22 MAYO: DIA MUNDIAL DE LA BIODIVERSIDAD

Nada que celebrar, mucho que lamentar y, más todavía, responsabilidades que exigir

En cumplimiento de una declaración formal de la ONU, el 22 de mayo se celebra el Día Mundial de la Biodiversidad, aunque a estas alturas haya poco que celebrar y mucho que lamentar, pues estamos en lo que se da en llamar “Sexta extinción masiva de especies biológicas”.

De todos modos, no son pocas las organizaciones y entidades de todo tipo que hacen suya la Agenda de Naciones Unidas para este Día y aprovechan la fecha para la realización de acciones en presunta defensa de la múltiple y variopinta fauna y flora planetarias. No es nuestro caso, pues considerando la naturaleza parte esencial de nosotros mismos y condición ineludible de nuestra existencia, tratamos de celebrarla cada día, procurando mantenerla limpia de contaminaciones, fealdades y, por supuesto, extinciones que, a no dudar, degradan y empobrecen nuestro único y compartido hábitat.

Todos sabemos que la biosfera -esa fina capa del planeta en la que habitan y se relacionan la totalidad de los seres vivos- es un delicado equilibrio que la propia naturaleza va resolviendo cada día, pero que desde mediados del siglo XX la especie humana está alterando hasta un punto de no-retorno, pues avanza en una sola dirección posible dados los intereses en juego, la del empobrecimiento general y de una gravosa habitabilidad.

El planeta se enfrenta ahora mismo y desde hace décadas a una pérdida acelerada y constante de biodiversidad, lo que tiene obvias consecuencias en los hábitats y la biosfera, pues desde la celebración del Convenio de Biodiversidad Biológica en Río de Janeiro, en 1992, la pérdida de biodiversidad se ha ido acelerando, a un ritmo extraordinario. Así, la última versión del informe “Planeta vivo”, redactado anualmente por WWF, una de las mayores organizaciones internacionales no-gubernamentales de la conservación de la naturaleza, señala que la diversidad de la vida en la Tierra ha disminuido de forma frenética: un alarmante 68% en apenas unas décadas, desde 1970. Son las consecuencias de un modelo por el que el Homo sapiens ha modificado el 75% de la superficie terrestre libre de hielo, alterando los ciclos de la vida. En ecosistemas concretos, como los de agua dulce, la pérdida es todavía mayor: un promedio del 84%. Y en regiones como Latinoamérica o Caribe se llega al 94% de pérdida en la poblaciones analizadas en dicho Informe.

La extinción definitiva de especies y la disminución en número significativo de los individuos de una población determinada, supone siempre la degradación de los ecosistemas locales o regionales en que se asientan, lo mismo en ambientes terrestres que acuáticos, cuando es en estos ecosistemas dinámicos sobre los que también se sustenta la presencia y posibilidad existencial de la propia especie humana.

En España, la organización Ecologistas en Acción participa en el Día Mundial de la Biodiversidad-2021 con la presentación del Informe “Naturaleza con futuro” en el que plantea a las autoridades y responsables políticos un total de 117 iniciativas para frenar la pérdida de biodiversidad provocada por la acción humana.

Según esta Confederación ecologista, el estado español es todavía una de las regiones europeas más ricas en biodiversidad y variedad de ecosistemas, sin por ello dejar de sufrir el proceso de pérdida en número de especies e individuos y sin que, salvo unas pocas excepciones, ni a nivel estatal ni autonómico ni local se hubiesen adoptado las medidas necesarias para impedirlo, tal como se habían comprometido internacionalmente, lo que aleja al país de cumplir las Metas de Aichi del Convenio de Diversidad Biológica ni la Estrategia Europea de Biodiversidad para 2020.

Es por ello que el colectivo ha presentado en su Informe las 117 propuestas para la recuperación de la diversidad biológica en el Estado español, entre ellas la creación de una conferencia de presidentes autonómicos y Gobierno para impulsar iniciativas en este sentido o la adaptación de los currículums educativos tanto de primaria como de secundaria para que las causas y las consecuencias de la pérdida de biodiversidad se enseñen en escuelas e institutos y, también, la necesidad de crear planes de renaturalización urbana en todas las ciudades de más de 10.000 habitantes, así como la ampliación y mejora de las reservas naturales fluviales actuales y prohibir los plaguicidas que afecten a especies polinizadoras.

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