VII Época - 114

ANTONIO LOREDO / 5

Debate entre sindicalistas libertarios

Como decíamos en la anterior reseña, Antonio Loredo, nacido en la ciudad de Vigo, en 1879 y emigrado a Argentina hacia 1900, fue detenido el 18 de junio de 1905 en Buenos Aires por su actividad sindical y anarquista, y expulsado del país tres días más tarde, para ser deportado oficialmente hacia España.

El 27 de octubre de 1905 comienza a editarse en el barrio Villa del Cerro de la capital uruguaya el “quincenario de propaganda emancipadora, La Acción Obrera”, redactado por Antonio Loredo, quien se encuentra junto a su amigo, el también sindicalista de origen gallego, Adrián Troitiño. ambos vinculados a la agrupación anarquista “Nuevo Ideal”.  El bisemanario intervendrá con voz firme en la polémica doctrinal que en esos años sacudía el movimiento obrero a ambas orillas del Río de la Plata, tanto en Argentina como en Uruguay.

A un lado, los grupos que concebían la lucha sindical como una mera lucha reformista con el objetivo de ir consiguiendo paulatinamente mejoras económicas y laborales, pero sin cuestionar ni menoscabar la pertinencia histórica del régimen económico-político capitalista. En otro lado del espectro ideológico, proclamándose revolucionarios y no reformistas, los grupos que defendían la subordinación de las organizaciones obreras y gremiales a los postulados de los partidos y grupos políticos dispuestos a la conquista del poder político, fuese, en unos casos, a través de la vía electoral y, en otros, por la insurgencia violenta hasta hacerse con el estado e imponer una dictadura ‘proletaria” bajo la égida del partido político correspondiente.

Contra estos dos planteamientos de la acción sindical se pronunciará Antonio Loredo desde las páginas de La Acción Obrera y el Látigo del Carrero.

En la Declaración de principios La Acción Obrera, Loredo desarrollará su concepción de la lucha laboral (‘gremial’ en sus términos) como el equilibrio entre la actividad obrera en defensa de mejoras salariales, condiciones laborales y logros sociales y la lucha revolucionaria contra el capitalismo y el estado, pues mientras ambos actúen -alegaba- pervivirán la explotación y la servidumbre de la clase obrera y del conjunto social.  “Nuestra constante acción, dentro y fuera de los organismos obreros, determinará nuestro programa revolucionario y evolucionista a la vez ( …) no somos partidarios de un obrerismo estrecho sin finalidad filosófica, pero tampoco queremos embarcarnos en sueños filosóficos para abandonar la lucha diaria por la vida, entendemos que el hombre no solo vive de pan …”.

Loredo desarrollará este planteamiento en sucesivos artículos al entender que sin aplacar el hambre y acabar con la extrema miseria no podrá haber verdadera conciencia social que se imponga a la necesidad inmediata, rabiosa y violenta, de alimentarse y salvar de la desnutrición a los hijos. Además de producirse el hecho de que será precisamente en esa lucha colectiva por el pan donde la población obrera podrá tomar conciencia de que mientras exista el régimen capitalista reinarán explotación y miseria.

En el artículo publicado en el nº 1 de La Acción Obrera (Montevideo, 27 de octubre 1907) escribe: “ … se nota el germen de una nueva tendencia, titulada ‘sindicalismo’”  … al que [sus defensores] consideran como “un fin en si mismo” que “no acepta la finalidad filosófica de nuestros principios” anárquicos en lucha por una sociedad regida por la solidaridad y el apoyo mutuo en la que no quepan la explotación capitalista, ni la desigualdad social, ni opresión de ninguna clase de unos individuos sobre otros. “Este ‘sindicalismo’ caerá fatalmente en el corporativismo”.

Frente a este ‘sindicalismo’ que olvida la finalidad esencial de la lucha obrera, Loredo escribirá en “El látigo del carrero” (Buenos Aires, nº 54, febrero 1908): “Por eso yo tengo empeño que la organización obrera sea la escuela, la academia en donde los trabajadores se capaciten para hacer la revolución social ( … ) yo quiero que en los organismos gremiales se den cursos de pedagogía, de ciencia, de sociología, de filosofía y de arte para que los trabajadores conozcan la parte científica, intelectual y moral de la cuestión social

En esta polémica intervendrán de modo destacado las publicaciones La Acción Obrera, con Loredo como principal firma, y el periódico La Emancipación, defendiendo cada grupo posiciones muy distintas, en torno a la pertinencia de la lucha por las mejoras económicas en la acción sindical y social. Mientras en La Acción Obrera se acepta la lucha por mejores salarios y condiciones laborales como un medio necesario para mejorar la existencia cotidiana y, al mismo tiempo, aceitar los mecanismos de lucha contra el capital, en La Emancipación se rechazará este planteamiento por “desviar los fines revolucionarios de la emancipación social hacia mejoras puntuales que hacen que el capital se mantenga en pie”.

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