CONTROVERSIAS ENTRE AMIGOS

Cuestiones de suma (o poca) importancia

Antípodo y Odopitán son dos amigos anarcosindicalistas y campaneros. Cada lunes los encontramos en el local del sindicato pontevedrés enzarzados en fraternales discusiones.

Odopitán – Hola, Antípodo, ¿Te has enterado de que en la ciudad de Orense han prohibido las reuniones entre personas “no convivientes”, con las únicas excepciones del trabajo y la escuela?

Antípodo – ¿No puedes iniciar una conversación amigable sobre cualquier otra cosa? Pareces un enjaulado hámster tratando de avanzar en la rueda.

Odopitán – Tienes toda la razón, pero esta cuestión me tiene amargado y, lo que es peor, me siento incapaz de hacerle frente. Pido ayuda a los amigos, por ver si compartiendo análisis y contraponiendo argumentos, sacamos algo en claro que nos alivie este sinvivir

Antípodo – No creo que la mejor respuesta sea buscar un alivio personal imposible, no siendo el de procurarnos algún refugio aislado, adónde no lleguen órdenes ni rencorosos vigilantes que nos acusen. Quizá alguno de nosotros, disponiendo de medios y recursos, pueda zafarse personalmente de esta maldición, pero la necropolítica que rige la actualidad afecta al conjunto de una población atada de pies, manos y boca.

Odopitán – ¿De qué van a acusarnos, si tan solo manifestamos un profundo disgusto por todo lo que ocurre? Nada pueden reprocharnos, no siendo -como decían los curas de antiguo-, de “pecar de pensamiento”, que no de “obra, palabra u omisión”. En este aspecto, estoy tranquilo. Evito que puedan multarme e imponerme alguna penitencia, pues con habilidad escondo mi desobediencia y renuncio a exhibir públicamente desafío alguno. Pero no callaré. No admito que el bozal que siempre llevo puesto en público, amordace en el espacio privado y en el círculo de mis amigos, mi inteligencia y ahogue mi crítica.

Antípodo – Si de pecados hablas, pecas ahora de orgullo inmerecido. El “arte del disimulo” del que haces gala, se proyecta a tu alrededor como pusilanimidad y acatamiento. En este mundo, cada individuo está inexorablemente ligado a los demás pues su conducta y acciones particulares afectan y comprometen al menos a quienes tiene cerca.

Odopitán – No olvido las sabias lecciones de Kropotkin en su “Ética” y comentarios sobre la obra de Guyau en torno a la posibilidad cierta de una conducta colectiva moral -justa, solidaria y feliz-, sin obligación ni sanción. Pero en tiempos de violencia de estado y clase política -gobierno y oposición- abusona y chapucera. En tiempos como los actuales, en los que es manifiesto el abuso de poder, la incompetencia generalizada de los gobernantes y, sobre todo, la incontinencia siniestra de los medios de comunicación, habremos de asumir que las personas del común tenemos que adoptar, por simple afán de sobrevivir, una doble vida. Quizá no tan rigurosa como la que llevaban en la clandestinidad quienes se oponía a la dictadura franquista, pero doble vida al fin y al cabo.

Antípodo – Esto sí que no me lo esperaba de ti, defendiendo ahora la “vida privada” (sincera, coherente, virtuosa, de moralidad intachable) frente a la “vida pública” (taimada, vergonzante, hipócrita). Sabes muy bien, que aquella dictadura ya no está … que el ropaje con que se encubre actualmente el poder no es el mismo que en el pasado (democracia representativa, le llaman ahora, antes dictatorial o democracia orgánica). Y, sobre todo, sabes muy bien que los luchadores contra la dictadura ya no están en condiciones de presumir de hazañas pues, habiéndolas protagonizado o no, dieron como fruto el régimen que ahora vivimos.

Odopitán – Pones en mi, palabras y frases que nunca pronuncié, por más que reitero que no es nuestra la pelea contra el poder por un “quitáme allá esas pajas”, ni por cualquier asunto baladí de un “no me da la gana” más o menos frívolo, casi siempre irrelevante.

Antípodo – Fue tu alusión -a mi juicio fuera de lugar- a la “doble vida” que impone la clandestinidad, lo que motivó mi reproche. Dejémoslo entonces ahí, por más que siga preocupándome tu modo de excusar la pusilanimidad de que hacemos gala, ante órdenes tan demenciales como las que motivaron el inicio de esta conversación: la prohibición en Orense de reuniones entre “no convivientes”. ¿También consideras esta decisión gubernamental como un asunto baladí o una simple patochada, sin mayores consecuencias?

Odopitán – Ya he comentado mi opinión sobre la clase política actual …

Antípodo – Eso es exactamente lo que me preocupa. Hablas de la clase política actual como si fuera peor que las que le antecedieron en el poder político. Quizá lo sea, pero no creo que los anarquistas ni tampoco aquellos que aspiren sinceramente, como nosotros, a cambiar el actual estado de cosas (el régimen económico-político, que nos trae por el camino de la amargura, cada día más cerca de un desastre planetario), debamos preocuparnos de esas valoraciones personalistas que no tienen la más mínima trascendencia.

Odopitán – Volvemos una y otra vez al mismo punto de partida: la permanente discusión sobre el régimen de “democracia representativa” en el marco del capitalismo …

Antípodo – Así es. Ahora tenemos que despedirnos que tengo que irme a Orense. Me espera por la tarde una asamblea sindical de “convivientes ocasionales” y por la noche [NOTA del transcriptor: Antípodo hace una pausa) … ¿Valdrá la excusa?

Odopitán – Ya me contarás.

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