ANTONIO LOREDO / 4
(Vigo, 1879 – Logroño, 1916; entre medias Argentina y Uruguay)
La solidaridad obrera y anarquista logra en Uruguay la libertad para los deportados
Como decíamos en anteriores reseñas, Antonio Loredo, nacido en la ciudad de Vigo, en 1879, emigró a Argentina hacia 1900, donde desarrollará una intensa actividad sindicalista y social anarquista, primero en Argentina y Uruguay y después en España, hasta su muerte en 1916, en la capital riojana, Logroño. Terminábamos el tercer capítulo con la detención de Loredo el 18 de junio de 1905 en Buenos Aires, a la salida de una conferencia sindical y su expulsión del país tres días más tarde, para ser deportado oficialmente hacia España. El buque en que iba preso, antes de cruzar el Atlántico, debería hacer escala en Montevideo.
Sin embargo, un acontecimiento ocurrido en la capital uruguaya mes y medio antes de la arribada del buque, cambiará la suerte de Loredo. Era el mes de mayo. Un vapor de bandera gubernamental francesa, “Algérie” atracó en uno de los muelles del puerto de Montevideo. Llevaba entre su pasaje un cierto número de sindicalistas y anarquistas deportados, con destino a sus países de origen, la mayoría europeos. Entre ellos se encontraba el anarquista español Alfonso García de la Mata
“Como era costumbre -escribe el historiador Pascual Muñoz en la biografía de Loredo- cuando venía un barco con presos a bordos [de Argentina] que pasaba por Montevideo, un grupo de anarquistas se personaba dentro del barco con la excusa de despedir a alguien” por más que el verdadero motivo era proceder al rescate de los deportados, contando con la pasividad de la tripulación. Nada más conocerse en los medios obreros de Uruguay que en el “Algérie” venía deportado García de la Mata junto a otro anarquista, Aurelio Paganelli, se nombró una comisión integrada por los también anarquistas sindicalistas otrora expulsados -que habían logrado bajar del barco en el que iban deportados-, Joaquín Hucha, José Costa, J. Barboza y Constantino López, para que procediesen a encontrarse con el compañero prisionero y desembarcarlo. Todo se torció en el último momento, por la intervención del oficial del buque francés que ante la comisión de rescate alegó tener órdenes expresas del gobierno argentino al objeto de impedir el desembarco de ningún deportado. En ese momento, Aurelio Paganelli decidió lanzarse al agua, tratando de llegar a nado a la orilla, para morir ahogado en el intento.
El suceso conmovió a la sociedad obrera de Montevideo. Ante el fracaso de los comisionados, la muerte del compañero y la cínica actitud del capitán francés y de las autoridades uruguayas a las que se acudió en frustrada protesta, los estibadores del puerto convocaron de urgencia una reunión de las organizaciones obreras y grupos anarquistas para celebrar, en el domingo inmediato, un gran mitin de protesta que articulase la movilización necesaria. En esa misma semana, se supo que el presidente de Uruguay, Batlle y Ordóñes, se disponía a dar la orden que las asambleas obreras demandaban: que todo deportado que pasase por territorio uruguayo fuese libre de descender del barco y que todo funcionario que prohibiese u obstaculizase su desembarco fuese sancionado.
Así fue como Antonio Loredo, embarcado a la fuerza apenas un mes después de estos hechos, nada más llegar la embarcación a Montevideo pudo desembarcar y quedarse en la capital uruguaya, uniéndose a la lucha obrera sindicalista revolucionaria que en ese tiempo había estallado con enorme fuerza en todo el país. Los estibadores del puerto estaban en huelga desde hacía semanas, contando con la solidaridad de todos los oficios que trabajaban en los muelles. Los talleres del barrio de La Teja que trabajaban para el puerto también estaban paralizados y los huelguistas realizaban piquetes diarios impidiendo que los esquiroles contratados por los empresarios pudiesen sustituir a los obreros en paro. En esas circunstancias, “una huelga de los peones de barracas con una fuerte presencia de los huelguistas en las calles del barrio Villa del Cerro tuvo un epílogo sangriento cuando en la noche del domingo 18 de junio, el mismo día en que Antonio Loredo había sido detenido en Argentina y deportado rumbo a España, resultaron varios obreros heridos de bala y José Soto, un conocido trabajador del barrio fue asesinado por la policía”.
En la siguiente semana, el 25 de junio, pocos días después de la llegada de Loredo, se realiza en Montevideo un multitudinario mitin, convocado por las sociedades de resistencia que pronto formalizarán la Federación Obrera Regional Uruguaya (FORU), en el que participará como orador el recién llegado Antonio Loredo. (continuará)
