VII Época - 115

EL ANARQUISTA SARDO QUE QUISO LIBRAR A ITALIA DEL FASCIO

Michele Schirru: “Fusilamiento en la silla”, por pensar y desear matar al Duce

Michele Schirru, el anarquista sardo condenado en 1932 «por haber pensado matar a Mussolini», había nacido en 1899. Con apenas 18 años, al estallar la Primera Guerra Mundial, Schirru fue movilizado. No tardará en comprender la brutalidad de su decisión, al aceptar su incorporación al ejército. Las organizaciones obreras de Turín, vinculadas en su mayoría al movimiento sindical anarcosindicalista y colectivos libertarios, participaban activamente en el vivo debate que enfrentaba a los anarquistas de la época sobre la necesidad de participar de algún modo en la carnicería bélica que asolaba el mundo (por supuesto, enfrentándose a las potencias centrales que representaban el fantasma totalitario) o la obligación militante de desertar en la Guerra,

En agosto de 1917 el batallón al que pertenecía el joven Schirru recibió la orden de reprimir las manifestaciones de los obreros de Turín contra la guerra. El ejército lanzó carros de combate contra las indefensas barricadas, mientras las ametralladoras barrían las calles. Un número indeterminado, pero muy elevado, de huelguistas fue asesinado de este modo.

Schirru nunca podrá olvidar aquella crueldad, tal como demostró, pagando con su vida por ello. Tras el armisticio, en 1919, se le pudo ver mezclado en las manifestaciones de los trabajadores, siendo detenido en el mes julio.

Una vez libre, sin dinero, imposibilitado de encontrar trabajo, emigró a EE.UU., para reunirse con su padre, también emigrante. Como tantos otros italianos, una vez llegó a Norteamérica se unió a los grupos anarquistas de sus compatriotas, siendo detenido por sus actividades en la campaña en favor de Sacco y Vanzetti.

Mientras tanto, en Italia los fascistas de Mussolini dan un golpe de estado e implantan la dictadura. Michele, que se había casado con una anarquista siciliana, Minnie Pirola, y tenía dos hijos, se nacionaliza norteamericano. Esta circunstancia le permite escribir y ayudar sin ser molestado a la confección de revistas anarquistas en italiano, que se enviaban clandestinamente al país de origen. Los archivos policiales italianos, fichan a Michele como «enemigo de la patria».

En 1930, Michele regresa a Europa y se establece en París, donde se reúne con Emilio Lusso, otro anarquista sardo como él, al que comenta la «necesidad de matar a Mussolini para acabar con el fascio», A los pocos meses entra en Italia con su propio pasaporte, ya que ignora que un confidente de la policía fascista en Nueva York, había alertado a las autoridades italianas de que Schirru planeaba un golpe espectacular. Sin embargo, la policía se veía en dificultades para detenerlo por cuanto desconocía su aspecto. Durante un cierto tiempo, Michele entra y sale de Italia sin que la policía logre atraparlo, aunque ya sabe que la gendarmería había estado preguntando y haciendo un registro en casa de sus padres.

A fin de año redacta su testamento y sale desde Bruselas para Italia. Al pasar la frontera lleva escondidas una pistola y dos bombas de gran potencia. Llega a Roma el día 12 y enseguida estudia los itinerarios del dictador.

Sin embargo, el aviso de un hotelero pone a la policía sobre la pista de Schirru y este es detenido. En circunstancias no aclaradas, se desata en la comisaría un tiroteo en el que Michele resulta herido (el propio Schirru declaró haber intentado suicidarse, al darse cuenta de la imposibilidad de escapar).

Abandonado por todos -la mayor parte de su familia en Italia se había afiliado al fascio- salvo por su madre, mujer y los compañeros que desde el extranjero denunciaron impotentes la parodia de juicio que siguió a su encarcelamiento y tortura, Schirru confesó fríamente su intención de matar al Duce. El día 23 de mayo de 1932 se ultima la instrucción y el Tribunal Especial lo procesa tan sólo cinco días más tarde. Ese mismo día se dicta sentencia: «Fusilamiento en la silla», por pensar y desear matar al Duce. A las cuatro de la mañana del día siguiente se cumplió la sentencia. Antes de la descarga, gritó ¡Viva la anarquía! ¡Viva la libertad! ¡Muera el fascismo!

El carcelero que había vigilado al detenido durante la instrucción del proceso y el juicio, abrumado por la injusta condena, conmovido por la serenidad con que Michele se encaró al fascismo criminal, el mismo día de la ejecución se cortó las venas de las muñecas y de los pies.

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