VII Época - 117

PARÍS 1832: LES FEMMES LIBRES

Frente al intento de postergación de las mujeres, la acción decidida de Proletarias sansimonianas

En 1832, dos jóvenes mujeres obreras, Marie-Reine Guindorff, costurera, y Jean Désirée Véret, modista, influidas por las doctrinas del socialista utópico Saint Simón y sus discípulos, deciden crear un periódico propio, bajo el significativo título en su primer folleto de “La Femme Libre” (La mujer libre), que significará una de las primeras manifestaciones históricas del movimiento específico, francés y mundial, por la emancipación y libertad de las mujeres.

En el origen de su decisión estuvo una decisión de Prosper Enfantin, uno de los más importantes dirigentes de la doctrina sansimoniana, tras el fallecimiento siete años antes de su creador, Saint Simón. Cuando el 28 de noviembre de 1831 se publicó en Le Globe, el periódico oficial de los sansimonianos, la decisión de Enfantin de no permitir que las mujeres avanzaran en la jerarquía, Marie-Reine fue una de las jóvenes proletarias que se alejó de la comunidad.

De hecho, la decisión de Enfantin, considerándose uno de los Padres Supremos del colectivo, aparentaba ser contradictoria con la consideración de la Mujer que venía ofreciendo el sansimonismo, cuando poco después del fallecimiento de Saint Simón ya acogía a más de 200 mujeres, militantemente muy activas.  La importancia de las mujeres dentro del movimiento había logrado la creación de grupos específicos de mujeres, que ejercían el liderazgo en diversos ámbitos, como el de “Las proletarias sansimonianas”, al que pertenecían Marie-Reine Guindorff y Désirée Véret.

En el momento que Enfantin firmó aquella desafortunada decisión de postergar en el movimiento a las mujeres, Marie-Reine y su amiga Désirée Veret, decidieron afrontar la situación pasando a la acción disidente con la publicación periódica de un pequeño folleto diseñado y producido solo por mujeres.

Marie-Reine Guindorff, tenía entonces 20 años. Era costurera y desde hacía dos años se había incorporado al movimiento socialista santsimonista a través del “Degré Ouvrier” (Grado Obrero, también conocida como Escuela Obrera).

Jeanne-Désirée Véret (también conocida como Désirée Gay), también era muy joven. Nacida en París en 1810, ya era una figura muy conocida en los ambientes revolucionarios preocupados por la cuestión social, pionera en la lucha por la igualdad de las mujeres, la clase obrera y la emancipación sexual en Francia.

El primer título de la nueva publicación, aparecida el 15 de agosto de 1832, será “La Femme Libre”, que se convertirá en el “apostolado” de las mujeres obreras en el segundo número. En sus ediciones se subraya que cada uno de sus ejemplares ha sido redactado y publicado por mujeres.

Como señala uno de sus textos inaugurales, firmado por Marie-Reine: “Esta publicación no es especulación, es un trabajo de apostolado por la libertad y asociación de las mujeres. Habiendo sentido profundamente la esclavitud y la nulidad que pesa sobre nuestro sexo. Levantamos nuestras voces para pedir a las mujeres que vengan con nosotros, para reclamar nuestro lugar en el templo, en el estado y en la familia. Nuestro objetivo es la asociación. Las mujeres que hasta ahora no tenían una organización que les permitiera participar en algo grande, solo podían lidiar con pequeñas cosas individuales que las dejaban aisladas. (…) Somos Saint-Simoniennes, y es precisamente por eso que no tenemos este espíritu exclusivo que rechaza todo lo que no somos nosotros. (…)”.

La primera firma que aparece, Jeanne-Victoria, se atribue a Jeanne Deroin, una obrera costurera autodidacta, que escribe:

Mientras todos los pueblos se agitan en nombre de la Libertad y que el proletariado reclama su liberación, nosotras, mujeres, nos mantendremos pasivas ante el gran movimiento de emancipación social que está ocurriendo ante nuestros ojos? ¿Nuestra suerte es tan grande que no tenemos nada que reclamar? La mujer, hasta el presente, ha sido explotada, tiranizada. Esta tiranía, esta explotación deben cesar. Nacemos libres como el hombre y la mitad del género humano no puede ser, sin injusticia, esclavizar al otro. Comprendamos pues nuestros derechos; comprendamos nuestro poder; tenemos el poder atractivo, el poder del encanto, amar irresistible: sepámosla emplear. Rechacemos como esposos a todo hombre que no sea suficientemente generoso en consentir compartir su poder; ya no queremos más la fórmula, “Mujer, se sumisa a tu marido!” Queremos el matrimonio igualitario… antes el celibato que la esclavitud! (…)”. (Continuará)

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