CONTROVERSIAS ENTRE AMIGOS

Cuestiones de suma (o poca) importancia

Antípodo y Odopitán son dos amigos anarcosindicalistas y campaneros. Cada lunes los encontramos en el local del sindicato pontevedrés enzarzados en fraternales discusiones.

Odopitán – Salud, Antípodo. ¿Recuerdas que la semana pasada tuvimos que interrumpir nuestra conversación, iniciada a raíz del estrago de un nido de chorlitejo?

Antípodo – Retomemos entonces la conversación en el punto en que la dejamos, sin perder de vista aquello en lo que yo insistía y tu no contradijiste: El reproche a uno de los actores del drama (el destroza-nidos), exige la inmediata y coetánea condena del otro (el régimen económico capitalista y político-jerárquico del estado), que no se limita a saquear un nido, sino que con su acción destruye el ecosistema planetario.

Odopitán – ¡Vale!. pero también teniendo en cuenta que ambos hechos (la ruina del nido, por un lado, y la ruina del hábitat planetario, por el otro) y sus respectivos ‘autores` se sitúan en planos muy distintos.

Antípodo – Planos distintos, sí, pero en todo caso, hechos y actores, estrechamente relacionados y vinculados.

Odopitán – Con la expresión “distintos”, me refiero al hecho de que si bien al primero (el autor del destrozo) le puede y debe sancionar el segundo (la administración) al mismo tiempo que la sociedad más consciente le exprese su rechazo, sin embargo, en lo que afecta al Estado y el Capital no tiene la sociedad -y mucho menos nuestro culpable-, ninguna posibilidad de sancionarles y, si acaso, sólo formularle quejas más o menos ruidosas …

Antípodo – Sobre lo que ahora apuntas, en relación a que a la sociedad civil frente a los desmanes e injusticias del Estado y el Capital no le cabe otra respuesta que la queja y la manifestación (sin llegar a poner en cuestión su poder o la ilegitimidad e innecesaridad de su mera existencia), mejor lo dejamos para otra ocasión, pues estoy en absoluto desacuerdo.

Odopitán – Volvamos entonces al origen de nuestra conversación. ¿Cómo responder ante un hecho tan lamentable como el estrago del nido y evitar que su impunidad aliente a otros a repetirlo?

Antípodo – Insisto en que esa formulación deberíamos expresarla de otro modo. ¿Bajo qué forma y en qué sentido debemos responder los particulares y la sociedad civil ante un hecho como el intencionado estrago del nido, en el contexto de un destrozo a escala planetaria del conjunto de la biosfera, chorlitejos incluidos? Esto es, para que no se repita, como tu dices, el primero, ni continúe el segundo. Te adelanto mi respuesta: Estimo que es nuestra obligación, personal y colectiva, responder con vehemencia ante el vandalismo, pero sólo en la medida que esa respuesta representa una condición para combatir con mayor fuerza y contundencia la devastación generalizada y organizada.

Odopitán – ¿Te entiendo bien? Según lo que dices, el vandálico estrago ha de quedar impune con el sólo objeto de que podamos usar lo sucedido como una excusa para combatir el estado y el capitalismo, auténticos responsables de todos los males habidos y por haber. ¿El daño mayor justifica la impunidad del menor, aún cuándo ambos estén estrechamente relacionados?

Antípodo – No exactamente. Insisto en que debemos responder con vehemencia ante el daño causado y ello incluye la repulsa al comportamiento de su autor. Pero también soy consciente de que la sanción severa a esa persona por el estado -y su correlato: la dejación por parte de la sociedad civil del reproche que le corresponde- no tendrá el carácter amenazante ni ejemplarizante que evite su repetición. Al contrario, se repetirán una y mil veces, al menos, mientras estén vigentes las políticas de estado biocidas, con la excusa del beneficio privado. Dicho de otro modo, mientras haya estado y capitalismo, esto es, injusticia y desigualdad, todos sufriremos, inevitablemente, los estragos más impensables sobre todo aquello que amamos, pues no dejarán de ser mercancías que otros ansían.

Odopitán – No es fácil colocar en un mismo plano la conducta de un individuo asocial e ignorante, con la del Estado, incluso cuando éste trata de proteger las dunas o las aves en peligro de extinción ¿Acaso no es frecuente y justo que para defender un bien público amenazado, nos dirijamos al Estado para protegerlo?

Antípodo – Frecuente, sí. Justo, en absoluto. Y eficaz, aún menos. Y, sobre todo, el Estado solo protejerá alguna pequeña cosa, sólo y cuando se cumpla la condición del sometimiento de la sociedad y el reconocimiento de su poder. Y este es el mal mayor.

Odopitán – Sigue en pie la pregunta inicial, sin que acertemos a contestarla adecuadamente.

Antípodo – Esa respuesta, tal como tu sugerías la semana pasada, ha de ser a través de la formación, la educación cívica, el reproche social, la conciencia ética … pues solo, a través de ellas y la movilización, se genera la conciencia y consciencia en la sociedad de lo que en realidad sucede, pero en ningún caso, apelando a los instrumentos punitivos del Estado.

Odopitán – Una vez más, tendremos que interrumpir la conversación. La vida sigue y a mí me esperan. Buenas noches.

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