CONTROVERSIAS ENTRE AMIGOS

Cuestiones de suma (o poca) importancia

Antípodo y Odopitán son dos amigos anarcosindicalistas y campaneros. Cada lunes los encontramos en el local del sindicato pontevedrés enzarzados en fraternales discusiones.

Odopitán – Buenas tardes, Antípodo. ¿Qué te pasa? Pareces distraído. ¿Estás preocupado por algo?

Antípodo – No. no. Nada grave. Ayer leí un artículo que me sorprendió y, desde ese momento, estoy dándole vueltas a la evolución histórica del término “anarquía”.

Odopitán – Todos sabemos que “anarquía” es una palabra de origen griego, compuesta por el prefijo “an”, que significa “no o sin” y el vocablo “arquía”, que significa “principio”, “origen”, “gobierno”, “poder”, “mandato”. De ahí que, actualmente, definamos la “anarquía” como el orden social sin gobierno, sin poder jerárquico y sin mandato imperativo de unos sobre otros.

Antípodo. No es tan sencillo. Según el artículo que leí, en realidad no empezaron a usarse los términos “anarquía” y “anarquismo” en la Grecia antigua, pues hubo que esperar hasta el siglo XVIII, en plena Revolución francesa. Sin entrar en más detalles, un griego de aquella época apenas utilizaría el término “arquía” para referirse a la organización de su ciudad-estado y, mucho menos, a un “gobierno” que no tenía, a una “autoridad”, que no reconocía o a un “poder” que despreciaba y del que se precavía. Más propiamente usaría vocablos compuestos derivados del sufijo “kratía”, con el significado pleno de “fuerza” y “poder”, como en “democracia” (gobierno del pueblo) …

Odopitán – ¿Cómo es posible? ¿Acaso los atenienses de aquel tiempo no reconocían y no se sujetaban a ninguno de los tres pilares que ahora consideramos garantes de la democracia: poder ejecutivo (gobierno), legislativo y judicial? ¿Cómo compaginar ese desprecio, con el hecho de que denominasen a su organización política “democracia” y con la afirmación unánime de los historiadores conforme fue en la Atenas clásica, hace 2500 años, cuando nació propiamente la “democracia”?

Antípodo – Ciertamente Atenas fue la cuna histórica de la democracia, pero bajo la forma de “democracia directa”, en la que no cabía gobierno ni jerarquía ni otro poder que el de la Asamblea del pueblo. No había allí gobierno, sino cargos elegidos anualmente por sorteo (con la casi única excepción de los estrategas) para administrar los servicios y necesidades públicas de abastecimiento, agua, obras públicas, etc. Tampoco había una casta judicial, sino tribunales ocasionales, también electos periódicamente a sorteo, en función de la gravedad de los delitos. Tampoco había parlamento representativo que pudiese decidir sobre cuestión alguna, lo que estaba reservado a la Asamblea abierta constituida por el conjunto de los atenienses varones.

Odopitán – Sin poder ejecutivo. Sin aparato judicial. Sin representación política ni parlamento, ni jefatura. No sé si creérmelo del todo. Pero, en cualquier caso, eso que llamas “democracia directa” parece tener poco que ver con las democracias actuales.

Antípodo – Evidentemente. Un ateniense de la época firmemente defensor de la democracia, jamás consideraría como democráticos a los regímenes actuales que adoptan ese nombre. Es más seguro que los considerara meras perversiones de las prácticas de libertad e igualdad.

Odopitán – Tal como lo describes, parece como si la democracia directa ateniense fuese más un precedente de modelos de organización social defendidos hoy por anarquistas que un régimen inspirador de las actuales democracias.

Antípodo – Si, pero no. En todo caso hay que hacer una precisión insoslayable. En Atenas no se vivía en anarquía, ni tampoco en igualdad, ni siquiera en armonía o libertad. Tanto la isonomía (igualdad de derechos y deberes ante la ley y por la ley) como la isegoría (libertad para participar e intervenir de palabra en la Asamblea) estaban restringidas a los varones atenienses mayores de 21 años (unos 45.000 ciudadanos, en el siglo V a. C). Por otro lado, había ricos y pobres, lo que a sus ojos no contradecía en absoluto su idea de la “igualdad” pues, como ocurre ahora mismo, se limitaba al ámbito de lo estrictamente político (hoy diríamos también jurídico) y no al económico. También había esclavos.

Odopitán – Vaya. Ahora comprendo porqué estabas tan pensativo esta tarde.

Antípodo – La reflexión sobre la democracia directa ateniense, debiera ser una tarea obligada en cualquier proyecto de educación cívica, aunque nada más fuese para desechar esa falsa idea -yo le llamaría superstición- de que no es posible un modo de organización social y política sin Estado, sin gobierno, sin poder judicial, sin parlamentos, sin cortesanos, sin jefes, sin jerarquías. Pese a sus limitaciones y tremendas injusticias, pese a su belicosidad y violencia punitiva, la vida en colectividad, fue real en Atenas por siglos y por tanto, posible.

Odopitán – Tengo la impresión que de estas importantes cuestiones tendremos que charlar largo y tendido, pero ya se va haciendo de noche y tengo que irme. Mañana me toca un duro día de brega.

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