VII Época - 26

Editorial

Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.

Rafael Amor

El delirio autoritario exhibido por el Secretario general (SG) de la CGT, Miguel Fadrique, y de la corte auxiliar que suscribe sus desmanes -el Secretariado Permanente (SP) y miembros del Comité confederal claudicantes de su competencia y función orgánicas- sobrepasa con mucho todo lo tolerable, sin que ello provoque un gravísimo y suicida quebranto en toda la organización.

Pues sin combatir y sajar esa gangrena autoritaria que corroe el funcionamiento orgánico, ya no será posible a los sindicatos de CGT ejercer, sin engaño ante la clase trabajadora y desde ella, una acción sindical y social dignas, merecedoras de militancia y compromiso. Tampoco será posible articular una organización fuerte y amplia, capaz de hacer frente a los retos que tiene ante sí la clase trabajadora en este país y en el mundo. Pues es condición para ello, que la CGT acredite con firmeza sus principios estatutarios de democracia directa, federalismo y autonomía sindical, ajena a todo autoritarismo.

El 17 de febrero -de nuevo sin firma, pero acreditado con el sello del SP, organismo meramente auxiliar y asistente del Comité confederal- el SG, con absoluta desfachatez, envía a toda la organización un presunto “Calendario definitivo” de un Pleno federal extraordinario de la Federación de Transportes y Comunicaciones (FETyC)”. Pleno que ha sido por él mismo convocado, en fraude estatutario y usurpación de competencias orgánicas, propias del Secretario general de la FETyC, y al que, de modo no menos fraudulento y nulo, se pretendió expulsar en la circular del 29 de enero.

Con este nuevo agravio a la CGT, Miguel Fadrique, se reitera en la transgresión flagrante de los estatutos confederales. Sea por decisión propia o prestada (todo hace sospechar que prestada), el SG se sitúa conscientemente al margen de la organización que representa simbólica y jurídicamente.

En apenas 20 días, entre el 29 de enero y el 17 de febrero, el Secretario general ha remitido a la organización al menos cuatro circulares -dos de ellas firmadas por él mismo y otras dos suscritas por el SP- que, como decíamos la semana pasada, “tanto en su contenido como en su literalidad conculcan los más esenciales principios y normas de federalismo, democracia directa y autonomía sindical que vertebran a la CGT. Todo ello con un objetivo claro: cambiar, por la vía de los hechos, la estructura y el funcionamiento consustanciales a la CGT para construir en su lugar otra organización distinta, aunque camuflada en las mismas siglas.” Lo que significa, una abierta “declaración de guerra al anarcosindicalismo y al modelo organizativo antiautoritario de la CGT, por el que tanto hemos luchado y que seguiremos defendiendo con toda firmeza.”

Ante la gravedad del momento que atraviesa la CGT, ya no es tiempo de tactismos de corto alcance y argucias ocasionales. Al contrario, es la hora impostergable de realizar, en primer lugar, una llamada a la insumisión y confrontación de los sindicatos y entes confederales todavía no gangrenados contra la conjura autoritaria en la que están involucrados cargos representativos de la CGT. que logre pronta celebración de un Congreso extraordinario, que, no solo reponga la confianza en los cargos representativos de la CGT, sino que, sobre todo, repare el daño producido por la intriga y restaure el anarcosindicalismo que nos vertebra. Y ese llamamiento a un nuevo Congreso ha de manifestarse, nítida y clamorosamente, con absoluta contundencia y tenacidad, en todas las reuniones y encuentros orgánicos que se celebren.

En tanto el Congreso no llega habrá de ser -como siempre ha sido o ha debido ser-, “la acción sindical, social, formativa y orgánica de los sindicatos confederales que no toleran el caudillismo la que, desde hoy mismo, ha de forjar en su seno la militancia capaz de restaurar en el próximo Congreso el anarcosindicalismo hoy acosado, dignificándolo y actualizándolo como la herramienta necesaria para una lucha social y colectiva, verdaderamente transformadora”.

No es la primera vez que la militancia anarcosindicalista -antes en la CNT y desde 1989 en la CGT- se ve en la necesidad de no dejarse arrebatar sin lucha la experiencia histórica ejemplar de una organización sindical que camine en libertad, con poder decisorio desde los sindicatos, desde abajo arriba, sin jefes ni burócratas arteros que puedan decidir por la afiliación, sin bandas ni banderías que puedan gangrenar la organización con su autoritarismo y burocracia implícitas. En ello estamos y, por ello, avancemos hacia ese Congreso restaurador y en él, construyamos con lúcida resistencia el irredento compromiso de la militancia anarcosindicalista con la lucha social de la clase trabajadora en pos de una sociedad justa, solidaria y plenamente libre.

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