CONTROVERSIAS ENTRE AMIGOS

Cuestiones de suma (o poca) importancia

Antípodo y Odopitán son dos amigos anarcosindicalistas y campaneros. Cada lunes los encontramos en el local del sindicato pontevedrés enzarzados en fraternales discusiones.

Odopitán – Buenas tardes, Antípodo. El pasado lunes tuvimos que suspender nuestra conversación sobre la pandemia cuando nuestras posiciones se confrontaban con mayor viveza. Criticabas que el gobierno -a diferencia de lo que hacía en otros países, decías- se preocupase más de “ejercer un control y vigilancia punitiva absolutamente ineficiente en su objetivo declarado: la epidemia” que de adoptar medidas estrictamente sanitarias y de atención médica a los infectados.

Antípodo – En realidad no ofrecía tanto una crítica personal, cómo exponía una breve comparativa con otros países y aludía al Informe de Médicos Sin Fronteras, respecto de lo sucedido en las Residencias de Ancianos.

Odopitán – ¿Cuales fueron las conclusiones de ese Informe?

Antípodo – Te cito textualmente algunas, que me quedaron dolorosamente grabadas en la memoria: “falló la efectiva asistencia desde el sistema de salud”… “mantener a los enfermos en espacios cerrados y sin atención médica adecuada multiplicó los contagios, aceleró la mortalidad y produjo situaciones indignas e inhumanas”.

Odopitán – No disculpo lo sucedido con nuestros mayores, pero quizá, en aquel momento hubo que tomar decisiones, ahora sabemos que equivocadas, por más que se ignorase mucho del comportamiento, gravedad y letalidad asociadas a este virus.

Antípodo – ¿Ignorancia, dices? Tras conocer el Informe de Médicos Sin Fronteras -y seguramente otros muchos que tiene que tener encima de la mesa, al menos desde marzo y abril- nada cambió en la actitud de la clase política. Al contrario sigue erre que erre, con el mismo esquema de exacerbar el miedo entre la población valiéndose para ello de todos los instrumentos de castigo y de propaganda a su alcance. En particular, ya agotada la tétrica parábola del Palacio de Hielo, del uso y abuso hasta la náusea de una falacia perversa: magnificar la figura del “contagio” escindiéndola de la gravedad y letalidad de la infección.

Odopitán – ¡Alto ahí! No podemos ignorar que la progresión ascendente de los contagios indica que la mortífera amenaza del virus en esta ‘segunda oleada’ sigue acechándonos. ¿A este hecho, le llamas tú “una falacia perversa”?

Antípodo –Por supuesto que el incremento y rápida expansión de los contagios en cualquier epidemia es asunto a tener en cuenta. Pero lo decisivo, lo verdaderamente importante, es la gravedad, alcance y letalidad del virus. Pretender ignorar este aforismo médico -que no todas las infecciones revisten la misma gravedad, ni afectan del mismo modo a toda la población de un territorio- y, al mismo tiempo, levantar como un espantajo apocalíptico cifras y más cifras de contagios, es lo que califiqué como una “falacia perversa”, aunque ahora, quizá la calificaría mejor como una simple “estafa”, aunque de dimensiones colosales.

Odopitán – Acusar de estafadores a prácticamente la totalidad de los gobiernos del mundo no puede hacerse sólo en base a conjeturas, por bien trabadas y verosímiles que parezcan en una conversación entre amigos.

Antípodo – Vaya por delante que, como tu y yo sabemos pues somos anarquistas y no creyentes en los pajaritos de colores, la “estafa permanente” es la condición unánime de todos los gobiernos y regímenes autoritarios desde el inicio de su existencia histórica hasta hoy mismo. Dicho esto, no hablemos entonces de conjeturas, sino de datos oficiales, del 15 de septiembre: Fallecidos en España con presencia Covid: 30.405 personas, sobre un total de 625.000 contagiados detectados (por supuesto, el número real de contagiados es desconocido, aunque se pueda estimar). De esas muertes, 20.089 (un 66,43% del total, esto es, 2 de cada tres) se produjeron en las aproximadamente 5.457 residencias de ancianos, ya sean públicas, concertadas o privadas. Por otro lado, la abrumadora mayoría de las víctimas mortales con presencia de Covid, superaban en el momento de su fallecimiento la edad media de supervivencia en España (aproximadamente, 83 años). Más aún, cerca del 90% de los fallecidos tiene más de 70 años. En niños, adolescentes y jóvenes hasta cuarenta años la mortalidad es prácticamente inexistente.

Odopitán – Aparte el terrible drama que revelan esas cifras y del hecho incuestionable de que el Covid se ceba, casi exclusivamente, en las personas mayores, ¿Qué relación cabe hacer entre esos datos y lo que tu calificas como la “descomunal estafa” estatal?

Antípodo – ¿Me tomas el pelo? ¿Tan pronto te olvidaste del Informe de Médicos Sinfronteras y de los párrafos que te cité textualmente? ¿No fue sobre los ancianos en las residencias que se intensificó la política general de confinamiento, permanencia en espacios cerrados, distanciamiento social, aislamiento (para “evitar contagios”, argumentaron) … y, en consecuencia, celebraron con absoluta impunidad el descuido cuando no la pura desatención médica? ¿En que párrafo dejaste de oírme? ¿Quizás en el párrafo de que en niños, adolescentes y jóvenes hasta cuarenta años la enfermedad, si llega a manifestarse, no pasa de ser una afección leve de inapreciables consecuencias? ¿Nada concluyes de todo esto? ¿Acaso no reconoces en ese espejo, en esa pura radiografía aritmética, nada de lo que nos rodea, asfixia y amarga?

Odopitán – Claro que lo reconozco. Y me duele. Quizá lo mejor sea cruzar los dedos para que no se repita en esta segunda oleada lo vivido en estos últimos seis meses.

Antípodo – ¡Si que vamos bien! ¡Cruzar los dedos!, ¡Orar!, ¡Invocar a las alturas! ¡Tener paciencia que no hay mal que cien años dure! … Conocemos esa clase de consuelos, que nada resuelven. ¡Hasta el próximo lunes!

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