistas consideraban necesario dotar de poder de decisión al Consejo General (central, con sede en Nueva York tras su traslado desde Londres) de la AIT e impulsar partidos políticos entre los trabajadores, mientras que los anarquistas y antiautoritarios consideraban la central obrera como una asociación federalista, sin comité central que pudiera imponer sus criterios a las entidades libremente federadas, al tiempo que se declaraban opuestos a la intervención en política.

Desde el 2 al 7 de septiembre de 1872 se había celebrado un Congreso de la AIT en la Haya, bajo el control de Marx, a la sazón Secretario General, quien pretendía la expulsión de la corriente bakuninista y federalista, opuesta a otorgarle capacidad de decisión. El intento de expulsión acabó con la ruptura del Congreso y la marcha de la gran mayoría de los delegados españoles y de otros países. El grupo discrepante decidió reunirse en Saint Imier unos días más tarde, entre el 15 y el 16 del mismo mes, resolviendo reafirmar su carácter antiautoritario, apolítico y federalista.

En este ambiente, los Internacionalistas españoles (salvo el pequeño grupo de Madrid que aceptó las resoluciones deLa Haya) decidieron proponer la celebración de un Congreso para dentro de tres meses. Una vez recibida la respuesta favorable de la mayoría de las federaciones, se convocó oficialmente el Congreso para el mes de diciembre en Córdoba.

El día de Navidad, Tomás González Morago, un obrero grabador madrileño, declaró abierta la primera sesión pública, aunque el Congreso había comenzado de hecho el día anterior, con la lectura de adhesiones, listado de entidades asociadas, aceptación de delegados e informe del Consejo federal de la sección española de la AIT y la elección de mesa del Congreso para el día siguiente.

Si bien el día 25 se nombraron las comisiones encargadas de elaborar las ponencias que deberían ser debatidas, las discusiones empezaron a ser más vivas al día siguiente, al debatirse la conveniencia de editar un periódico diario que cohesionara la organización. La propuesta fue rechazada tras un intenso y acalorado debate, aunque el día 27 se acuerda editar un Boletín de correspondencia, estadística y organización de la solidaridad obrera, pero que no debería ocuparse de cuestiones de principios.

El día 28 se estudiaron los estatutos de la Federación, que diseñaron una asociación claramente antiautoritaria, organizada de abajo-arriba. Con la mente puesta en la negativa experiencia del Congreso de la Haya, acordaron restar atribuciones al Comité federal que quedó reducido a un organismo meramente coordinador y se fortaleció la capacidad de cada una de las entidades locales. Una de las cuestiones en las que ese espíritu anticentralista se hizo más patente, fue al tratar el tema de la aprobación de las resoluciones del Congreso, llegándose a la conclusión de que éstas no serían válidas hasta cincuenta días más tarde, cuando fueran ratificadas por votaciones en cada una de las entidades locales federadas. De este modo -concluían los congresistas- las resoluciones reflejarían el verdadero sentir de la Federación y no únicamente el de los delegados al Congreso. Ese mismo día se acuerda ratificar los acuerdos del Congreso internacional de Saint-Imier y condenar los adoptados en el Congreso de la Haya.

Así pues, en esta fecha y en este Congreso se consumó en la Península Ibérica la división de la clase obrera en las dos tendencias fundamentales que alimentarán la acción obrera en las décadas siguientes. Fue una escisión que siguió paso a paso la polémica que había sacudido todo el movimiento obrero internacional y en la que los trabajadores españoles, de una y otra escuela, habían tenido una participación destacadísima desde los primeros tiempos.

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