Editorial
Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.
Rafael Amor
El genocidio sobre Gaza y el apartheid, colonización, robo de tierras y asesinatos impunes en Jerusalén y la Cisjordania ocupadas continúan. Continúan y continuarán hasta que Israel logre el exterminio o expulsión definitiva de la población de Gaza y anexión de todo el territorio Palestino, o bien se lo impida -lo impidamos- desde la acción insurgente de la solidaridad internacional.
Una solidaridad que, al unísono con la épica resistencia palestina, ha de materializarse en una serena y general intifada (rebelión) de desobediencia civil, alzándose con todas las armas y procedimientos de defensa disponibles frente a los estados perpetradores o colaboradores necesarios en este crimen. En primer lugar contra Israel, pero también contra las democracias capitalistas occidentales [Estados Unidos y los miembros de la Unión Europea a la cabeza] que -¡en nuestro nombre y al amparo de su jefatura consentida por los respectivos cuerpos electorales!- vienen ejerciendo un puesto clave en el brutal crimen. Financiándolo, cubriéndolo con el manto de la impunidad, amparándolo y, ahora, tratando de compartir migajas en el negocio, robo y saqueo de Gaza, bajo la tapadera del bautizado con sangre y estúpida bravuconería por el presidente estadounidense con el nombre “Plan de Paz para Gaza”.
Esta fue la agenda del crimen en este mes de febrero:
En las primeras semanas de febrero, el parlamento israelí aprobó nuevas leyes que ampliarán el control del ejército israelí sobre la Cisjordania y Jerusalén ocupadas y facilitarán a los colonos judíos la anexión y robo de nuevas tierras arrebatadas a la población palestina. En todo caso, se trata de unas medidas legislativas consideradas ‘ilegales’ por la inoperante legislación internacional y la ONU, pero efectivamente impuestas a sangre y feroz barbarie por el ejército y las bandas cuatreras de los colonos israelís.
Esta decisión, junto con la masacre, destrucción y apropiación de Gaza, representa el penúltimo paso dado por el parlamento, gobierno y población de Israel en su pretensión de anexionarse definitivamente la Palestina histórica, como paso necesario a la “Solución final” (término utilizado por la política nazi alemana en la II Guerra Mundial, para nombrar el objetivo del holocausto judío) que ultime el genocidio del pueblo palestino en su propio hogar.
Pero la farsa internacional encubridora de este horror ha celebrado en este mes de febrero un nuevo episodio. La Junta de Paz para Gaza -la institución creada por EE UU para el saqueo en beneficio propios y de sus compinches de la devastada franja de Gaza- celebró entre el 19 y el 20 de febrero, su primera sesión formal, bajo la presidencia vitalicia de Donald Trump. Se trataba de escenificar, con ínfulas nostálgicas de una añorada hegemonía mundial, la obscena exhibición del plan de “Paz” que Donald Trump había negociado con Nadie (esto es, con los compinches que participan y comparten con sus empresas e intereses privados el poder económico que ostenta la primacía geopolítica de EE UU y sus sucursales), disponiéndose a encubrir para su gloria personal el genocidio del pueblo palestino y simular el ‘cese’ del fuego en Gaza, que en tan sólo unos meses ya ha asesinado a más de quinientos gazatíes y mantiene cercados a dos millones de personas, sometidas al hambre, la desatención sanitaria, la miseria extrema y bajo la amenaza constante de ser cobardemente asesinada.
Más de 45 presidentes de gobierno y jefes de estado, todos y cada uno de ellos representantes infames de sus respectivas poblaciones consentidoras, rindieron pleitesía al presidente de EE UU, babeando en su presencia loas al horrendo plan de negocio que intentarán, dispuestos a recoger el fruto de haber causado decenas de miles de cadáveres e imponer la expropiación del suelo, el agua y el aire a los sobrevivientes indefensos, pero todavía anclados y en resistencia frente a sus asesinos.
Esto es lo que, al parecer, elucubran los más necios y codiciosos miembros de la troupe, por más que muchas señales apunten a que ese ‘presunto proyecto inmobiliario’ no es en realidad más que una engañifa, un señuelo sobre cuyas ruinas Israel impondrá la expulsión de los habitantes de Gaza y la anexión definitiva de la Franja.
También este febrero de 2026 fue testigo de la infame declaración de los más altos representantes de la Unión Europea conforme el fantasmal ‘realismo político” no les deja margen de maniobra para poder detener ‘lo que sucede’ en Palestina e ir más allá de las inútiles frases de repulsa, hueras de humanidad y voluntad. Pura mentira.
Si en verdad consideraran que el comportamiento de las autoridades israelíes vulnera la legislación internacional en torno a los derechos humanos al cometer actos de barbarie inimaginables ¿qué les impide reconocer también la legitimidad histórica y ética de la lucha e insumisión de las gentes palestinas por la libertad, la vida, el pan y la dignidad frente a la opresión, despojo y violencia que sufren a manos de Israel? ¿Qué les impide adoptar la primera y más efectiva declaración en defensa de la libertad y la justicia para todos los pueblos de la tierra, que el borrar de su vergonzante lista de organizaciones ‘terroristas’ a quienes en Palestina se defienden, ¡ellos sí!, de la agresión israelí con las armas que puedan disponer y, por el contrario, incluir en ella al estado de Israel, responsable del intolerable horror actual? Nada se lo impide, excepto su complicidad con Israel y con el neofascismo que nos corroe.

