VERTIDOS CONTAMINANTES EN EL PARQUE NATURAL DE CORRUBEDO

La corrupción ante el espejo o cómo “algo huele a podrido” aquí cerca.

Desde su constitución, el Sindicato Único de Trabajadores “Solidaridad Obrera” (SUTSO) de Pontevedra – CGT al que estoy afiliado, ha venido reivindicando la defensa del patrimonio natural en la Ría de Pontevedra, con una afiliación plenamente consciente de preservar en nuestro entorno, pontevedrés y planetario, en las mejores condiciones posibles la delicada capa de la biosfera terrestre (zona del planeta que alberga la vida), pues en ello nos va a todos la garantía de un vivir verdaderamente sano, humano y digno.

Basándome en este planteamiento que comparto plenamente, envío esta pequeña información a La Campana sobre la agresión que está sufriendo uno de los paisajes más emblemáticos de todo Galicia, a manos de una confabulación de intereses entre empresarios sin escrúpulos y políticos municipales y de la Xunta. Como decía Francisco de Quevedo: … pues él rompe recatos / y ablanda al juez más severo, / poderoso caballero / es don Dinero.

Pescadores y vecinos de Ribeira vienen denunciando desde años, sin que nadie con responsabilidad en el asunto les haga el menor caso, la creciente contaminación que amenaza las dunas del Parque natural de Corrubedo, catalogado además como Lugar de Interés Comunitario (LIC), Zona de Especial Protección para las aves (ZEPA) y Humedal de Importancia Internacional Ramsar de Corrubedo. A solo cuatro kilómetros de este magnífico Parque natural está la isla de Sálvora, que a su vez forma parte del Parque Nacional das Illas Atlánticas.

La contaminación incesante

Según los lugareños, los fines de semana, especialmente cuando cae la noche, una peste a “pescado podrido” se extiende por la aldea de Couso y alrededores, ubicada al sur del parque natural de Corrubedo, uno de los parajes con más valor ambiental de Galicia, además de albergar en sus cercanías una riqueza pesquera y marisquera, sustento de cientos de familias marineras. Aseguran que llevan 20 años soportando el hedor. Observan como industrias cercanas vierten productos contaminantes a horas imprevistas “en fin de semana, por la noche o cuando el tiempo es favorable para que el viento y las corrientes se lo lleven mar adentro”, apunta José Antonio Santamaría, patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de Aguiño y Carreira.

Todas las sospechas apuntan a un pequeño polígono empresarial aledaño al complejo natural de Corrubedo, en el que alojan cinco empresas del sector de la conserva y la acuicultura y una depuradora de aguas residuales. Varias de las empresas obtuvieron irregularmente la autorización para instalarse en el lugar después de que la Xunta de Galicia declarase en 1992 Corrubedo como parque natural.

Complicidades

Una de las factorías que se levantó anexa a los límites del parque natural es Conresa, una fábrica de harinas y aceites de pescado que trata restos de animales procedentes de conserveras y lonjas y que pertenece al grupo Jealsa, principal empresa de la comarca. La factoría había tenido que ser trasladada desde el centro urbano de Ribeira en 2001 por el hedor que desprendía y las constantes quejas de los vecinos, reubicándola, contra toda norma y mínima legalidad, pero con la aprobación conjunta del Ayuntamiento y la Xunta en las proximidades de Corrubedo. No en vano, el fundador de Jealsa, Jesús Alonso, era por entonces al alcalde del Partido Popular en el vecino municipio de Boiro.

Ante las denuncias de los vecinos, los propietarios y directivos de Conresa mantienen que la fábrica cumple con los “parámetros medioambientales marcados por la legislación” y dispone de la Autorización Ambiental Integrada. Pese a las protestas de pescadores y vecinos, la Xunta decidió en 2011 construir en una parcela anexa a Conresa una estación depuradora de aguas residuales que vierte a través de un emisario también dentro de la zona protegida.

La complicidad del Ayuntamiento y la Xunta con las empresas bloquea una y otra vez las denuncias de los vecinos y pescadores, por más que nadie pueda ignorar el hedor que desprenden a cientos de metros ni la frecuencia de vertidos contaminantes en toda el área, dañando flora y fauna en la zona litoral e intermareal.

Esto sucede aquí y ahora, como suceden allí y en todo el planeta las mismas complicidades entre el dinero, las empresas y las autoridades políticas de todo signo, con el resultado de todos conocido: la ruina del paisaje, la destrucción de la vida, la contaminación incesante y, finalmente, un mundo y unas sociedades degradadas y apenas sufribles.

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