LUCÍA SÁNCHEZ SAORNIL

Poeta, militante anarquista, Co-fundadora de Mujeres Libres / 1

En esta hojilla Campanera de recuerdos e historia viva, rendiremos en este y siguiente número de La Campana homenaje a una extraordinaria mujer, Lucía Sánchez Saornil, cuando se cumple el 50 aniversario de su muerte, ocurrida el 2 de junio de 1970.

Poeta fundamental del grupo de la vanguardia poética Ultraísta y, después, de la poesía épica revolucionaria y popular, sindicalista, anarquista, humanista, luchadora incansable por la emancipación social femenina, escritora en los medios y revistas obreras y de la lucha social, co-fundadora de la revista “Mujeres Libres” y primera presidente de la Federación Nacional del mismo nombre “Mujeres Libres”, que en 1937, vinculada a la CNT y el anarquismo, llegó a agrupar en la zona republicana a 90 agrupaciones locales y comarcales y representar a 21.000 mujeres asociadas. Todo esto era Lucía, una mujer menuda, de aspecto agitanado, obrera laboriosa y enérgica, de extrema sensibilidad y firme compromiso ético y solidario.

Su papel en la historia de las luchas sociales en el siglo XX fue, sencillamente, ejemplar y admirable, por más que aún hoy se ejecute una confabulación de silencio sobre su personalidad. Lucía, en uno de sus últimos poemas, pudo comparar con dignidad su destino con el de la escultura Victoria de Samotracia: «perderé como tú si se da el caso / la cabeza pero nunca las alas». Así fue.

Lucía nace en 1895, en el seno de una familia humilde en el barrio obrero de las Peñuelas, en Madrid. Siendo ella muy niña fallece su madre, por lo que el magro sueldo de su padre, telefonista en la mansión de la Casa de Alba, apenas daba para alimentar a los cuatro pequeños hijos. Lucía pudo cursar estudios elementales en el Centro de Hijos de Madrid, propiedad de la sociedad de beneficencia homónima.

Poco más se sabe de su infancia hasta que en 1916, con veinte años, ingresa como operadora en la plantilla de la Compañía Telefónica, con oficio seguramente aprendido de su padre. Pese a la abusiva jornada de trabajo y duras condiciones laborales, Lucía se inscribe como alumna becada en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, pues tiene notables cualidades como dibujante y pintora. En la Academia de Bellas Artes se relaciona con la vanguardia literaria de la época, decantando su actividad artística hacia la poesía, llegando a ser considerada como la única mujer representante y co-fundadora del importante movimiento poético “ultraísta”.

Sin embargo, las condiciones laborales y salariales que padecían las más de 7000 empleados que integraban la plantilla de la Compañía Telefónica, de propiedad norteamericana, eran misérrimas.

Bajo aquella dictadura, un grupo de capitalistas norteamericanos, patrocinados por el embajador de EE UU, mediante sobornos, obtuvo del dictador la concesión a perpetuidad de las comunicaciones telefónicas, en favor de la Cia. American Telephone Company. El Estado podría rescatar a los veinte años las instalaciones pagando por ellas lo que en sus libros apareciese como desembolsado, y además un 15 por ciento de interés fijo en oro. Ninguna otra empresa gozaba de tales privilegios en España. En el “contrato”, se agregó que los servicios instalados se hicieron con sistemas y aparatos patentados por grupos pertenecientes a la misma compañía norteamericana, de modo que, aun en el caso de que el Estado español recuperase a tan alto precio la Telefónica, tendría que seguir pagando los derechos de patentes hasta que se extinguiesen. Además, la Compañía estaba también exenta de todo impuesto y tributo estatal, provincial o municipal. A ello hay que añadir, que la explotación de la clase obrera en general y de la Cia. Telefónica en particular, estaba firmemente garantizada por la dictadura, que no dudaba en reprimir a sangre, fuego y cárcel, el más mínimo intento de protesta obrera.

Pese a ello, la joven operadora, Lucía Sánchez, como la mayoría de sus compañeras y compañeros, se afilió a la CNT, el sindicato de raíz anarquista, dispuesta a luchar colectivamente para poner fin a tamaña explotación y desprecio, por más que ello significara arriesgar la vida y sufrir la violencia del estado y la patronal unidos. De hecho, el 21 de septiembre de 1927, la patronal, con la excusa de “Conveniencia de servicio” impone a Lucía como castigo por su actitud reivindicativa, el traslado obligado de Madrid a Valencia o bien la pérdida del trabajo. Lucía permanecerá en Valencia dos años, sin que por ello disminuya, sino que se refuerza, su compromiso con la causa sindical y obrera. (Continuará)

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