CONTROVERSIAS ENTRE AMIGOS

Cuestiones de suma (o poca) importancia

Antípodo y Odopitán son dos amigos anarcosindicalistas y campaneros. Cada lunes los encontramos en el local del sindicato pontevedrés enzarzados en fraternales discusiones.

Odopitán – Buenas tardes, Antípodo. Me extrañó mucho no haberte visto ayer en la charla informativa sobre la situación del lobo en los montes de Galicia y la propuesta del gobierno de prohibir la caza del lobo en todo España a partir del 25 de septiembre.

Antípodo – Imagino que el debate lo protagonizarían los representantes de ganaderos del norte de la Península -la zona en que sobreviven el mayor número de individuos- y los representantes de asociaciones conservacionistas y ecologistas.

Odopitán – También intervinieron representantes de la Consellería de Medio Ambiente de la Xunta de Galicia, para defender que no debería prohibirse la caza del lobo en los montes de Galicia y otros del Ministerio de Transición Ecológica, que defendían la prohibición de su caza generalizada.

Antípodo – ¿Qué alegaron los conservacionistas y ecologistas ante esos planteamientos?

Odopitán – Claramente se pusieron de parte del Ministerio, aunque algunos le reprochaban cierta falta de firmeza.

Antípodo – ¡Qué extraño! ¿No hicieron comentario alguno respecto de las consecuencias de prohibir por ley la caza ‘generalizada’ del lobo en España, al mismo tiempo que se mantiene abierta la posibilidad de cazas autorizadas en base a criterios ‘científicos’, con el objeto de ‘regular’ las poblaciones lobunas y mantenerlas en ciertos límites y áreas acotadas, aceptables por todos?

Odopitán – Dieron por sentado que eso debería ser así, reservándose el Estado la cautela de poder reducir las poblaciones lobunas si las circunstancias cambiasen.

Antípodo – En cierto modo, esto es lo que rige legalmente hoy en día, cuando toda batida contra la fauna salvaje exige una autorización administrativa previa. En cualquier caso, sea la competencia de unos u otros (La Xunta o la Administración central), el resultado de esa doctrina política aplicada a la fauna salvaje y la flora silvestre, es todo menos loable.

Odopitán – En el curso del debate nadie se manifestó en el sentido que tu sugieres. Las discrepancias eran más que notables y la tensión entre los distintos grupos y posiciones manifiesta. ¡No te digo nada del ‘enfado’ de los ganaderos de rebaños de monte!

Antípodo – Entiendo bien la discrepancia y reconozco en la tensión el pulso de intereses, básicamente económicos y corporativos en conflicto, al igual que capto el punto esencial en que todos parecen estar de acuerdo.

Odopitán – Todos intentan que la nueva Orden ministerial respete y atienda en la medida de lo posible los intereses en conflicto, en aras de la sostenibilidad de una vida silvestre, compatible con la humanización más o menos intensa de cada vez mayores espacios del monte.

Antípodo – A eso mismo me refería. El objetivo final de ese planteamiento ideológico -a mi juicio, absolutamente irresponsable- es la domesticación universal de todas las Amazonías del planeta. El principio evolutivo de la selección natural, sustituido ahora por el frio cálculo de los expertos y su correspondiente Comisión administrativa. Un cálculo que fatalmente estará siempre equivocado, pues ninguna racionalidad rige sus operaciones, sino más bien el ‘equilibrio de intereses’ -económicos y corporativos- ajenos a la vida que se dice defender. Todos podemos reconocer el dramático resultado de ese modo de proceder por los Estados: un planeta cada día más pobre y desolado.

Odopitán – Los ecologistas trataban de defender la supervivencia de los lobos, frente a unos ganaderos y unos políticos que, en el fondo, desearían que esta especie desapareciese de la Península Ibérica.

Antípodo – Por lo que me cuentas, tus ecologistas se dedicaron a comprometer la pervivencia de las poblaciones lobunas y la vida salvaje a la garantía bondadosa del Estado, cuando es éste precisamente uno de los principales, sino el principal, enemigo de la biosfera y el último en capacidad e interés verdadero en defender el ecosistema planetario.

Odopitán – Nadie de la mesa y tampoco en el coloquio planteó el problema de este modo.

Antípodo – ¡Qué lástima! ¡Pobres lobos y pobres humanos, si el garante de la vida y la naturaleza es el Estado en sus componendas con el Capitalismo! En esto acaba el movimiento ecologista y de defensa de la vida natural, que en el último tercio del siglo XX pareció surgir al descubrir la vida y las playas del mundo bajo los adoquines y el asfalto; bajo esos símbolos universales, en primer lugar de la deshumanización generalizada y, en segundo lugar de la miseria tecnocrática del poder con sus guerras, con sus DDT esterilizando el planeta, con su gigantesca producción de basura contaminando mares, cielos y suelos, con su exterminio de la vida silvestre, cada vez más acorralada en zoos y parques temáticos en los que preservar la nostalgia … y los lobos.

Odopitán – La próxima semana continuaremos esta conversación, pues deberemos defender la vida salvaje y muchas personas consideran que si no es el Estado quien lo haga, nada ni nadie podrá evitar su extinción.

Antípodo – Bonita fábula. El diablo apagando el fuego del infierno.

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