VII Época - 36

Editorial

Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.

Rafael Amor

Del 15 mayo de 1948, día de Nakba (la catástrofe) del pueblo palestino a hoy, 15 mayo de 2024, han pasado 76 años. En ese periodo (1948 – 2024) la magnitud del sufrimiento soportado por el pueblo palestino es ya inconmensurable. Tanto como lo son, por un lado, la crueldad y monstruosa rapacidad de sus verdugos y, por el otro, la obstinada resistencia que mantiene a las familias palestinas ancladas a su cielo y tierras, en libre y vigorosa rebelión contra la cárcel, el despojo y el exterminio decretados.

Desde aquél 15 de mayo de 1948 a hoy, la agresión israelí asesinó a más de 150.000 personas, mutiló gravemente a más de medio millón, encarceló a millón y medio, muchas de ellas sometidas a indecible tortura y permanente vejación. Se calcula que más del 50% de la población palestina mayor de 14 años sufrió prisión o arresto duradero en algún periodo de su vida, sin contar a los más de dos millones de gazatíes que desde hace dieciséis años permanecen recluidos en la más grande prisión del mundo al aire libre.

Fruto de esta barbarie, ahora mismo más de seis millones de palestinos, arrojados a sangre y fuego por Israel de sus hogares, pueblos y tierras, malviven en campos de refugiados, repartidos por la Franja de Gaza, la Cisjordania ocupada y países limítrofes de Oriente Medio. Y Sobre ellos, la constante amenaza de la muerte y la devastación, del dron asesino, del franco-tirador israelí, del tanque o el incesante bombardeo, como ahora mismo ocurre en Gaza y en Cisjordania ocupada.

¿Qué justifica semejante delirio homicida? ¿Cómo se ha podido llegar hasta aquí? ¿Cómo es que aceptamos humilladamente un crimen tan horrendo como el que se comete a los ojos de todo el mundo, a lo largo de 76 años? ¿Cómo es posible que aceptemos sin reacción, al designio del neoliberalismo rampante, que ha conseguido eliminar del pensamiento y la consciencia, el concepto de humanidad?

La historia de Israel en el siglo XX es tanto la de la construcción nacional y delimitación sangrienta de un nuevo estado en Palestina, el Estado de Israel, previo despojo y supresión del pueblo árabe que habitaba aquél territorio, como la de la dramática resistencia de este pueblo a tan brutal e injustificable despropósito, hoy a punto de ser ‘victorioso’.

Tejiendo fríamente el holocausto del pueblo palestino: El comienzo de la ignominia suele situarse en el 19 de noviembre de 1947, cuando la ONU del momento acordó la partición de Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe. Al futuro estado palestino se le asignaban 11.283 km2 y al naciente estado judío, 14.500 km2. Jerusalén y Belén, permanecerían internacionalizados. La mayor parte del territorio, incluida la región costera mediterránea y el conjunto más fértil se le entregaba a la minoría judía, mientras que a la población autóctona, mayoritaria, se la relegaba prácticamente al desierto. 590.000 judíos que en ese momento eran propietarios del 7% de la tierra, recibirán el 56% del territorio, mientras que 1.400.000 árabes, propietarios del 93% de las tierras, recibirán el 43,35%.

Con aquella “decisión” se precipitó la tragedia que perdura hasta hoy. No es extraño, que los árabes rechazasen airadamente la ‘partición’, aunque no tuviesen capacidad política, militar y económica para evitar el despojo. Por razones contrarias, razones de expansionismo (hoy, brutalmente confirmadas) también los sionistas se negaron a admitir los límites impuestos, lo que está en la base de los sucesos a los que hoy asistimos: la devastación física de Cisjordania y Gaza, además de las matanzas de personas, como condición previa y necesaria para lograr la definitiva apropiación territorial por el estado de Israel.

La partición sentenció a muerte, el exilio y la desesperación a millones de personas, en una hecatombe que dura hasta hoy. Desencadenó la militarización de la sociedad israelí́, la legalización del expolio, la impunidad del genocidio (garantizada actualmente, sobre todo por EE UU, Reino Unido y la Unión Europea), la intimidación a la población árabe-palestina, De modo que cada levantamiento, cada acto de resistencia de la población árabe, cada Intifada, fueron seguidos siempre de nuevos éxodos palestinos y la anexión de nuevos territorios por el estado israelí, más allá de los límites que le había concedido la ONU al nuevo Estado.

El 14 de mayo de 1948, David Ben Gurión proclamó unilateralmente el Estado de Israel netamente judío (religioso y racial), lo que contradecía abiertamente la Resolución de la ONU sobre la partición, en la que se especificaba que la soberanía de ambos estados, residiría en cualquier caso en la población que habitase en los territorios respectivos, en la nación cívica, y de ningún modo en rasgos religiosos, raciales o culturales (la nación étnica).

Al día siguiente, 15 de mayo, comenzó la matanza y el pillaje de tierras, casas y pueblos palestinos por el ejército y los ‘colonos’ israelíes, que continúa a día de hoy.

La voluntad insumisa y la esperanza: Los poderosos del mundo, responsables de la atrocidad que hoy se comete, han de gastar demasiado en la industria mediática para engatusar a los pueblos y que estos toleren su mezquindad inhumana. Cada vez ha de ser mayor la mentira -y los medios que la construyen y propagan- para que la gente se aferre a la ceguera y los consienta. Tratando de convencerla de que las víctimas destinadas al sacrificio en aras de su codicia, disponían de un algo, de un arma terrorista, con el que amenazan el planeta.

Y efectivamente, lo tienen. Su armas es un sueño, el mismo que intenta asesinar el tirano Macbeth y no le deja dormir. El mero sueño de que las cosas no sean como vienen siendo, ni los destinos tan brutales como los que inevitablemente se diseñan en los cuarteles de las finanzas. Y esta es también la inquietud de La Campana, la que nos impulsa a resistirles y continuar obstinadamente construyendo la solidaridad y la dignidad, fieles a un horizonte de libertad que intuimos y reconocemos posible y necesario. Pues esta es nuestra voluntad insumisa y esperanza cierta, compartida con el pueblo palestino, hasta que llegue el día en que “del río al mar, de la cumbre al valle, de Palestina al mundo … la solidaridad internacional logre vencer la infamia de los tenebrosos gobiernos actuales” ¡Avancemos cara a la convocatoria de una huelga general, estatal e internacional, que detenga la barbarie militarista, que a todos amenaza y a todos compete dinamitar!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *