VII Época - Dossier nº 2

LLAMAMIENTO «IN EXTREMIS» A LA CORDURA DE LA MILITANCIA CEGETISTA

Estamos a unas semanas del XX Congreso Confederal de la CGT. En circunstancias normales este comicio sería motivo de ilusión y esperanza porque un congreso es el marco en el que la afiliación, a través de delegaciones directas de las asambleas de todos los sindicatos, toma acuerdos para marcar las lineas de pensamiento y acción de la estructura confederal para los próximos cuatro años. Una buena ocasión para adaptar el sindicalismo de la CGT a los cambios y retos que estos tiempos de capitalismo extremo, recortes en servicios públicos y represión de derechos y libertades nos plantean. Momento también necesario para consolidar el lento pero sostenido crecimiento de nuestra organización sindical.

Sin embargo, y a tenor de las quejas de algunos sindicatos, no parece que esa oportunidad de fortalecer y relanzar la principal central anarcosindicalista actual en el mundo vaya a ser aprovechada. Da la impresión de que, más que para corregir errores y cerrar las heridas del último encuentro confederal y las producidas en los cuatro años que le han seguido, el congreso que tendrá lugar del 1 al 4 de octubre en Parla (Madrid) se pretende utilizar para silenciar y excluir definitivamente las posturas críticas con el camino seguido por el Secretariado Permanente (SP) surgido en el último congreso (Zaragoza, 2022) y la forma en que dicho órgano de gestión aplica métodos poco confederales cuando conviene a sus particulares y extraños intereses.

Llevando casi 50 años de militancia anarco-sindicalista y habiendo desempeñado diversas res-ponsabilidades en la organización no es la primera vez que vivo una situación dolorosa y desagradable dentro de la casa. Fui testigo directo del V Congreso y de la escisión que allí se produjo, que después daría paso a la actual CGT. No ha sido fácil el trayecto que hemos recorrido desde entonces, ni agradable soportar el ambiente creado en la familia libertaria como consecuencia de esa división del anarcosindicalismo. Lamentable también que esa fractura orgánica no solo continúe 47 años después, sino que otras nuevas escisiones se hayan ido generando en uno y otro de los sectores resultantes del Congreso de la Casa de Campo (Madrid, 1979). Ya somos unas diez organizaciones en la familia y la cosa parece que aún no ha terminado.

No era aquella la primera vez que la CNT se fracturaba; entre 1931 y 1934 ya se generó una división tras la publicación del Manifiesto de los Treinta, aunque los compañeros y compañeras de entonces demostraron más cordura y en el Congreso de Zaragoza (1936) se recuperaba la unidad confederal. También en el exilio (principalmente en Francia) se produjo en 1943 otra escisión por el debate entre colaborar con el gobierno republicano o activar una posición más crítica. Tras dos décadas de enfrentamiento entre los cenetistas agrupados en los comités de Toulouse y  París, en los años sesenta se pudo recuperar una cierta unidad.

Resulta paradójico que dos grandes escisiones como consecuencia de importantes diferencias ideo-lógicas o estratégicas pudieran ser superadas por el conjunto de la organización en el siglo pasado, mientras que ahora rencillas personales o interpretaciones interesadas de los estatutos y acuerdos están poniendo en riesgo el proyecto anarcosindicalista que tanto ha costado levantar.

Por supuesto que yo, como cualquier otro militante, tengo mis posturas personales y mis simpatías y reconocimiento hacía compañeros y compañeras con quienes más y mejor he trabajado, pero eso no es óbice para que entienda que otras personas y posiciones con las que discrepo también deben tener su espacio en el debate confederal.

En mi modesta opinión, y dada la profundidad de las discrepancias y enfrentamientos, no sería este próximo congreso un marco adecuado para abordar cambios tan drásticos y arriesgados en los estatutos como los propuestos en varias de las ponencias presentadas. La sensatez que tantas veces nos falta, pero que aparece cuando menos se espera, aconseja tomar acuerdos sobre los puntos de acción social y sindical, elegir un nuevo SP que cohesione la organización -recuperando para nuestra causa a militantes, secciones sindicales y sindicatos que por una u otra razón ahora están apartados- y convocar un congreso extraordinario donde los sindicatos de la CGT aborden, con serenidad, respeto y sensatez, el relanzamiento de la Confederación General del Trabajo como la alternativa sindical que la clase trabajadora está necesitando.

Como reflexión final y como modesta aportación previa al congreso, al diálogo de la militancia, quisiera lanzar un llamamiento a la cordura y la generosidad que nos permita salvar esta delicada situación. Ese esfuerzo que pido se lo debemos a los miles de compañeros y compañeras que dedicaron su vida -perdiéndola en muchos casos- a luchar por nuestras ideas, pero también se lo debemos a los centenares de militantes que ahora mismo se juegan el puesto de trabajo -y muchas veces lo pierden- por ser de la CGT y defender las propuestas de nuestro sindicato.

Salud y compañerismo

Antonio Pérez Collado

(Jubilado de CGT València)

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