CONTROVERSIAS ENTRE AMIGOS

Cuestiones de suma (o poca) importancia

Antípodo y Odopitán son dos amigos anarcosindicalistas y campaneros. Cada lunes los encontramos en el local del sindicato pontevedrés enzarzados en fraternales discusiones. Hace poco más de una semana que se encontraron por primera vez en meses, tras el confinamiento y las restricciones al desplazamiento en las últimas semanas.

Antípodo – Buenas tardes, Odopitán.

Odopitán – Hola, Antípodo. ¿Qué tal esta semana pasada? ¿Ya “la calle, el mar y el monte fueron tuyos” y no del gobierno?

Antípodo – Acepto tu ironía, pero no andas lejos de la verdad. Estuve con amigos, descubrí un lagarto azul posando sobre una piedra y observé una hembra de chorlitejo patinegro incubando sus huevos en el arenal de la playa. En fin, la vida llama y la muerte agoniza esperando.

Odopitán – ¡Prudencia, Antípodo, por ti y por los demás! Como decía Cervantes “Advierte que es desatino, siendo de vidrio el tejado, tomar piedras en la mano, para tirar al vecino”.

Antípodo – Ya, ya. Bien sabía el siervo que cuando el amo le aconsejaba prudencia y no alborotarse por un quítame allí cuatro granos de la cosecha, no tardarían sus hijos hambrientos en considerarlo un pusilánime.

Odopitán – Temo que hoy no sea de aplicación el aforismo que citas -por otra parte tan expresivo de una situación histórica del pasado-, pues con esta pandemia sobre nuestras cabezas no es lo mismo ser prudente que pusilánime.

Antípodo – ¡Vale!, pero concluirás conmigo que una misma palabra, según quien la pronuncie, puede significar cosas muy distintas. Cuando el rebelde y el juez invocan a la “justicia” o al “derecho”, no están refiriéndose a la misma cosa. Así que, ahí te va otro aforismo de plena actualidad: “Consejo de prudencia dado por el que manda es siempre amenaza al rebelde y excusa de resignación sumisa para quien acata”.

Odopitán – No discuto que pueda ser así en muchas ocasiones, pero no hoy. La epidemia aún no ha pasado y, según aseguran los científicos asesores del gobierno, un exceso de proximidad física, es una temeridad que causaría daños personales y sociales irreparables.

Antípodo – ¡No me puedo creer lo que dices! Repites como un papagayo lo que te dictan personajones de los que harías bien en desconfiar. Perdona, amigo mío, no entiendes nada de lo que está ocurriendo, simplemente acatas lo que te mandan y te excusas con la idea de que ellos -que sí saben lo que hacen-, sólo buscan tu bien.

Odopitán – ¿Acaso no es nuestro bien, atajar la epidemia y evitar que el virus mate por decenas o cientos de miles?

Antípodo – ¿De cuando acá los gobiernos, incluidos los españoles o los de EE UU, toman sus decisiones en función del bienestar de los habitantes? Permíteme recordarte que su conducta, jamás respondió a tan bondadoso objetivo, sino a otro mucho más siniestro: sostener, amparar, lograr (pon el verbo que quieras) el régimen de desigualdad económica, injusta distribución de la riqueza, coerción y enajenación social, etc.

Odopitán – ¡Alto! ¡Alto! No sigas por ahí. No estamos debatiendo ahora sobre la función histórica del Estado. Ya sabes que en lo relativo a esa cuestión, compartimos, tu y yo, planteamientos libertarios y discrepamos de quienes tienen al Estado como un instrumento útil para lograr una sociedad mejor y más justa. Simplemente estamos tratando de analizar si las medidas adoptadas de confinamiento, distancia física, etc, son necesarias e ineludibles para evitar un desastre mayor que el que padecemos.

Antípodo – No, Odopitán. Justamente de eso es de lo que no estamos hablando, por la sencilla razón de que ya se han dictado e impuesto, sin debate social alguno, sin que ninguna voz discrepante, con razón o sin ella, pudiese hacerse oír.

Odopitán – ¿Es que la trifulca política no existe? ¿No discrepan oposición y gobierno? …

Antípodo – Claro que sí. ¡Pero esas son disputas por el poder, por un quítate tú que he de estar yo en el sillón! Esos aquelarres son parte del espectáculo necesario para la contienda política. Yo me estoy refiriendo a discrepancias argumentadas, científicamente razonadas,, alejadas del histerismo mediático interesado. Opiniones de renombrados epidemiólogos que señalan que a una epidemia como la actual (no especialmente grave, en ningún sentido) no se la combate con medidas de control social, parálisis y vigilancia policíaca, sino de inversión en los sistemas sanitarios y de salud pública. Me refiero a estudios y ensayos, expresadas en revistas científicas de gran prestigio internacional, pero que el ruido mediático y oficial esconde y opaca al debate público necesario.

Odopitán – Ya me contarás otro día ese cuento, que no me acabo de creer. Vuelvo a tener la impresión de que este debate no va a quedar aquí, pero tengo que irme ahora. Pero, ahora, lo hecho ya ha sucedido y lo que debemos afrontar es la salida de este desastre.

Antípodo – Puedes estar seguro de ello.

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