CONTROVERSIAS ENTRE AMIGOS

Cuestiones de suma (o poca) importancia

Antípodo y Odopitán son dos amigos anarcosindicalistas y campaneros. Cada lunes los encontramos en el local del sindicato pontevedrés enzarzados en fraternales discusiones.

Odopitán – Buenas tardes, Antípodo. La semana pasada mantuvimos una breve conversación en torno al uso de la verdad y la mentira en la comunicación social y política, que dejó muchas cuestiones pendientes y preguntas en el aire.

Antípodo – Nos referíamos a un caso concreto de sustitución del genérico gramatical masculino por el femenino …

Odopitán – Si, claro. Sin embargo, en medio de la conversación hiciste una afirmación que, a mi juicio, merece una detenida reflexión, más allá del contexto en que se produjo y de la polémica en torno a las relaciones entre ‘identidad’ sexual, sexo y lenguas romances.

Antípodo – ¿A qué frase te refieres?

Odopitán – A la afirmación, disfrazada de pregunta: “¿Acaso no venimos defendiendo los anarquistas que solo el cuestionamiento de las verdades impuestas y hegemonizadas por el poder nos comprometerá con la libertad que anhelamos al desvelar la mentira que subyace siempre tras su realidad ominosa?”. Y, añadías, que la mentira era, por el contrario, arma de uso propio de nuestros enemigos.

Antípodo – Así lo pienso.

Odopitán – Valoremos la primera parte de tu afirmación y, si tenemos tiempo, la referencia que haces en este contexto al compromiso con la libertad. Comparto contigo la proclama de que una de las tareas propias de los anarquistas es la de desvelar públicamente (‘concienciar’, ‘ilustrar’, ‘hacerse consciente’, que se decía antiguamente) la radical mentira que fatalmente subyace tras una realidad definida por el Poder (y, por tanto, la violencia) de unos individuos sobre otros. La imposición de un sector de la sociedad sobre el conjunto social, valiéndose para ello tanto de instituciones (la propiedad, la guerra, la coerción jerárquica, el estado, etc) como de doctrinas, ideologías, supersticiones, espectáculos, etc, etc.

Antípodo – ¡Vayamos al grano! ¿Qué es lo que no compartes?

Odopitán – En primer lugar, convengo en no situar el campo de la ‘verdad’ en el ámbito exclusivo del Poder (sea el poder económico del Capital, el poder político del Estado o el poder narcotizante del conglomerado mediático y del espectáculo). Sin embargo, tampoco me atrevo a concluir que todo aquello que se proclama desde esas instancias resulte a la postre no verdadero, falso o mentiroso.

Antípodo – ¿De dónde te viene ese temor? Toda presunta ‘verdad’ que proceda de ese ámbito es necesariamente cuestionable y exige ser cuestionada, aunque no sea más por el hecho de que adopta la figura penal de la coerción y ejerce la tiranía del Estado -sea el gobierno o el parlamento e, incluso, un Tribunal de última o primera instancia- que no exige a sus víctimas otra cosa que su sometimiento y, en todo caso, alineamiento.

Odopitán – No resulta muy convincente tu argumento …

Antípodo – ¿Por qué? ¿Qué dudas? Insisto en el hecho de que toda ‘verdad’ de los poderosos, ha de ser cuestionada como tal ‘verdad’. Dicho de otro modo, en este aspecto, se trata de una ‘verdad’ que, en todo caso, ha de ser impugnada, pues, a mi juicio -y me atrevo a decir, a juicio de la generalidad de los anarquistas- esa verdad se viste con la toga de la obediencia y la renuncia al pensar y a la libertad.

Odopitán – Trato de comprender lo que quieres decir. ¿Afirmas que si aceptamos esos dictámenes del Poder -sea éste cual sea- como otras tantas expresiones de la ‘verdad’, de hecho, renunciaríamos a ser libres y a poder intuir una sociedad distinta y luchar por ello? Pero, aunque así fuese, esto es, que la pretensión de esas instituciones sea la identificación pública de la ‘verdad’ o la ‘justicia’ o el ‘bien’ con sus propias decisiones y órdenes, basta para calificar todos sus actos como ‘mentira’.

Antípodo – No hagas trampas. Una Ley concreta, pongo por ejemplo, ni es verdad ni es mentira, pero sí que todas y cada una de ellas ponen de manifiesto la falsedad, “la mentira” del Estado que la proclama y la impone.

Odopitán – Volvemos al principio. Comparto la obligación moral y social que sentimos los anarquistas de cuestionar la ‘verdad oficial” en todo aquello que ésta se hace presente, incluso aquella que parece emanar del dictamen de la Ciencia y la Tecnología, concretamente de la ‘comunidad científica’ y sus expertos portavoces ‘autorizados’.

Antípodo – No se trata de una cuestión de voluntad o doctrinaria de los anarquistas, aunque nosotros tratemos de llevarlo a la práctica en nuestra acción social y sindical. Es una cuestión que nos compromete a todos los individuos de la especie humana, pues no hay posibilidad de pensamiento sin cuestionar toda ‘verdad’ que se represente como infalible e indiscutible, ya que todo pensamiento fecundo ha de tener por condición la libertad de su ejercicio.

Odopitán – Cierto. Pero no menos cierto que ese ‘pensar’, en tanto que acto libre, fecundo, creativo e, incluso, valga la expresión, como instrumento imprescindible para la lucha contra la desgraciada realidad que nos toca vivir, ha de tener como horizonte y compromiso la búsqueda de la verdad y, sobre todo, la renuncia a la mentira.

Antípodo – Estoy de acuerdo en la renuncia a la mentira, pues es la mentira uno de los rostros más indignos del polifacético Poder, pero no tanto con la consideración de que el horizonte del pensar -es decir, el ejercicio supremo de esa producción colectiva de la especie que llamamos lenguaje- sea hallar una ‘verdad’ por siempre inalcanzable, y no el compromiso solidario, afectivo y este sí verdadero con quienes compartimos aquella condición.

Odopitán – Como siempre nos sucede, llega la espada del tiempo de queda para imponernos la retirada. Seguiremos otro día esta conversación. Hasta pronto.

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