Editorial

Rompamos el silencio. Quitemos alambradas.

Por grande que sea el desastre que provocan sus decisiones, nunca le faltan a la clase política excusas y promesas, disculpas y enmiendas. Decenas de cadáveres de inmigrantes en busca de trabajo arrojados por el mar a las costas de España y Europa, no es bastante suceso como para que el rostro de gobernantes y oposición se tiña de un mínimo sonrojo y, mucho menos, para que no reproduzcan la misma cantinela: “Intensificaremos los esfuerzos para prevenir estas tragedias … haremos … no escatimaremos … dispondremos …”. Y así hasta el año que viene, hasta el mes que llega, hasta la semana próxima … en que el mascarilla de turno repetirá la palinodia, frente a un público que ya ni oye ni ve.

Primera semana de agosto, probablemente día 5: El pobre hombre, con la piel todavía cuarteada por la sal, apenas podía hablar. Unas cuarenta personas -llegó a decir-, la mayoría hombres jóvenes pero también mujeres y niños originarios de Guinea Conakry, tras pagar el peaje, nos subimos a una embarcación en las costas de Nuadibú (Mauritania) rumbo a las islas españolas de Canarias en busca de trabajo.

Estábamos ya en alta mar, aunque no lejos de la costa, cuando el patrón nos comunica que el motor de la embarcación había sufrido una avería. Durante varios días, ¡no se cuántos!, nos mantuvimos a la deriva, sin que nadie nos avistase y llegase en nuestro auxilio. Hablamos y discutimos, ¿Qué hacer? Ya el agua entraba a borbotones en el casco. Saltamos entonces por la borda, incluso los que apenas sabían nadar y braceaban, con la esperanza de alcanzar la costa. Los gritos vinieron después. Sólo yo lo logré, aún no se cómo ni cuando ustedes me encontraron tendido al pie del agua. Todos los demás murieron ahogados, a algunos yo los vi hundirse, otros iban quedando atrás.

Primera semana de agosto, día 5 – Una embarcación, también en condiciones precarias, zozobró ese mismo día en alta mar cuando se dirigía a Canarias. El hundimiento se produjo a 20 kilómetros al sureste de la ciudad de Dajla, la antigua Villa Cisneros española, en el Sáhara Occidental ocupado por el ejército marroquí y arrebatado a sus habitantes saharauis. Al menos 10 personas han muerto durante el naufragio, pues este es el número de cuerpos que lograron rescatar los pescadores locales, aunque informadores de la localidad de embarque aseguraron a la portavoz de la ONG Caminando Fronteras, Helena Maleno, que en la patera iban al menos 27 personas. No se logró encontrar un solo superviviente.

Primera semana de agosto, día indeterminado, probablemente 3 de agosto – El refuerzo del control fronterizo en el norte de Marruecos está desplazando las rutas migratorias a la fachada atlántica. Para evitar ser interceptados, los migrantes parten de regiones cada vez más lejanas y quedan a merced de las mareas en embarcaciones en mal estado, sin suficiente combustible y sin instrumentos de navegación. El 3 de agosto, las autoridades marroquíes hallaron otros siete cadáveres y rescataron a 40 emigrantes subsaharianos que intentaban llegar a Canarias frente a la localidad sureña de Tarfaya.

7 de agosto – El Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil rescata en el puerto de Valencia los cadáveres de dos polizones subsaharianos que se habían lanzado al agua, con el ánimo de llegar a nado a los muelles del puerto. Apenas sabían nadar

20 de agosto – Un avión de Salvamento Marítimo divisa los “cuerpos inertes” de una decena de personas que viajaban en una patera, ahora semihundida, localizada a unas 80 millas al sur de Gran Canaria. La patera había partido desde Nuadibú (Mauritania), hace cuatro días.

Ese mismo día, 20 de agosto, un inmigrante muere en su intento por saltar la alambrada fronteriza de 10 metros de altura en Melilla. Otros treinta inmigrantes que habían participado en el salto colectivo, lograron poner el pie en tierra europea, sólo para ser detenidos por la policía española y encerrados en la plaza de Toros y después en el Centro de Estancia Temporal para Extranjeros (CETI) ya colapsado, en el que se hacinan más de 1300 inmigrantes y el que se incumplan todas las exigencias del Derecho internacional y de Derechos humanos.

Última semana de agosto – En tan solo dos días, según informa la Sección sindical de CGT, Salvamento Marítimo recogió 20 cadáveres de las aguas próximas a las islas Canarias. En el mar de Alborán, este domingo once personas desaparecieron tras el naufragio de una embarcación con cuatro supervivientes. Solo en agosto, un total de 212 inmigrantes han llegado a las costas canarias y se han contabilizado 127 muertos.

Rompamos el silencio. Quitemos alambradas.

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