VII Época - 96

LA LUCHA SIN FRONTERAS DE ABELARDO SAAVEDRA / 1

Por la Tierra y la Libertad, por la Escuela y formación obrera, por el comunismo libertario

En su obra ‘Abelardo Saavedra, un anarquismo’, el bisnieto del anarquista andaluz Abelardo Saavedra Toro (1860-1938) describe la singular aventura del bisabuelo, cuya única patria era un mundo sin fronteras, fruto indestructible de la solidaridad rebelde de quienes se enfrentaban a toda injusticia, explotación y desigualdad.

Nacido en la localidad gaditana de Villamartín, viajero en un revolucionario ir y venir entre su península natal y el continente americano, de rebeldía en rebeldía, de proceso judicial en proceso judicial, de cárcel en cárcel, de exilio en exilio, Abelardo Saavedra participará en algunos de los acontecimientos más destacados de la historia del movimiento obrero y la lucha revolucionaria a ambos lados del Atlántico.

Su militancia sindical comienza cuando ya tenía 50 años, por más que su formación anarquista y libertaria la viniese ejerciendo desde tiempo atrás. Su nombre adquirirá notoriedad entre los obreros de Sevilla, al intervenir como uno de los organizadores de la huelga de tranvías de 1910, en la que se puso de manifiesto la fuerte implicación del anarquismo sevillano en la lucha social.

Por esos años comenzó a destacar como editor de prensa libertaria y propagandista orador en las campañas llevadas a cabo por las sociedades obreras y agrupaciones anarquistas por las provincias andaluzas, lo que le supuso un sinfín de pleitos judiciales, detenciones gubernativas y encarcelamientos, sobre todo relacionados con la sañuda persecución de la prensa obrera y anarquista llevada a cabo por las autoridades gubernativas y los caciques.

Tras salir de la cárcel, sus compañeros le aconsejaron marchar a Madrid, donde apenas era conocido por la policía y las autoridades y podría continuar su labor militante en favor del ideario anarquista de libertad y solidaridad, contra toda forma de explotación u opresión de un ser humano sobre otro.

Sin embargo, nada más llegar a Madrid, en 1904, destacará por su participación y labor organizativa en las luchas sociales y vecinales del barrio de Cuatro Caminos. Ya en el primer año de estancia en la capital asumió la dirección de una escuela para hijos de obreros en la calle Hernani. Se trataba de una escuelita, fundada por La Educación de El Porvenir, una sociedad nacida para la creación de escuelas laicas fundada en el Centro Obrero Societario de la Costanilla de los Ángeles.

Coincidiendo con su etapa como director de la escuela sucedió el hundimiento de un depósito de agua del Canal de Isabel II en 1905, en el que murieron al menos 30 trabajadores y dejando malheridos a no menos de 50, la mayoría vecinos de la zona. Inmediatamente se organizó un mitin sobre el hecho y denunciar las condiciones de trabajo y falta de seguridad que propiciaban las dimensiones trágicas de este tipo de ‘accidentes’, por otra parte previsibles. En el mitin organizado por el centro obrero de Costanilla, intervino Abelardo Saavedra, involucrado también en otras luchas activas como las del inquilinato por el alto coste del alquiler de las viviendas en la zona.

Con frecuencia salía de Madrid –hacia donde llegara el tren– para hacer giras de propaganda. En estas labores le acompañaban sus amigos Francisco González Sola, Antonio Ojeda o José Sánchez Rosa, con quienes formó la Agrupación 4 de mayo, que se hizo cargo de la edición del ‘Tierra y Libertad’, en el que empezaría a utilizar el pseudónimo de “Garín”.

Las causas pendientes por delito de imprenta se amontonaban unas encima de las otras y las entradas y salidas en prisión eran frecuentes, pues en 1906, Abelardo Saavedra era ya un militante lo suficientemente conocido y vigilado por la policía para justificar a los ojos de las autoridades que fuese detenido, conjuntamente con su hijo de dieciséis años, y encarcelado sin prueba alguna, con la excusa de las pesquisas para localizar a Mateo Morral, autor del atentado contra el rey Alfonso XIII en la calle Mayor de Madrid. Tras su encarcelamiento hubo de marchar, a Barcelona, disponiéndose a reanudar la publicación de “Tierra y Libertad” en la capital catalana.

Pero, al igual que había ocurrido en Madrid, esa primera estancia en la capital catalana le durará poco, pues no tardará en sufrir su primer exilio. Primero a Francia, después, a Argelia y, al año siguiente, a Cuba. [Continuará]

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