FLORA SANHUEZA REBOLLEDO

Figura, compromiso y vida por la libertad y la solidaridad / 1

Iniciamos hoy una breve biografía de Flora Sanhueza Rebolledo, una mujer ejemplar, luchadora y amable, indomable en sus ideales, enérgica y entregada al amor a la libertad y la justicia, que ello no entendía de otro modo que como emancipación social de todos los oprimidos, en todo lugar y tiempo.

El 11 de septiembre de 1973, un golpe de Estado en Chile, liderado por el general Pinochet, derrocó el gobierno de Salvador Allende e impuso una dictadura militar y neoliberal que durante 17 años cubrió los campos y ciudades de Chile de muerte, sangre y miseria. Desde aquél mismo día, la policía y el ejército triunfante, detuvieron, confinaron, torturaron y mataron a miles de personas, que sólo ansiaban justicia, pan y libertad.

Tres de esas víctimas fueron Flora Sanhueza Rebolledo -detenida, torturada, violada y finalmente fallecida a resulta de las heridas-, su hijo Héctor Palevic y su sobrino, Williams Miller Sanhueza, detenido desaparecido desde el año 1973, el año en que también habían sido apresados su tía y su primo.

Flora Sanhueza Rebolledo, había nacido en España en 1911 en el seno de una familia anarquista vasca, exiliada a raíz del fracaso de la Huelga general revolucionaria de 1917, convocada por socialistas, anarquistas y sindicalistas de la CNT y la UGT.

Tenía la pequeña Flora siete años, cuando la familia embarcó hacia Chile, para establecerse en el caserío norteño de Pisagua, unido por ferrocarril al centro portuario de Iquique, embarcadero principal de los preciados fertilizantes el “guano” y “salitre”.

Diez años antes de la llegada de la familia Sanhueza, en 1907, en Iquique se había producido la masacre de la Escuela de Santa María, cuando el ejército abrió fuego contra una multitud de 8.500 obreros de las salitreras del interior, que protestaban por las durísimas condiciones de trabajo que sufrían, los bajos salarios y las jornadas extenuantes sobre un terreno insalubre y matador. Las víctimas de la matanza fueron incontables, pero se calcula que cerca de 3000 personas perdieron allí la vida. No obstante, la sangrienta represión no logró doblegar el movimiento obrero chileno, que muy pronto se reorganizó, disponiéndose a reanudar la lucha por una vida mejor.

En este ambiente de lucha y coraje, de fuerza sindical y conciencia obrera, comienza a forjarse la personalidad social de la joven Flora, que la llevaría a compartir los ideales de sus padres en la senda del anarquismo y el sindicalismo libertario. Con 24 años, en 1935, decide regresar a España, pues le habían llegado noticias del auge e impulso revolucionario de los trabajadores anarquistas españoles y de la CNT.

Nada más llegar se pone en contacto con sus compañeros, pero a los pocos meses, el 18 de julio de 1936 Franco intenta el golpe de estado contra la República, cuando la joven Flora se encontraba en Barcelona. Durante toda la noche, entre el 18 y el 19, se la pasó recorriendo los distintos locales sindicales de la CNT y ateneos libertarios, participando en las asambleas que iban teniendo lugar y ofreciendo su entusiasmo allí dónde más hiciese falta.

Al amanecer del 19, Flora se incorpora al grupo anarquista liderado por uno de los hermanos Ascaso. Esa misma mañana, participa en los combates con las tropas alojadas en el cuartel de Pedralbes y en Capitanía.

Una vez vencido el fascismo en Barcelona, Flora se incorpora como miliciana a los grupos combatientes que, convencidos por los principales dirigentes obreros anarquistas, como Buenaventura Durruti, acuden a liberar Zaragoza, ocupada por los fascistas. Como miliciana de la Columna Durruti, combate en los frentes de Aragón, Castilla y Madrid, hasta el día en que el gobierno de la República intenta desplazar a las mujeres combatientes para destinarlas como auxiliares en labores de retaguardia y, poco después, ordenar la disolución de las milicias obreras y anarquistas, tratando de incorporarlas al ejército regular. En ese momento, Flora, juntamente con otros muchos de sus compañeros, abandona el frente bélico.

Tras la victoria del franquismo, sabiendo que tanto ella como su marido, miembro de las Brigadas Internacionales, serían asesinados si los apresaban, ambos atravesaron la frontera francesa. Ese paso no significó la libertad que imaginaban, pues la gendarmería francesa los hizo prisioneros, manteniéndolos por tres años en campos de concentración, hasta que en 1942 lograran salir y embarcarse hacia Chile.

(continuará)

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