MARTÍN BERNAL

La lucha tenaz de un anarcosindicalista contra el fascismo

Martín Bernal, era uno de los voluntarios fundadores de “La Nueve”, la legendaria compañía de antifascistas españoles (144 españoles de los 160 integrantes de la Compañía), que el 24 de agosto de 1944 liberó el Ayuntamiento de Paris y, unas horas más tarde, detuvo al general Dietrich con Choltitz, el comandante de las tropas nazis de ocupación, con todo su Estado Mayor y recibió el reconocimiento de escoltar a De Gaulle en el desfile de la victoria sobre los alemanes. Ese día, al mando del tanque “Resistencia”, iba Martín Bernal.

Su lucha incansable contra el fascismo se había iniciado catorce años antes, cuando a principios de la década de los años 30 del pasado siglo, decidió, al igual que su hermano Francisco, incorporarse a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), en la Federación Local de Zaragoza. En ese momento se ganaba la vida como instalador de calderas, ocupación que compaginaba con la de novillero bajo el pseudónimo de Larita II.

Martín, tenía 24 años cuando los militares franquistas se sublevaron en 1936. Sabiendo el destino que le esperaba -los fascistas, triunfantes por sorpresa en Zaragoza, desataron inmediatamente una feroz represión con más de 3.500 fusilados y desaparecidos- logró escapar de la ciudad y unirse a la Columna Ascaso, una de las milicias anarquistas que salieron de Barcelona en los primeros días de la guerra para intentar liberar la capital aragonesa.

Desde ese momento, ya no dejaría de luchar contra los ejércitos fascistas y nacional-socialistas que incendiaban el planeta entero. En los próximos nueve años se enfrentará tres veces contra el fascismo, en al menos seis naciones diferentes. La primera en España, en la guerra civil, como miembro de la Columna miliciana anarquista “Ascaso” y después en las tropas regulares de la Segunda República. La segunda, en Senegal y en el norte de África (Argelia y Túnez) con la Legión Extranjera francesa, contra el África Korps del general alemán Rommel. Y. por último, en la campaña de liberación de Francia y Alemania como alférez de La Nueve.

Tras la disolución y militarización de las milicias anarquistas, en 1938, Bernal participará como soldado del Ejército de la República en varias batallas de la guerra civil, como la de Teruel. Al final de la guerra, tras la victoria de los franquistas, fue hecho prisionero juntamente con los restos del ejército republicano. No obstante, en diciembre de 1939, logró evadirse del campo de concentración adonde había sido arrojado, en Llíria (Valencia). Tras atravesar media España a pie, caminando por la noche y ocultándose por el día, logró cruzar la frontera pirenaica y alcanzar un puesto francés. Cuando creía haber alcanzado la libertad, la Gendarmería francesa a la que se presentó, le ofreció tres opciones: ser deportado a España (es decir, llevado al paredón), ir a un campo de prisioneros (con la amenaza de ser trasladado a un Batallón de castigo o campo de concentración alemán) o enrolarse en la Legión Extranjera. Optó por la tercera, aunque pensando en desertar en cuanto pudiese.

En África hubo de participar en diversas batallas, desde Senegal a Túnez, contra el ejército alemán del mariscal Rommel, antes de desertar de la Legión para alistarse en el Cuerpo Franco africano en 1943, e integrarse en el Ejército de Liberación Nacional francés. Durante la guerra en territorio francés resultará herido en cinco ocasiones, siendo condecorado varias veces por su valor.

Meses después, Martín se reencontraría con su hermano Francisco, de quien no tenía noticias desde hacía cinco años. Había llegado a París repatriado desde Mauthausen, el siniestro campo de concentración nazis del noreste de Austria. Los dos hermanos abrieron una zapatería en las afueras de París, ciudad en la que, aunque viajaron a Zaragoza en varias ocasiones, ambos residieron hasta su muerte.

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