CONTROVERSIAS ENTRE AMIGOS

Cuestiones de suma (o poca) importancia

Antípodo y Odopitán son dos amigos anarcosindicalistas y campaneros. Cada lunes los encontramos en el local del sindicato pontevedrés enzarzados en fraternales discusiones.

Odopitán – Buenas noches, Antípodo. Tus comentarios negativos respecto a la reivindicación de igualdad que se hace desde el movimiento feminista y el gobierno han cosechado graves reproches entre varios de nuestras amigas y amigos.

Antípodo – Así me lo han hecho saber a mi algunos conocidos.

Odopitán – ¿Qué les contestaste?

Antípodo – Que todos estamos en nuestro derecho de estar equivocados, ellos y yo. Que no dudasen en exponer sus argumentos, pues tienen a su alcance las mismas páginas de La Campana en que se transcriben, más o menos fielmente, nuestras fantasías dialogadas.

Odopitán – Compruebo que no recogieron el guante que amablemente les ofreciste. A muchas personas, incluso a militantes, les cuesta mucho escribir, por más que tengan claras y bien fundadas opiniones sobre el tema en cuestión.

Antípodo -No lo dudo y lo comprendo. ¿Pero qué otra cosa cabe hacer, no siendo animarlos y facilitarles para que expongan sus argumentos y se establezca un debate abierto?

Odopitán – Quizá consideren que no merece la pena gastar tiempo y energía en rebatirte, al fin y al cabo no eres nadie importante y tu influencia social es mínima.

Antípodo – Es posible que algunos piensen así y que, además, no les falte razón. No obstante, convendría recordarles que, al menos desde los tiempos de la Odisea, hay que precaverse de que detrás de todo Nadie pueda haber siempre un Ulises, capaz de cegar al cíclope Polifemo y lograr escapar de su temible cueva.

Odopitán – ¿Cómo te atreves a esa doble comparación, tú como Odiseo y el movimiento por la igualdad entre hombres y mujeres como Polifemo? ¿Acaso pretendes apagar el incendio a base de gasolina? ¿En verdad te ves a ti mismo como un heroico Ulises, en lucha permanente -preñada de astucia, inteligencia y coraje- contra la inquina de un dios? Y también, ¿consideras a los defensores de la campaña feminista por la igualdad, como otros tantos gigantes de un solo ojo, devoradores de hombres?

Antípodo – No te salió mal ese malintencionado juego de palabras, entre “campaña feminista” y “devoradores de hombres”, pero no fui yo quien en este coloquio acusó al otro de ser un don Nadie, que merece el desprecio de no ser escuchado y, mucho menos, contestado.

Odopitán – Lo siento, no pretendía ofenderte. Trataba tan sólo de ofrecer una explicación plausible del por qué ningún compañero, salvo yo mismo, haya decidido contradecir en La Campana tus cuestionables tesis. Vayamos a la cuestión central. Afirmaste la semana pasada que el uso retórico que determinados partidos políticos y colectivos del autoproclamado espectro “progresista” estaban haciendo de la reivindicación de la Igualdad, a la hora de la verdad, encubre la práctica reaccionaria de la Desigualdad en todos los órdenes de la sociedad. ¿Cómo es que atribuyes la defensa de la “desigualdad” social, política y económica a quienes, sin embargo, proclaman la más completa “igualdad entre hombres y mujeres”?

Antípodo – Ya te lo dicho. En la sociedad actual, no hay igualdad social, ni de clase, ni política, ni económica entre los varones (u hombres) como tampoco la hay entre las mujeres. En esta situación de desigualdad generalizada (férreamente impuesta por el régimen político-estatal y económico-capitalista), la apelación a la igualdad corporativa varón/mujer es una engañifa reaccionaria.

Odopitán – ¿Cómo que “reaccionaria”? ¿Acaso la referencia a la “igualdad entre todos los seres humanos” no expresa un deseo, una reivindicación, una lucha estimable por salir de esta situación de desigualdad comparativa entre grupos humanos y de enemistad generalizada?

Antípodo – No hagas trampas, Odopitán. La consigna feminista (y actualmente gubernamental) de “igualdad entre hombre y mujer”, no concluye en la lucha revolucionaria por la más completa igualdad política, económica, social y de responsabilidad autónoma entre todos los seres humanos, que sí venimos defendiendo los anarquistas.

Odopitán – En cualquier caso. Aunque no represente para ti más que un pequeño paso, ¡reformista, si quieres considerarlo así! no puedes desdeñar como ‘reaccionario’ el hecho mismo de avanzar hacia esa igualdad con la que sueñas -hoy por hoy quimérica- aunque sea paulatinamente y pasito a pasito: hombre/mujer, blanco/negro, nacional/extranjero, nativo/inmigrante, rico/pobre, trabajador/patrón, amo/jornalero, excluido / integrado, etc, etc.

Antípodo – Nunca he dicho yo en esta conversación que desprecie por sí misma la lucha cotidiana -sindical y social- por mejorar las condiciones de vida presentes (salarios, educación, atención solidaria a las necesidades más elementales …).

Odopitán – No lo has dicho, pero parece concluirse de tus palabras, pues da la impresión que calificas toda evolución social basada en el “reformismo” como “reaccionaria”.

Antípodo – Te equivocas. No obstante, conviene aclarar que, a mi entender, esas ‘mejoras’ no deben situarse en un mero horizonte corporativo y exclusivo de grupos concretos, pues la condición que legitima y engrandece la acción para conseguirlas es, no solo la de aspirar a su disfrute universal (imposible de lograr plenamente bajo el régimen estatal y capitalista), sino organizar y formar a la clase trabajadora para derribar las fuerzas y poderes que se enfrentan a su reclamación de una sociedad sin clases, fraternal, igualitaria y libre.

Opopitán – Asunto peliagudo éste, que no tenemos tiempo de afrontar. Llega el toque de queda y he de atravesar un descampado, bajo mil-ojos temerosos. Hasta mañana, amigo.

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