EL PODER, ESE NAUSEABUNDO FIN

Los anarquistas ya sabíamos, no porque nos haya iluminado la luz de Bakunin, sino por simple experiencia histórica, que el poder corrompe, que todo el que llega a él, por muy nobles que hubieran sido sus aspiraciones, acaba convirtiendo lo que había de ser la aplicación práctica de lo defendido con anterioridad en una única preocupación: el sostenimiento suyo y de los suyos en el poder alcanzado, con la excusa de que sólo así se podrán llevar a cabo las aspiraciones populares. Esto ha sido siempre así en cuanto han tenido tiempo de acomodarse al sillón de turno, sin que la pertenencia a organizaciones presuntamente obreras o llamadas izquierdistas hubiesen modificado esta realidad general.

Tenemos en España hoy un gobierno llamado progresista, en el que hay al menos un partido que, presuntamente, defiende a la clase obrera frente al voraz capitalismo (es el lenguaje que no tienen vergüenza en utilizar), pero aquélla no ha visto todavía en qué consiste esa política obrerista de la que presumen.

Este gobierno ha decidido no subir el salario mínimo interprofesional para no hacer enfadar a los sufridos empresarios, un salario miserable y de los más bajos de la Europa a la que nos podemos –ja- equiparar.

Este gobierno acaba de aprobar los criterios sobre pensiones en el llamado Pacto de Toledo, criterios contrarios a cualquier atisbo de justicia y que las abocan a una reducción en sus cuantías a medio plazo en un 20%. El ministro de Seguridad Social acaba de declarar, sin empacho ni rubor alguno, que el Gobierno aspira a que “más de la mitad” de los trabajadores tenga un plan de pensiones complementario, dándole así la puntilla mortal al sistema público de pensiones tal como lo conocemos al planificar que las pensiones públicas no sean suficientes para una vida digna. Ni con las complementarias, añado, ya que no podemos esperar que planes privados renuncien a sus beneficios para dignificar a la clase obrera.

Este gobierno no ha reformado la nefasta legislación laboral, salvo un maquillaje mínimo en el asunto del absentismo, permaneciendo íntegras todas las reformas que gobiernos anteriores han ido perpetrando contra los trabajadores y trabajadoras: reducción de indemnizaciones por despido, falta de control administrativo de los ERE, modificación de las condiciones de trabajo a gusto del empresario, absoluta precariedad en la contratación, menoscabo de la negociación colectiva y todo tipo de tropelías sin cuento.

Este gobierno mantiene en pleno vigor la infame Ley Mordaza, hostigando cotidianamente a activistas y a todos aquellos que quieran acercar la inicua realidad hacia la justicia.

Este gobierno, eso sí, creó el subsidio del Mínimo Vital, subsidio que iba a llegar a nosecuantos millones de personas “para no dejarlas atrás” y que se ha traducido en unos cuantos menos y con cuantías ridículas en muchos casos.

Este gobierno, como tantos otros, no va a resolver la explotación y sometimiento de la clase obrera, porque ni está en su mano ni siquiera se lo plantean. O somos nosotrxs, la clase obrera, los que destruimos esa pocilga inmunda en la que se refocilan los próceres o nuestra emancipación de la esclavitud no llegará nunca.

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