CONTROVERSIAS ENTRE AMIGOS

Cuestiones de suma (o poca) importancia

Antípodo y Odopitán son dos amigos anarcosindicalistas y campaneros. Cada lunes los encontramos en el local del sindicato pontevedrés enzarzados en fraternales discusiones.

Odopitán – Hola, Antípodo. ¿Qué tal pasaste el mes de agosto? ¿Disfrutaste de las fiestas del pueblo?

Antípodo – ¿Fiestas del pueblo? Estás de broma. Mejor llamarlas por su nombre, tristes sucedáneos de un júbilo social y compartido que no se manifestaba nunca.

Odopitán – No seas pesimista. Ya llegará la alegría, cuando cese la pesadilla. Cuando la tempestad arrecia, lo mejor es buscar refugio y permanecer en él hasta que pase, que no hay tormenta que no amaine, ni mal que cien años dure.

Antípodo – Bonito modo de resolver los problemas, apelando a que todo se acabará en algún momento. Ya se ve que eres gallego de aldea, pero yo lo soy de villa marinera. Si la tormenta arrecia hay que decidir si enfrentarse al temporal encarándolo de proa o correr con él. No hay otra.

Odopitán – Bien lo dices. El pueblo, sea campesino o marinero, sabe que ante cada peligro sus mañas y que sólo es más sabio quien puede recordar la más útil y factible en cada ocasión.

Antípodo – ¿A qué ‘peligro’ te refieres?

Odopitán – ¿Acaso hay otro que la pandemia de Covid-19, con decenas de miles de infectados cada semana por todo España?

Antípodo – Pues si de “peligros’ hablas, hay otros muchos que también debieran preocuparnos, por más que la agenda política y periodística hayan decidido ocultarlos y eliminarlos del necesario debate público.

Odopitán – Quizá ese ‘silencio’ sea esa una consecuencia de la gravedad de la amenaza que representa la Covid-19.

Antípodo – Para nada. No pongo ahora en duda ni te discuto la envergadura letal de este virus (de eso podríamos hablar largo y tendido), pero has de tener en cuenta que la tormenta, pesadilla, desastre, drama colectivo, peligro cierto -nómbrala como quieras- a la que nos enfrentamos no la representa precisamente el coronavirus de marras, si no más bien el conjunto y naturaleza de las medidas y políticas que nuestros gobernantes vienen adoptando con la excusa de combatir la pandemia.

Odopitán – No puedo admitir que el daño mortífero del virus resulte ser para nuestros gobernantes una simple excusa, a cuyo amparo adoptar medidas de gobierno que en realidad no tendrían el objetivo exclusivo de frenar la epidemia y detener los fallecimientos.

Antípodo – Amigo mío, no pongo en duda la sinceridad de tus opiniones y creencias, ni tampoco de la fe que depositas en quienes de ninguna manera la merecen.

Odopitán – No te comprendo. Afirmas no poner en duda mi sinceridad, pero sí dejas caer que aquello que yo afirmo, esto es, que las medidas adoptadas por el gobierno -acertadas o equivocadas, que este es otro tema- tienen como objetivo esencial y único combatir la pandemia, no es más que una mera ‘opinión’, una ‘creencia’, una ‘fe’ infundada …

Antípodo – Tu lo has dicho. Exactamente eso es lo que digo.

Odopitán – ¡Pues tendrás que ofrecer razones y argumentos de peso para justificar tu descalificación!

Antípodo – Cierto. Son muchos los datos e informaciones, que avalan mi conclusión de que con la excusa del coronavirus se están adoptando decisiones que no solo tienen un objetivo distinto al del control epidemiológico, sino que además agravan los males de la sociedad actual.

Odopitán – ¿A que datos e informaciones te refieres?

Antípodo – Te responderé, empezando por la última de mis apreciaciones. El pasado 22 de agosto, David Beasley, director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU, declaró -cito textualmente- “los problemas de desnutrición y de hambruna agravados por el impacto económico de la pandemia del coronavirus podrían alcanzar proporciones bíblicas”. Evidentemente, con la alusión al ‘impacto económico’ no se refería el importante ejecutivo de la ONU a ningún impacto del virus sobre los infectados, sino a las medidas de confinamiento, toques de queda y cuarentenas masivas, paralización del sistema productivo en muy diferentes sectores, etc, etc-. Y, aún más, añadió: “El número de personas que pasará hambre -y cientos de miles de ellas morirán a consecuencia de la desnutrición severa- pasará de 140 millones antes de la pandemia a 270 millones para finales de este año”.

Odopitán – No se qué decir. Pero en todo caso, yo me refería a España, donde es seguro que las previsiones no llegarán a ser tan dramáticas. Hemos de dejar la conversación aquí, pues se está haciendo tarde.

Antípodo – Desgraciadamente tendremos que seguir hablando de esto.

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