ANTONIO LOREDO / 3
(Vigo, 1879 – Logroño, 1916; entre medias Argentina y Uruguay)
1905: Persecución de la actividad sindical y de la autoorganización obrera
Como decíamos en las dos anteriores entregas genofontianas, Antonio Loredo, nacido en la ciudad de Vigo, en 1879, emigró a Argentina hacia 1900, donde desarrollará una intensa actividad sindicalista y social anarquista, primero en Argentina y Uruguay y después en España, hasta su muerte en 1916, en la capital riojana, Logroño. Terminaba el segundo capítulo con el relato de su intensa actividad sindical en el seno de la organización obrera, Federación Obrera de la Regional Argentina (FORA) y los grupos de afinidad anarquistas, sobre todo en el grupo, Nueva Luz, entre 1904 y 1905.
A comienzos de 1905, el gobierno conservador argentino, con la excusa de enfrentarse a un levantamiento impulsado por el partido político rival, Unión Cívica Radical (UCR), dirigido por el político Hipólito Yrigoyen, aprovechó la situación y la declaración del estado de guerra para intentar destruir el movimiento obrero argentino y acabar con la influencia revolucionaria que los líderes anarquistas ejercían en su seno y en el conjunto de la sociedad. En lo inmediato, el mismo 6 de febrero -al día siguiente del alzamiento de la UCR- el local de La Protesta, la publicación de la FORA, dirigida por el conocido anarquista Alberto Ghiraldo, fue allanado por la gendarmería armada, lo que fue seguido del allanamiento del resto de las publicaciones libertarias, como “Martín Fierro” y de los principales locales obreros, entre ellos el local donde se reunían el grupo anarquista la Nueva Luz y diversas organizaciones sindicales, entre ellas el gremio de los Peluqueros, en el que participaba Antonio Loredo. En los días siguientes, decenas de obreros y militantes sindicalistas, anarquistas y socialistas de origen emigrante fueron detenidos y encarcelados en buques, como el navío de guerra “Maipu”, para ser deportados a sus países de origen, haciendo escala en Montevideo.
Pese a la fortísima represión, las organizaciones obreras -en esta ocasión unidas la FORA anarquista y comunista libertaria y la UGT, socialista y organizada jerárquicamente- convocaron para el 21 de mayo una importante manifestación, que debía discurrir por las grandes avenidas de Buenos Aires. Sin embargo, la pacífica manifestación fue atacada a balazos por la policía con el resultado de dos obreros muertos y un número indeterminado de heridos. Estos no acudieron a los hospitales por temor a ser detenidos por la policía, por lo que hubieron de ser atendidos por sus propios compañeros y el personal sanitario solidario en los locales sindicales y centros a resguardo de la persecución gubernamental.
A partir de ese momento la represión fue implacable. Día a día eran detenidos militantes conocidos por su actividad sindical, anarquista o socialista. Una y otra vez eran asaltados los locales de la prensa obrera y perseguidos sus distribuidores, incluso los niños, los canillitas, que voceaban y vendían los periódicos por las calles. El acoso, las amenazas, lo disparos intimidatorios, las detenciones arbitrarias, las palizas, las deportaciones inmediatas … eran incesantes.
“En medio de esta vorágine represiva”, el 18 de junio, en el salón de la Asociación Española de Socorros Mutuos, la sección de Oficios Varios de la Federación Obrera Local de Barracas Norte, convocó a una conferencia pública a Antonio Loredo, quien -sabiendo que estaba en el punto de mira de la policía- mantenía desde el mes de febrero la actividad resistente en práctica clandestinidad. Sin embargo, aún sabiendo de antemano lo que le esperaba, decidió aceptar la invitación. Finalizada la charla, a la salida misma del local sindical, la policía lo detuvo y, tres días después, el gallego Antonio Loredo será expulsado de su país de acogida, Argentina, y deportado oficialmente hacia España. Sin embargo, el buque en que iba preso, debería detenerse en el segundo gran puerto del río de La Plata, Montevideo, lo que permitirá a Antonio Loredo y a sus compañeros de deportación, evitar el destino que le había asignado las autoridades argentinas, desembarcando y afincándose en Uruguay. Pero esto ya es otra historia, que merece ser contada en una próxima entrega. (continuará)
