LUCÍA SÁNCHEZ SAORNIL

Mujeres Libres / y 3

Decíamos en esta hojita de las semanas anteriores (La Campana, nos 3 y 4), dedicadas al recuerdo de Lucía Sánchez Saornil, que a la edad de 20 años, en 1915, había ingresado como operadora en la Compañía Teléfonica, pero por su participación en las luchas sindicales como afiliada de la CNT, es castigada por la empresa con el traslado a Valencia en 1927.

Una vez cumplida la sanción, regresa a Madrid dónde se dedicará plenamente al movimiento sindical en el seno de la CNT. Sus escritos militantes se publican en las ediciones libertarias más conocidas, como “Tierra y Libertad”, “CNT”, “La Revista Blanca”, “El libertario” o “Solidaridad Obrera”. En muchos de esos textos, Lucía expresa ya su posición en defensa de la mujer y de lúcida denuncia de la deplorable situación social en que viven, sin dejar de reprochar a muchos de sus compañeros que abandonasen sus “ideales” en cuanto llegaban al hogar, tratando a sus “compañeras” como inferiores a su cuidado. Como fruto temprano de esa inquietud emancipadora intenta con su amiga Mercedes Comaposada, organizar cursos de capacitación para mujeres, en la sede de la CNT de Madrid.

En 1933 se hace cargo de la secretaría de redacción de “CNT”, órgano periodístico de la central obrera. El periódico sufrirá en repetidas ocasiones la inquina de las autoridades, que a menudo ordenan su cierre. Lucía tendrá entonces que sobrevivir con el pequeño sueldo que pueden ofrecerle en la secretaría de la Industria Ferroviaria de la CNT.

A finales de 1935, Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada y la médico Amparo Poch, se reúnen para crear juntas la organización femenina “Mujeres Libres”. “Mujeres libres”, seguramente bajo la inspiración de Lucía, fue en primera instancia una revista, enseguida una red de cordialidad y de Agrupaciones locales extendidas por toda la España Republicana y, por último, una Federación Nacional (1er Congreso – Valencia, 1937), cuya primera presidente será, precisamente, Lucía. Esta organización, de naturaleza anarquista, en plena guerra civil, llegará a tener cerca de 30.000 afiliadas, con incidencia especial en Madrid, región central castellana, Cataluña, Aragón, Valencia y Andalucía.

‘Mujeres Libres’ representará un hito decisivo en el tradicional empeño anarquista por la liberación de todos los seres humanos, sin distinción. En primer lugar, al desafiar al movimiento libertario a cumplir su promesa, dictada en el lejano Congreso anarquista de 1872: “las mujeres deberían ser absolutamente iguales a los hombres en el hogar y en el centro de trabajo”. En segundo lugar, al capacitar a las mujeres trabajadoras para que reclamasen el lugar que les pertenecía, tanto dentro del propio movimiento revolucionario como en el de la nueva sociedad, comunista y libertaria, por la que batallaban.

Tras el estallido de la guerra civil, en julio de 1936, Lucía participa como espontánea miliciana en el asalto al cuartel de la Montaña. Luego compaginó la creación literaria con la organización de las colectividades auto gestionadas agrícolas cercanas a Madrid y la distribución de propaganda y materiales en los frentes del Guadarrama. Lucía escribe entonces algunos poemas que serán recogidos en el libro “Romancero de Mujeres Libres”. Se trata de poesías que Lucía había ido componiendo al hilo de los sangrientos episodios de la contienda y de la lucha contra el fascismo. Son poemas escritos a vuela pluma que, en algunos casos, representan verdaderas cimas de la épica romanceada española, como el romance de María Silva “La libertaria”.

En mayo de 1938 ocupa la secretaría de prensa y propaganda del Consejo General de Solidaridad Internacional Antifascista (SIA), trasladándose a Valencia.

Tras el triunfo de las fuerzas franquistas, hubo de escapar hacia Francia a través de la frontera catalano-francesa. Tras la invasión de Francia por los nazis, Lucía teme ser detenida por la Gestapo –bastaba su aspecto agitanado, moreno y frágil, para llamar la atención del militarismo racista nazi- por lo que decide regresar clandestinamente a España. Se instala en Madrid, pero allí es reconocida, por lo que tiene que huir, ahora a Valencia, donde permanecerá de incógnito durante doce años, hasta que puede legalizar su situación.

Condenada al silencio de la dictadura, no volverá a publicar ningún verso, por más que no renunciase a escribirlos. Fallece, en Valencia, el 2 de junio de 1970. “Fue enterrada como ella quiso, sin flores”, en una humilde tumba sobre la que inscribieron, a modo de epitafio, su verso: “Pero ¿es verdad que la esperanza ha muerto?”.

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