UN 1º DE MAYO DE VERGÜENZA AJENA, EN MADRID

Propuesta para otro 1º de Mayo: distinto, reivindicativo y movilizador

No es de ahora ni tampoco una modalidad reciente que los comités ejecutivos de organizaciones sindicales, en particular CC OO y UGT, impulsen cada 1º de mayo la escenificación de su claudicación, cuando no su alineamiento (cada vez más notorio) con los intereses particulares de la clase empresarial y, sobre todo, con los de la clase política, en tanto que administradora de la fortaleza estatal que ampara, vigila y defiende los intereses del empresariado y el capitalismo global.

Baste como recuerdo, lo sucedido el 1º de Mayo de 2003 en Madrid, cuando los secretarios generales de CCOO, José María Fidalgo, y UGT, Cándido Méndez, tuvieron que suspender la manifestación conjunta, tras ser increpados ellos mismos y la manifestación paralizada durante 40 minutos por los trabajadores de Sintel, filial de la ex – Telefónica tras su privatización, cuya plantilla fue arrojada al paro por un pacto (‘mal menor’, le llamaron) suscrito por CCOO, que ostentaba la representación legal mayoritaria ante la empresa y las autoridades.

Sin embargo, lo realizado este 1º de mayo de 2021 en Madrid por ambas burocracias sindicales superó todo lo imaginable, tras permitir y festejar la presencia en primera fila de pancarta de siete ministros del Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos, entre ellos la titular de la cartera de Trabajo y los tres candidatos ‘progresistas’ a las inminentes elecciones a la Comunidad de Madrid: PSOE, Unidas-Podemos y Más Madrid.

¿Cómo se puede justificar semejante confraternización entre quienes han de ser, necesaria, ética, histórica y socialmente, adversarios, pues unos son la clase trabajadora y otros el Estado y el Capital, siempre unidos? ¿Cómo se puede utilizar en ese sentido esta fecha del 1 de mayo, simbólica, conceptual e históricamente vinculada al movimiento social obrero más luminoso, eficaz y consciente, sabedor de que la emancipación y libertad de los trabajadores sería obra y conquista de ellos y por ellos mismos o no sería nunca? ¿No fue el 1º de mayo de 1886, la jornada inicial que en Chicago, mostró la fuerza de la clase obrera tras lograr desembarazarse de la influencia de los partidos políticos y sus ideólogos del poder establecido? Y, finalmente, ¿No fue esa fecha y todo lo que ella representaba de independencia y voluntad obrera, lo que la clase política democrática y el empresariado de Estados Unidos quiso asesinar en la figura de cinco anarquistas líderes de la huelga general por las 8 horas, a los que ahorcó un 11 de noviembre?

Dicho esto, debemos aprender la lección que nos ofrece la indigna representación protagonizada por el tándem CC OO – UGT, en aras de evitar que nuestra propia organización pueda seguir -¡nadie lo quiera!- esa senda de derrota y miseria ministerial.

Razones estas que producen la tristeza de comprobar la realidad de los 1º de Mayo actuales -incluso los protagonizados por nosotros mismos- muy alejados del significado reivindicativo que le es propio y al que desearíamos aferrarnos. Todo ello, favorecido por la ritualización inevitable que arrastra la centenaria celebración de este día (hoy ‘festivo’ en muchos países, por decisión del poder estatal correspondiente). Objetivamente, aún cuando no quisiéramos que así fuesen, los 1º de mayo de ahora son más una jornada de desfile y sosegado encuentro que de acción verdaderamente movilizadora en pro de reclamaciones justas, posibles y firmemente percibidas.

De aquí mi propuesta para otros años, para otros 1º de Mayo de nuestra organización, según se señala en el título:

En primer lugar, retomar el sentido reivindicativo y movilizador propio de la fecha y del motivo que está en su origen, alejándolo de la simple manifestación-desfile-mitin rituales.

En segundo lugar, redefinir los modos, formas y procedimientos de la protesta social de ese día y siguientes, situándolos en el plano de la acción sindical directa en pro, por ejemplo, de la jornada máxima sin excusas o cualesquiera otros objetivos plausibles, fuertemente sentidos como justos, necesarios y unificadores.

En tercer lugar, declarar ese día como Jornada de lucha y Huelga general (hasta conseguir el objetivo propuesto, que ha de ser evaluable por la propia clase trabajadora) en todos los sectores afectados por la precariedad y prolongación artificiosa de la jornada más allá de las 40 horas semanales: Hostelería, comercio, bares, restauración, transporte (aéreo, terrestre y marítimo), servicios espectáculos …

No debería admitirse aquietamiento alguno a servicios mínimos, excepto aquellos que la propia clase obrera y las organizaciones que asuman la protesta consideren que deben mantenerse.

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