VII Época - 17

ROBERTO SOSA

(Yoho, Honduras, 1930 – Tegucigalpa, 2011)

Roberto Sosa es uno de los grandes poetas hondureños del siglo XX. Marcó un punto de inflexión en la poesía hondureña del siglo XX. En sus páginas, se puso del lado de quienes padecen el curso de la historia, como muestran estos dos breves poemas que hemos antologizado. El cantante argentino Ricardo Huerta puso música a varios libros de poemas de Roberto Sosa, editando una trilogía en disco, con canciones de Un mundo para todos dividido, “El llanto por las cosas” y “Máscara suelta”.

SECRETO MILITAR

(Respuesta a Rafael Heliodoro Valle)

La Historia de Honduras se puede escribir en un fusil,

sobre un balazo, o mejor, dentro de una gota de sangre.

Llegará, en su día,

la sombra al lirio

A Otto René Castillo, poeta guatemalteco capturado,

torturado, mutilado y quemado vivo 

en la base militar de Zacapa, en 1967,

durante el gobierno de Julio César Méndez Montenegro.

Para ellos,

los adoradores del Primer Gallo

que al principio de la creación del Universo

se balanceó sobre la línea del horizonte,

los mismos

que planearon incendios y matanzas en frío,

se habla

de los Sandoval Alarcón, de los Videla, de los Pinochet,

de los D’Abuisson tocados, cada uno, por la magia

del crimen

que poseía

Truman, la Parca alucinada de Hiroshima – Nagasaki:

para ellos llegará, en su día, la sombra al lirio.

 

LOS ELEGIDOS DE LA VIOLENCIA

No es fácil reconocer la alegría

después de contener el llanto mucho tiempo.

El sonido de los balazos

puede encontrar de súbito

el sitio de la intimidad. El cielo aterroriza

con sus cuencas vacías. Los pájaros pueden

alojar la delgadez

de la violencia entre patas y picos. La guerra fría

tiene su mano azul y mata.

La niñez, aquella de los cuidados cabellos de vidrio,

no la hemos conocido. Nosotros nunca

hemos sido niños.

El horror

asumió su papel de padre frío. Conocemos

su rostro

línea por línea,

gesto por gesto, cólera por cólera.

Y aunque desde las colinas admiramos el mar

tendido en la maleza, adolescente de blanco oleaje,

nuestra niñez se destrozó en la trampa

que prepararon nuestros mayores.

Hace ya muchos años

la alegría

se quebró el pie derecho y un hombro,

y posiblemente ya no se levante, la pobre.

Mirad.

Miradla cuidadosamente.

Pertenece el primero de estos poemas al libro del autor “Un mundo para todos dividido” (1971). El segundo, se encuentra en el libro “Secreto Militar” (1985)

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