La sal de la tierra

Título original: Le Sel de la Terre

Año: 2014

Duración: 100 min.

País: Francia

Dirección: Wim Wenders, Juliano Ribeiro Salgado

Guion: Wim Wenders, Juliano Ribeiro Salgado

Música: Laurent Petitgand

Fotografía: Hugo Barbier, Juliano Ribeiro Salgado

Reparto: Documental, (intervenciones de: Sebastião Salgado)

El cineasta alemán Wim Wenders es de sobra conocido por películas que se han convertido en auténticos iconos de finales del siglo pasado como París, Texas (1984) o Cielo sobre Berlín (1987), aunque su carrera en el terreno de la ficción ha sido bastante irregular en los últimos años, donde parece no encontrar la magia que tenía en sus momentos álgidos. Donde su talento se ha mostrado con mayor claridad en los últimos tiempos es en el cine documental, con obras estimables como Buena Vista Social Club (1999), que lanzó internacionalmente a una serie de extraordinarios músicos cubanos ya en el ocaso de su vida, Pina (2011), sobre la coreógrafa de danza contemporánea Pina Bausch, o La sal de la tierra (2014), en torno a la figura del famoso fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, con la que logró el reconocimiento casi unánime de la crítica e importantes premios internacionales en los festivales de Cannes y San Sebastián o una nominación a los Oscar.

En La sal de la tierra, Wenders, con la ayuda como codirector de Juliano, hijo del fotógrafo, traza una semblanza de Sebastião Salgado, su infancia en una zona rural de Brasil, sus estudios de economía, el exilio en Francia a finales de los años 60 huyendo de la brutal dictadura de su país y sus inicios como fotógrafo, dejando a un lado una prometedora carrera como economista en el Banco Mundial para emprender un fructífero camino que le ha llevado a recorrer incansablemente todos los continentes en busca de captar la esencia del mundo complejo en el que vivimos.

Su trayectoria le ha hecho vivir de primera mano incontables guerras, conflictos, hambrunas y el sufrimiento al que deben enfrentarse numerosos grupos humanos, con una mirada cruda, implacable y profundamente humanista. Por su formación, conoce cómo funciona el mundo y esto le ha hecho más sensible a las miserias de la condición humana. Además el mostrar el dolor, sus imágenes, siempre en blanco y negro, son también una celebración de la diversidad cultural del hombre y la belleza apabullante de la naturaleza, que resiste a pesar de todo, aunque no sabemos durante cuánto tiempo.

Como no podía ser de otra manera, Wenders toma como base las fotografías de Salgado, algunas de ellas muy conocidas, como las de los mineros de oro brasileños o la de la mujer tuareg ciega, pero sobre ellas se superpone el rostro del fotógrafo, un rostro que muestra las marcas del paso del tiempo y destila toda la sabiduría de quien lo ha visto casi todo. Es esa presencia la que aporta un verdadero calado a la película y atrapa al espectador sensible sin posibilidad de escape, invitándole a reconciliarse con el ser humano y la naturaleza en esta época de desesperanza.

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